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La busqueda (XXIV)

Jarque y Echevarri salieron de la habitación de Eva para sentarse en una de las salas de espera. Esparcieron las fotos por la mesa, buscando cualquier resquicio que pudiera darles una pista sobre lo ocurrido en el contenedor. Hasta ese momento, pese a desconocerse el autor del crimen, la policía había tenido claro que era la acción de un loco. Desde las revelaciones de Eva, Jarque y Echevarri sabían quién era ese loco y las motivaciones que le habían llevado a actuar así. El despecho y el amor incestuoso entre dos hermanos había desatado la violencia. La bienhallada había sido la victima y Errante el verdugo. Y estaba allí, mirando sonriente con un mono de estibador del puerto de Cádiz. Escondido en un rincón de las fotos, con otros hombres. Sólo en una salía en primer plano, en aquella en la que un miembro de la cientifica estaba hablando con él.

Echevarri buscó entre los informes y encontró la entrevista. Errante había sido quién abriese la puerta. Lleva mes y medio trabajando en el puerto y dos días después desapareció. Había trabajado bajo el nombre de Juan Carlos María y su cuerpo calcinado fue encontrado seis meses después en las Canteras de Puerto Real. Los dos policías comprendieron que aquel desgraciado encontrado muerto no era más que otra muesca en la sangrienta carrera de Errante.

-El hijo de puta estuvo siempre allí.
-Eso explica como la Bienhallada desapareció del hospital-dijo Echevarri- Su cadáver nunca llegó al tanatorio pero nadie lo reclamó. Se abrió una investigación pero sólo se llegó a la conclusión de que lo habían quemado por equivocación en una incineración múltiple de una familia accidentada.
-¿Cómo se puede quemar un cuerpo por equivocación?
-¿Cómo dices a los medios de comunicación que has perdido un muerto?- Echevarri pasó un montón de viejos recortes de periódicos a Jarque-. La noticia fue portada durante mucho tiempo. La macabra carga del contenedor no podía ocultarse. ¿De verdad no te acuerdas del caso?
-En esos años sólo me dedicaba a estudiar, jugar al wow y pasar los ratos libres con mi novia. No tenía tiempo para las noticias- dijo Jarque a modo de disculpa.


Los dos hombres se enfrascaron de nuevo en la noticia, con el silencio ocupando los vacíos dejados por las paginas al cambiarse de una mano a otra. Fueron apartando aquellas fotos donde aparecía Errante, el compañero de Jarque o alguna de las chicas muerta. Poco a poco fueron cribando, también, las declaraciones del supuesto Juan Carlos María hasta dejar solo aquellas que le interesaban. Ninguna de las entrevistas que le realizaron aportaba nada a la nueva investigación, y al final el montón de papeles sobre él se redujo al informe sobre la apertura de la puerta.

“Miguel García Peña, agente de la policía portuaria, fue el primero en llegar hasta el contenedor. El olor era insoportable a su alrededor y tomó la decisión de abrirlo. Llamó a los estibadores y acudió Juan Carlos María, ecuatoriano, que abrió el candad usando unas tenazas. Los dos hombres entraron a la vez en el contenedor. Miguel García asegura que se vio obligado a salir para vomitar ante lo encontrado dejando solo a Juan Carlos María dos minutos, tres a lo máximo. Asegura que las chicas parecían estar muertas. Una de ellas [EVA] respiraba e intentaba decir algo, pero fue imposible escucharlo. La segunda de ellas, según Miguel García rezaba pidiendo ayuda a su hermano. Juan Carlos María dice no recordar ese lamento, pero sí que la tercera de las chicas tenía una cruz gamada tatuada en el pecho. Todas las mujeres estaban desnudas y encadenadas al contenedor. Eran alimentadas por una sonda y el hedor hacia imposible permanecer en el interior.

Miguel García comenta que la chica viva [EVA] miraba aterrorizada a Juan Carlos María.
Juan Carlos María acaba de llegar a España con un contrato de intercambio con el puerto salvadoreño de Acajutla.

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