Fruela II, el Leproso

Fruela II tuvo un reinado corto. Muy corto. Tan sólo un año se tituló rey de León, desde la muerte de su hermano Ordoño hasta la suya propia en el 925. Ocupó el trono pese a que Ordoño había dejado descendencia, quizá gracias al pacifico reinado mantenido en Asturias, reino que gobernaba desde el 910.

Sin embargo el breve reinado de Fruela será importante porque bajo su corona se reunifica el antiguo reino Astur-leonés divido por su padre, pero incorporando las nuevas tierras conquistadas por sus hermanos. Potenció, además, el papel de la Iglesia, fortaleciendo Santiago de Compostela y apoyándose en los obispos para consolidar su reinado. No realizó, sin embargo, campaña alguna, algo que no debe extrañar pues en los 15 años que gobernó Asturias no realizó ninguna expedición militar. Si envío tropas a Navarra cuando, en el 924, las tropas musulmanas amenazaron Pamplona.

Quizá de no haberse encontrado enfermo de lepra, Fruela hubiera sido un importante rey leones. Si bien es cierto que bajo su corona se cierra el círculo de fortalecimiento del reino: Gracia potenció las instituciones y, junto a su padre Alfonso III, sustentó las bases de una corona hereditaria, a la vez que consolido la repoblación del Desierto del Duero, creando una potente red defensiva. Ordoño, por su parte, extendió los territorios y sometió a los vecinos musulmanes. Y Fruela consolidó el poder eclesiástico, potenciando la Iglesia –a la que donaría tierras- y logrando el apoyo de los obispos a su reinado.

Pero la enfermedad trucó su gobierno, y en agosto de 925 falleció dejando el trono en manos de su hijo Alfonso Froilaz.

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