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De cañones, cigarros y Juana la loca

-¿Esto funciona?
-¿Cómo?
-¿Qué si hace pim pam pum y boom?
-Obviamente, no.
-¡Lástima! ¿Por qué no?
-Están de adorno
-Pues esto es msjfasadgffjadmasdasdig`ge
-No le entiendo- me dijo mi compañero en la puerta del trabajo mientras el hombre seguía debatiendo sobre el uso de los cañones que adornan el edificio.
-Yo a veces tampoco me entiendo- dijo sinceramente el borracho con acento extranjero.
-Tú ¿no eres de aquí?
-Soy rumano- sorbió el tetrabrik de vino peleón del Día- pero no me hablo con rumanos porque son todos unos… Mi hermana es casi ministra de sanidad, es médico ats enfermera en un hospital de allí.

Como comprenderán, a estas alturas, ni mi compañero ni yo éramos capaces de aguantar la risa, ni de mantener la compostura. Y él pareció darse cuenta porque, con toda la sobriedad que la embriaguez le permitía, nos miró muy serio y explotó:

-No bebo, bueno, bebo pero por creatividad. Soy creativo. Canto. Juana la loca, Juana la loca, Juana la loca, tu cuerpo me vuelve loca la…. Y se puede cambiar la letra: Amelia, Amelia, Amelia no me acuerdo de que maaaa

Y en ese momento, escuchando las letras cantadas –berreadas- con unas ganas inusitadas, no pude reprimirme y me lancé a reír, despidiéndome camino de casa antes de escuchar la pregunta que llevaba mucho esperando:

-¿Tiene un cigarrito? ¿no? Joe… si de algo hay que morirse de todos modos.

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