Renuncio a El Asedio

Renuncio. Hace años que no lo hago, pero hoy, renuncio. El Asedio de Pérez-Reverte es un pestiño de 700 páginas. Infumable. Y que me perdonen sus incondicionales, pero a este libro le sobran páginas por doquier. O personajes. Quizá sea eso, que haya querido tejer una red de personajes que atrapen al lector hasta el final y, al final, solo ha conseguido liar la madeja sin saber dónde cortar. Yo he cortado en la página 245. Aquí digo basta. La historia no avanza. Se detiene lentamente en miles de palabras para definir una sola idea. Vueltas y revueltas como si la novela se vendiera al peso de las páginas. Personajes usados como piezas de un ajedrez eterno que no avanza.

245 páginas llevaba cuando me he dado por vencido y en esas páginas tan solo se han presentado los personajes, y ni siquiera con profundidad. Sobran personas, sobras líneas argumentales. Al final no sabes si estás ante un corsario, un salinero o un policía corrupto. Personalmente hubiera cortado alguna de esas líneas, me hubiera centrado en el policía para avanzar en el desarrollo de la historia policiaca que se esconde en el Cádiz sitiado. Pero Reverte ha querido mostrar todo el Cádiz de la época. Cada uno de los extractos sociales, cada rincón de la ciudad, cada sentimiento enemigo. Tantos datos, vinculados a un lenguaje extremadamente culto (léase pedante) que no es acorde ni al XIX ni al XXI, convierte la partida en una eterna siesta ante sus páginas.

Y, realmente, lo siento, pues la historia prometía ser buena, el autor había demostrado en otras obras de tinte histórico que no lo hace del todo mal. Pero aquí nada es lo que parece y El Asedio se convierte en tedio.

Comentarios

Alejandra Flores ha dicho que…
Yo me rendí con La tabla de Flandes, y aún tengo el capitán Alatriste sin meterle mano.... Prefiero a Matilde Asensi que acaba de sacar un libro ahora que con finales fantásticos logra engancharte a la historia...
Cathan Dursselev ha dicho que…
Los de Alatriste se dejan leer. Tal vez porque es aventura sin más. No se mete en profundidades históricas ni quiere ejercer de maestro de ceremonias en esta visita al Cádiz del 12.

Y hay otra cosa: cambia el estilo de capítulo a capítulo, como si hubiera partes escrita por otros.

Busca el Historia del Rey Transparente, de Rosa Montero, también con tintes fantásticos y un final soprendente.
Eduardo Flores ha dicho que…
Sr. Cathan y hermana,

Lo del prolíficamente histórico del momento resulta algo cuando menos extraño. Sinceramente, Las aventuras del capitán Alatriste en todas sus entregas marcan una distancia con el resto de su obra que, salvando quizá Cabo Trafalgar y Un día de cólera, de asombroso parecido a los tomos galdosianos de los Episodios Nacionales, al lector que tiene el sentido de la crítica mínimamente despierto, deja en la cuestión de por qué el ex-reportero de guerras es capaz de crear historias brillantes a vender ambiciosos coñazos sin sentido.
Cathan Dursselev ha dicho que…
He llegado a pensar que, a parte de la maquina de marketing que tiene este hombre, también tiene algun negro.

No es normal lo que cambia de un libro a otro. Y en este los cambios de estilo son de un capítulo a otro.

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