Gritos prehistóricos

Era julio de 1997, hace unos añitos ya, pero lo recuerdo como si fuese ayer. Acaba de terminar los exámenes de segundo y estaba en Roche, tranquilamente, preparando la barbacoa para comer cuándo una llamada de Lacueva me sacó del paraíso.

-Han salido las notas de Prehistoria II
-ah ¿y qué has sacado?
-Hemos suspendido
-¿Hemos?
-Sí, los dos. Tú con un 4’9. Deberías reclamar. Yo lo voy a hacer.

Y siguiendo su consejo, lo hice. Acudí al despacho de Ruiz Mata, cohabitado en aquel tiempo por Ruiz Gil. Y entré en él dispuesto a saber que había ocurrido. Y me lo relató sin problemas:

-Tu examen está para un 4’9 –dijo mientras yo me preguntaba como narices puede estar para un 4’9 y no para un 5 o un simple 4.
-¿Y el trabajo?- pregunté en un momento de lucidez pues había sido el primero en entregarlo siguiendo los criterios que él me había dado.
-Tu trabajo está fatal, de hecho lo he usado para explicarle a tus compañeros como no debe hacerse.
-Lo hice cómo usted me dijo, es más, viene a hablar con usted –sí, mi educación privada siempre me ha llevado a tratar a los profesores con respeto- y usted me dijo que lo hiciese así. Lo hice, se lo traje, lo miró y me dijo que estaba bien. Y, de todas formas, por muy mal que esté, al menos el esfuerzo y no haber cometido faltas ortográficas al poner mi nombre ya debería valerme un décima ¿no cree? Aparte, que no creo ético por parte un profesor enseñar el trabajo de un alumno a sus compañeros. De hecho creo que algo hay en la normativa que lo prohíbe –me tiré a la piscina buscando la forma de aprobar una asignatura que no debía suspender.
-Espera –dijo en ese momento-, es que no te he contado la nota. No, no. Sí lo he hecho. Te he puesto un cero.
-¿Sabe usted? me parece vergonzosa su actuación respecto a mí. Comienzo a pensar que hay algo personal detrás de todo, y no lo comprendo.
-No hay nada. Simplemente eres un negado.
-Y a somos dos, pero ese no es el punto que estamos tratando.
-¿Me estás insultando? –gritó más que preguntó
-Me ha suspendido con un 4’9 y se ha dedicado a avergonzarme delante de mis compañeros- grité –puede que yo sea un pésimo estudiante de prehistoria, pero usted es un pésimo profesor que solo está dando clases por ser amigo de alguien.
-¡Se acabó!-gritó- nos veremos los próximos años, tal vez algún día apruebes.
-Es usted un hijo de puta- le respondí al grito- y no, no nos veremos en los próximos años. Nos veremos en decanato porque pienso elevar una queja formal en este mismo instante.

Dos días después salieron las actas, sin darme tiempo siquiera a presentar la queja. Mi nota había cambiado. De un 4’9 había subido a un 7’3 y del suspenso había pasado al notable. La razón: me había puesto un 2’4 (sobre 2’5) en el trabajo.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Corona o Reino de Aragón

Nihil cognitum quin praevolitum

Héroes gaditanos: Diego Fernández de Herrera