La fábula del burro borracho

El burrito estaba pastando junto a la cerca cuando una joven se acercó. “¡Oh”-pensó el burrito- “esta jovencita seguro que me trae comida”. Y así fue, la joven le mostró una hogaza de pan y el burrito se la comió rebuznando de felicidad. La chica volvió a la tarde siguiente, y el burrito corrió a la cerca rebuznando alegre y así durante varios días más. Pero un día, el dueño del burro, vio a la chica darle de comer y, con voz grave, gritó:

-No le des de comer al burro.
Pese a todo, la chica iba cada día y le daba su hogaza de pan. Y el burrito se ponía muy feliz. Y el hombre cada día se volvía a enfadar y reñía a la chica. Ocurrió que en esos días llegó a la zona un grupo de titiriteros y feriantes y el dueño del burrito decidió encerrarlo en una cuadra, junto a unos toneles de vino y agua. Antes de irse abrió un tonel y lleno las botas de vino, para béberselo en casa. La chica, asustada al ver que no estaba el burrito, se armó de valor y llamó a la puerta de la casa:

-Señor, señor –dijo con voz inocente- el burrito no está. No le habrá pasado nada malo.
-No- dijo el hombre borracho-. Pero como vienen esos feriantes he decidido encerrarlo para que no le emborrachen ni le hagan daño.
-¿Por qué iban a hacer eso, señor?
-El año pasado lo hicieron. Y ese burro es mi sustento. Con el trabajo y cargo las mercancías. Lo necesito para vivir.
-¿Por eso se enfada cuando le doy pan?
-Si-dijo sabiendo que en la afirmación se escondía una mentira. No deseaba que le diese pan por que el burro era suyo y solo él debía decidir qué hacer con él.
-¿Puedo verlo?
-Por supuesto que no- casi escupió el hombre antes de echarla de su casa.

El hombre no se preocupó por el burro hasta que, tres días después, acudió a buscarlo para ir por leña. Fue entonces cuando descubrió que el animal no estaba y comenzó a llamarlo. En su búsqueda se encontró con uno de los feriantes y le preguntó muy serio si había visto a su burro.

-Puede que sí. ¿Cómo era su burro?
-Un burro. Gris.
-¿Estaba borracho?
-¿Porqué iba a estar borracho mi burro?
-Entonces no lo he visto.

El hombre se quedó pensando y cayó en la cuenta de que el burrito había estado atado junto a un tonel de vino. Corrió a su casa, entró en la cuadra y se maldijo por su mala suerte. Decidió entonces buscar al feriante que había visto al burro borracho.

-Perdone- le dijo-, ¿ha visto a un burro borracho?
-Sí- respondió.
-Y sabe dónde está.
-Pues lo tenía en casa, porque la carne de burro está dura pero sabrosa. Entonces llegó una cría y me dijo que si podía darle un poco de pan. Le pregunté qué por qué no podría y me contestó que al anterior dueño del burrito no le gustaba porque además de pan le habían dado cerveza. Le contesté que hay había bebido suficiente cerveza y que así estaría más jugoso, pero que si quería darle pan, se lo diera. Y la cría se lo dio.
-Es mi burro, quiero que me lo devuelvas.
-Ya no lo tengo. Me lo comí.

El hombre se echó a llorar porque era cierto que el burro era su sustento. Lo había tenido y ahora el feriante se lo había comido. No sabía qué hacer, solo era capaz de gimotear. Entonces notó una mano sobre su hombro.

-Si me hubieras dejado darle pan, ahora tendrías a tu burro- dijo la joven-. Pero como has sido tan egoísta ahora no tienes nada.
-Si el burro no hubiera bebido ahora estaría vivo- dijo el hombre- cuánta razón tienes. El alcohol es el causante de todo. Ese vino era para mí y, como yo también estaba borracho, no me di cuenta que el tonel estaba abierto. Si hubiera estado sobrio.
-Si hubieras estado sobrio-dijo el titiritero- te habrías dado cuenta de que llegaba, te habrías enfrentado a mí, te habría matado y me había llevado al burro para comérmelo. Dale gracias a que estabas borracho. El alcohol te salvó la vida.

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