Julio

Vaya por Dios. Es julio. Otra vez. Un año más y van muchos. Me gusta julio, huele a verano: amigos, playa, barbacoas, playa, amigos. Pero este año incorpora trabajo. No importa. Soy de esos raros seres a los que le gusta lo que hacen. Tanto que no lo considero un trabajo. Es casi un hobby: estar rodeado de libros, leerlos en ocasiones, abrir aquellos que son nuevos, airear los viejos.

Pero desde hace un par de años el verano trae algo más. Trae series de temporada como Leverage, esos ladrones buenos con un toque a Misión Imposible (la serie) que me tiene enganchado por las noches, sentado en el porche de casa, viéndolo a la luz de las estrellas y al arrullo de las olas del mar rompiendo contra la orilla.

Ese es otro de los placeres del verano. Sentarme a cenar casi a oscuras, escuchando esas olas romper en la lejanía. Esperar en la playa hasta que el sol se oculta en el horizonte. Eso es verano. El verano de Roche, en Roche. Eso también es verano. Verano de amigos, de abrazos y reencuentros, de ¿cómo te ha ido el año? ¿hasta cuándo te quedas?. Eso es verano.

Ya es verano. Disfrútenlo. Yo lo haré. Pero en mi verano, este blog seguirá abierto por vacaciones.

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