La Búsqueda XXVIII

Los disparos resonaron en el rellano. Echevarri continuó subiendo la escalera, impasible a la situación. Parecía un demonio con el rostro bañado en sangre. Volvió a disparar y el cuerpo rodó hasta sus pies, escalón a escalón. Se apartó, dejando pasar el cadáver de la anciana. Él la había matado y en su huída mortuoria estuvo a punto de arrastrarlo con ella. “Quizás sea lo mejor”, pensó, “la muerte me ronda desde hace demasiado. Y ahora soy yo quién la provoca”. Volvió a disparar.

Un paso, un escalón, un disparo. El silencio.

El rellano está tintado de rojo sangre. Echevarri apunta con su arma antes de doblar el recodo. El rostro asustado de un niño detiene el dedo asesino en el gatillo, en el preciso instante que rompe el llanto inconsolado.

-Corre- grita Echeva- sal de aquí… ¡YA!

El niño corre escaleras abajo y el viejo policía continúa su lento avance. Observa las puertas cerradas, buscando el origen de los disparos recibidos. Nada. La casa se ha sumido en el silencio. Se acerca a cada una de las puertas. Desde el interior de ellas se escuchan lamentos y gritos de pánico.

-¡Policía!- grita Echevarri, como si la sola palabra pudiera terminar con el mal -¡No salgan de sus casas! ¡Que nadie salga de su vivienda!

El silbante proyectil pasó sobre su cabeza al llegar a la última puerta. Se giró, disparando sobre la nada. Corrió por el pasillo, hacia la escalera, pues ninguna puerta se había abierto. Se lanzó al suelo, apostando por el piso superior. Disparó. La bala chocó contra hueso. Gritó rodando hacia la pared. Notó la sangre caliente fluir en el antebrazo izquierdo. ¡Puta!, exclamó. Asomó el arma por la esquina de la escalera y volvió a disparar. El ruido de las sirenas fue acrecentándose en la calle. Volvió a disparar.

-¡Están llegando los refuerzos, Errante!- No tienes escapatoria.
-Siempre hay una salida- la voz sonó gutural, antinatural. Un escalofrío recorrió la espalda del policía- Aunque sea la muerte.
-Esa salida te la abriré yo- juró Echevarri- Acabaré con tu maldad.
Se levantó, disparó el arma y comenzó a subir las escaleras.

Un paso, un escalón, un disparo. El silencio.

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