En la boca del Infierno

Fat fue el último en llegar a la Puerta del Infierno, sus hombres esperaban sentados, riendo a mandíbula batiente cada broma lanzada sobre Borought y la dureza de su cabeza. Mamonuth rasgaba un pequeño ukele cantando canciones con doble sentido sobre la testa del pirata rubio. Mutambo estaba acariciando su cabello, allí donde la bomba de plomo debía haberle abierto en canal, y había terminado partida en dos.

Marco Antonio maniobró la chalupa del capitán para encarar la boca de la cueva, ayudando a la Rubia y a Vasques a desembarcar cuando aseguró las amarras.

-¿Y yo qué?- preguntó el Capitán Fat abriendo los brazos y observando la distancia que le separaba de la costa.

Japi y lord Corba se acercaron a ayudarle, extendiendo las manos para sustentar el pequeño saltó, no más de un paso, necesario para llegar a la costa. Las risas atronaron cuando el capitán cayó de culo al agua, lanzando agua a gran altura en su caída.

-¡ME CAGO EN SEVILLA Y EN TO’ LO QUE SE MENEA!- gritó Fat-¿Cómo puedes resbalar por el sudor?¡Acabas de salir del agua!
-Acabó de nadar desde la cañonera, esquivando las balas y cargando con nuestros enemigos y Borought… ¿cómo no voy a sudar?

Muy cierto, pensó Fat. Era imposible que Japi no sudase, siempre lo hacía. Era un problema que provocaba que no pocas armas se resbalaran de sus manos. No importaba su fuerza descomunal suplía su sudoración.

-Bien chicos- dijo Fat escurriéndose la casaca- Esta es la puerta del infierno. Desde aquí podremos acceder a la Perro Caliente.
-¡oh!, my amigo –interrumpió sir Charles, impaciente por entrar en la cueva –por fin we vamos to Hot Dog.
-Sí, sí, la perro caliente- Fat estaba cada vez más enojado- Vamos a entrar ahí y vamos a acabar con el Capitán Serin.
-ouuu… The Canario Capitan- sir Charles palmeó- a ese le tengo ganas.
-Y yo,- gritaron casi todos los hombres.
-¡ME QUEREIS DEJAR HABLAR!
-Dejad al Capitán hablar- Vasques consiguió que los hombres callasen.
-Si, todos odiamos a Serin. Se ha rodeado de hombres guapos, jóvenes y atléticos y no ha perdido una batalla en años. Nosotros- dijo pasando la mirada por sus hombres- somos todo lo contrario. Pero somos mucho más que ellos. Nosotros somos familia. Luchamos hombro a hombro para salvar la vida de nuestros compañeros y, si se puede, la propia. Ellos –señaló a lo alto- luchan por dinero y sólo eso les mantiene unidos. ¡Con nosotros no aguantarían ni dos días!
-¡Como que no repartes lo botines!- se quejó el Nutria.
-No aguantarían-prosiguió Fat ignorándolo- porque nosotros seremos bajos, gordos y feos. Y, además, llevamos mujeres abordo y ya se sabe que estás traen mal fario a los navíos. Nada de eso importa. Somos mejores. Estamos capitaneados por el más temido de todos los piratas de las Antillas, el más sabio e inteligente, el más simpático, agradable y guapo.
-¡Y humilde!- dijo la Rubia.
-Pero él- el capitán hablaba de sí mismo en tercera persona, creyéndose un dios- no sería nada sin vosotros. Lo habéis demostrado hoy. ¿Dónde estaba el capitán? En el barco, observando como vosotros os jugabais la vida. Protegido tras las faldas de Vasques y al cuidado de Marco Antonio. ¡Él no sería nada sin vosotros!
-Muy cierto –dijo D’Orange- quizá haya llegado el momento de cortarle la cabeza.
-¡Te quieres ir al carajo!
-No –gritó Nutria- esta ver iré a la cueva…

Y comenzó a andar hacia la boca del infierno mientras todos los hombres se miraban recelosos.

-Buen discurso, Fat- le dijo Borough apoyándose en su hombro- has dado razones suficientes para que te derroquen antes de coronarte.

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