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A las puertas del Infierno

El capitán Fat pareció transformarse sobre el puente. Los hombres miraban silenciosos como comenzaba a dar órdenes, con el piloto Marco Antonio a su diestra y la feroz Vasques a su siniestra.

-¡Rubia! Esparce serrín por la cubierta- ordenó.
-Ni que fuera una esclava- exclamó la esclava Rubia, mientras la antigua prostituta repartía piña colada entre la tropa, eufórica ante la batalla que estaba por comenzar- ¡soy una más entre vosotros! No confundáis los cuidados que os reparto con sumisión. Pues no es esclava la madre....
-Ninguna madre querría que sus hijos resbalaran en una cubierta ensangrentada y murieran tontamente- lady Chodna la acercó un cubo con serrín mientras ella misma comenzaba la tarea.
-¡Borough!¡Japi!¡Mamonuth! Iréis juntos. ¡Lord Corba, sir Charles y messieurs D'Orange en otra!
-¿Porqué tengo que ir con los caballeros y no con la chusma?- preguntó lord Corba señalando a Japi y Mamonuth -¿Acaso esperáis que se hunda nuestra embarcación?
-No caerá esa breva -dijo el Nutria volviendo del carajo para embarcarse en una tercera chalupa junto a la terrible Mutambo y lady Chodna.
-Pues sabed que yo no soy un perro burgués -continuó Corba- Soy un hombre del pueblo... Miguel, la escala para bajar al bote -ordenó a su criado.


Otros hombres comenzaron a embarcarse en sus navíos mientras Fat saltaba pesadamente sobre la cubierta para dar instrucciones, seguido de Vasques y su piña alcohólica. A la sombra del mástil mayor un espectro saludo quedamente. Sumido en la oscuridad su blanquecina piel parecía fantasmagórica. Los hombres evitaban pasar a su lado, corriéndose la voz de que aquel ser de modales exquisitos y silencios eternos había visitado al propio Lucifer antes de volver de entre los muertos buscando un rayo de sol que le aportase calor y color. Fat le saludó con la cabeza y continuó su camino hasta los artilleros.

Contrató a los dos hermanos hacia cinco años en el puerto de Santo Domingo. Habían huido de Haití y habían encontrado una pequeña playa en la que habitar, rodeados de sol, palmeras y mujeres. Pero La Marabunta había terminado por hechizarlos y, pese a sus problemas idiomáticos, habían decidido enrolarse.

-Almigante Taf ¿dónde debemos apuntag? -dijo Lucas.
-Al bagco hegmano- dijo Nicolás.
-¿A cual?
-Creo que esa cañonera de estribor no sería mala cosa -repuso Fat
-Almigante, ¿qué canionega de extibog?
-¡ESA!- gritó exasperado- ¿recuerdame porque contratamos a estos dos? No les entiendo y, para colmo, Lucas esta chocheando ya... ¡bah! ¡A la guaga! Digo ¡Guega!, GUERRA
-¿QUÉ? -preguntó Mamonuth entre las risas de todos.
-Estos pirates are crazy
-Yeah my lord- dijo Borough sonriente antes comenzaba a remar hacía los enemigos abriendo la marcha de pequeñas chalupas.

Fat se acodó en la borda observando como sus hombres navegaban felices y algo borrachos hacia las cañoneras, en las que comenzaba a verse cierto movimiento. El Fantasma avanzó quedamente hasta la borda para lanzarse a la chalupa de los vizcaínos Nunca había entendido porque su cabecilla, además de tener la manía de incendiar barcos de pesca en el muelle, se negaba a usar su bandera. Fat sabía que la hormiga roja sobre fondo verde escarlata no imponía mucho respeto, pero aquellas líneas rojas y blancas cruzándose entre sí tampoco decían mucho. Pese a todo, había descubierto que el navío vizcaíno que, libremente se había federado a los hombres de La Marabunta dejando clara su total independencia respecto a Fat y a la corona que aspiraba a llevar, causaba un enorme terror entre sus enemigos. Y eso le agradaba a todos. Además de que Bilbo, como todos llamaban a su cabecilla, era una grata compañía en las pacificas noches de navegación o en las ruidosas juergas portuarias.

-Lucas, Nicolás... -llamó Fat- ¡Fuego!


La explosión resonó en el barco, llenando de humo la cubierta mientras el agua caía sobre ellos. Las risas se extendieron por la cubierta.

-¡MAMONAS, ALLÍ NO! -gritó Marco Antonio mientras la pequeña fusta amarrada a La Marabunta se hundía -¡Acaba de comprarla en Posmuth e iba a venderla en Puerto Príncipe!...
-¿Que entendéis por estribor?
-No entiendo que tu decigme, Almigante Taf.
-LO MATO – Vasques intentaba contener la ira del italiano mientras su flamante embarcación de rojo y brillante casco comenzaba a arrastrarlos.
-¡Cortad las amarras!- dijo la ex puta mientras los hombres en las chalupas dejaban de remar -¡Seguid, seguid!- les gritó.

Fat se sentó en el suelo, mirando a los dos hermanos mientras Nicolas se acercaba para ofrecerle un poco de pescado.

-Ha caído sobge la cubiegta, capitán. Ha tenido una lagga vida.
-Es un puto chanquete...- dijo Fat llorando -¡Por qué no habéis disparado donde os dije!
-Almigante Taf, dispagué donde me dijgó.


-¡POR DIOS!
-¡Por ti!- respondieron todos.

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