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Ocurrió en el dos

Llevaba tiempo sin montarme en el dos, por eso del buen tiempo y los paseos hasta el trabajo. Pero ayer, cansado que estaba, lo cogí para volver a casa a comer. Y, como suele ocurrir a esa hora,  iba lleno de madres con sus retoños recogidos de las guarderías. Dos de ellas, jóvenes aunque no excesivamente, dejaron los carritos a cargo de una señora para ir a pagar el billete ordinario. La señora miraba a los niños, con cara de abuela pero sin serlo. Y, orgullosa de sus nietos reales, comenzó a describir los valores de su familia.

-Tengo dos niños, sabéis- dijo a todos los presentes- el mayor es abogado y trabaja en Madrid en un bufete especializado en casos de conflictos astronómicos. Se ha casado con una niña pija de esas de osea y misa diaria. Demasiado buena, cuatro niños tienen ya, todos guapísimos. Ahora vendrán otra vez, como todos los veranos. Se alquilan un piso y se vienen a la playa. Y el otro es, bueno, es de aquí. Vive en casa, con la novia y dos niñas. Y ahora a la niña mayor le ha salido del chichi tener un perro. Y ¡ea!, me paso el día enseñando al perrito a que no se mee en las colchas o en la ropa que coso, que coso para la calle, sabéis. Hasta el moño de tanta guerra ya. ¡Qué niños más monos! Los de Madrid son muy guapos, las de éste son un poco más como la madre. Y ayer, ¡AYER! coge y me dice Conchi, que estoy esperando el tercero. Y es que me salió de dentro un grito. No me digas eso, mujer, otra más, que alegría…. A ver dónde la metemos, pero muchacha, después de este, te coses el coño.

Literalmente mi carcajada fue digna de pasar a las crónicas del dos.

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