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El ejército de enanos

Sauron llamó a sus más aventajados discípulos para ver sus avances. Saruman de la Torre Blanca respondió a la llamada de Mordor. Catalina rechazó la llamada del señor del mal. La cólera de Sauron encendió la Tierra Media y su grito de rabia llegó hasta la propia Florencia. Catalina de Medici se estremeció en su palacio, sabiendo que aquel que atormentaba a Frodo estaba por llegar. Y poco tardó en ocurrir el suceso. Las olas del mar se elevaron sobre las murallas y la voz del que todo lo ve se alzó por encima de los gritos de terror:

-Catalina, te ordené que crearas un ejército para mí ¿y qué me ofreces?¿esto? Deberías aprender de Saruman, él ha creado un ejército de poderosos orcos para mí. Pero…. ¿Realmente creías que estos engendros que has intentado fabricar me servirían de algo?
-Son enanos, mi señor, no quería enanos.
-Pero quería enanos de los que viven bajo tierra y comen roca ¡no de estos!
-¿Por qué no? Mira lo graciosos que son… con sus trajes de colores y sus cuerpecitos concentrados. ¡Son tan divertidos y placenteros! Pero no he conseguido muchos, los he juntado, mi señor, pero no se reproducen, sus hijos salen altos y guapos.
-¡Quién me mandaría fiarme de una mujer!- rugió Sauron antes de abandonar Florencia volver a la Mordor.

Y Catalina de Medici se quedó allí, intentando crear un ejército de enanos palaciegos, que le divirtiesen a ella y a su corte florentina.
Pero no fue la única, otras lo intentaron en la misma época, como Electrix de Brandebourg, mujer de Joachim Frédéric. Aunque ninguna de las dos lo consiguió. Es lo curioso de la Historia, que muchas veces supera la ficción. Aunque en este caso, los ejércitos que intentaron crear las dos damas no traerían muerte y destrucción, sino diversión. Pues los enanos fueron usados en las cortes de la Edad Moderna como bufones, provocando risas y admiración por igual.

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