La Odisea de los Coen

El otro día topé por casualidad en la televisión con una de esas películas que jamás me cansare de ver: O Brother!, en la que los Coen recrean una suerte de Odisea sureña con un Ulises transmutado en George Clooney. Un Ulises caradura, inteligente, mentiroso y cargado de ironía. Una Penelope que le abandona y lo “mata” ante la familia. Unos compañeros de viaje que provocan ternura y lástima: Turturro, como siempre, genial. Este hombre engrandece cualquier papel que recaiga sobre él dando credibilidad a los personajes. Y junto a ellos dos, Blake Nelson al que descubrí como acompañante de Ulysses Everett McGill (Clooney) y que me obliga continuamente a reír con sus ocurrencias -magnifico su convencimiento de que Pete es convertido en sapo por las sirenas-

Ese es el éxito de esta película, cargar de humor una historia profunda. Los Coen reviven el mito de la Odisea, lo modernizan sin negar su origen, así podemos observar el encuentro con las sirenas o el minotauro (convertido en vendedor de biblias y reencarnado en John Goodman), los cuatro días para salir de la isla, convertida en cárcel, para conseguir la salvación –si bien en la Odisea renunciando a la vida eterna, aquí Pete (Turturro) renuncia a la libertad al escapar junto a Everett-, o la cena final en la que Ulises busca a los enemigos de su padre, que aquí se convierten en políticos que pueden  darle el perdón, para librarse de su venganza.

Y todo ello aderezado con sur. El sur del blues, representado en Tommy Johnson (alter ego del fabuloso Robert Johnson). El sur del KKK, del que los Coen se ríen y critican por igual en esta mordaz e inteligentísima comedia, en la que los dos hermanos demuestran como las buenas historias no necesitan ser aburridas para contar grandes verdades o realizar profundas criticas. “Algún día todos estaremos conectados por la red” dice Everett agarrado a un ataúd mientras flota sobre las aguas. Un final digno de una película como ésta: desarrollada en 1937 en Mississipi, con esa simple frase nos trae al presente. Se critica la sociedad hipócrita de la época de la gran depresión pero ¿acaso la nuestra es diferente? Se critican a los políticos ¿hay que decir algo sobre esto?

Y, como siempre, en los Coen, personajes inicialmente absurdos se convierten en reales, creíbles y cercanos. Que te enganchan a la película y te impiden alejarte. Pero, además, en esta ocasión su magnífica banda sonora te hará mover los pies irremediablemente.

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