Encuentros esperados

La vida es un sinuoso camino que te conduce por lugares exóticos y crea extraños compañeros de viaje. Amigos que se convierten en inseparables hasta que, detrás de un recodo, los pierdes de vista y no vuelves a saber de ellos. A veces, desde la lejanía, intuyes la silueta de un caminante y rezas para que todo le vaya bien, mientras hablas a tu nuevo compañero de quién era y qué hizo aquel que camina separado, solo o con otros.

Pero en ese camino, donde los acompañantes caen al ritmo de los pasos, siempre hay personas que se mantiene inalterables. Espíritus guías que, no siempre, patean la tierra del camino a tu lado. Amigos cercanos, casi familia, que hablan a gritos en tus oídos para ayudarte en el sendero elegido, que describen lo que ven, que recuerdan lo olvidado.

Y, en ocasiones muy especiales, esos espíritus guías, amigos casi familia, se reúnen en un cruce común. Y cuando sabes que eso está a punto de ocurrir, corres por el camino sin importar el polvo, el barro, los charcos o las piedras. Simplemente corres, contando las horas y minutos que quedan para encontrarte con ellos. Para buscar los huecos de los que faltan pues, como los caminantes que pasean a tu lado, también estos guías pueden desaparecer de tu vida. Pero también corres para descubrir nuevos rostros. Y, sobre todo, corres contando las horas y minutos que quedan para convertir en físico los besos y abrazos lanzados al aire lejano de aquellos que están más apartados.

Este sábado será un día de encuentro de viejos espíritus, cinco días, 120 horas, 7200 minutos. Relojes que corren marcha atrás ansiosos de terminar en el abrazo al amigo, casi familia, que está a punto de volver.

Ya queda poco, Bea.

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