Carnaval de julio

Este fin de semana es Carnaval. Sí, es julio. No importa. Cádiz es Carnaval, alegría y diversión. No importa que seamos la ciudad con más paro de España. No importa que los jóvenes tengan que irse fuera. No importa que Navantia esté en horas bajas. No importa que las grandes infraestructuras no vayan a llegar a realizarse (véase el Puente de la Pepa, que finalmente acabará convertido en Las columnas de Hércules). No importa que la última oportunidad de esta ciudad que era el bicentenario se nos esté yendo por el retrete. Nada importa. Hay carnaval. Qué bonita mi ciudad. Carrusel de coros al calorcito del verano. Tapa bocas bajo letrillas que exaltan a Cádiz. Tacita de plata sucia cuyos bordes comienzan a desquebrajarse. Nos hundimos. No importa, hay chirigotas en la calle.

Luego saldrán las coplas, los ataques a quienes rematan Cádiz: los políticos, por supuesto. Nadie se mira el ombligo, echemos papelillos fuera. Es más fácil acusar al que dirige que al que tiene el poder real. En una democracia es el ciudadano el que manda. Es él quién puede salir a la calle y quejarse. No nos quejamos, ¿para lo que sirve?, es mejor apoyar el codo en la barra del chiringuito y buscar trabajo cuando termine el verano, que ahora hace calor y, además, hay carnaval.

Así nos va. El culo de Europa. La ciudad más deprimente del planeta. Tan deprimente que nos creemos que con la gracia de Cádiz podemos ponernos el mundo por montera. España cañí, de charanga y pandereta, de chirigota y pito de caña. Pan y circo. Carnaval y playa. Así nos va.

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