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Adios a los Austrias

Carlos III, el Gordo. Emperador Carolingio
Hasta hace unos pocos días yo era pro Austria. Ferviente y fiel seguidor de sus grandes figuras pero, ahora, ya no. Desde este instante, para mí, Felipe II El Prudente, se ha convertido en Felipe II el “Obesofobo”. Maldito snob. Ha destrozado todo mi amor por su familia y aquellos años de esplendor hispano ¡ay! Y que sea justo él, en cuyo imperio no se ponía el sol, ¡con lo grande que es el sol!, gordo y dorado, y él odiandonos. No se podía conformar con atacar a ingleses, franceses y protestante. ¡No!, tenía que venir por nosotros. Pues sepan ustedes que, desde hoy, me considero seguidor de Carlos III, el Gordo, y también de Eduardo VIII y sus kilitos de más, pero ya no sigo a Felipe II. No después de haber leído, en el futuro libro de una amiga, que Felipe odiaba a los gordos, que los consideraba monstruos, que los usaba para reírse de ellos. Así que se acabó, desde hoy ya no soy de los Austrias, sino de los reyes godos… y de los gordos.

Luego dirán que los españoles odiamos nuestra historia pero ¿cómo no lo vamos a hacer si nuestros reyes no querían a los gordos? Con lo simpaticos, buenos y agradables que somos.

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