La taberna del Gato Persa

El Capitán Fat se secó el sudor de la frente con la manga antes de mirar a sus hombres. Estaban casi todos sus ellos. Faltaban algunos y mientras no estuvieran todos no quería comenzar.

-Bueno- dijo Marco Antonio- hablemos de cosas importantes.
-¡Alcohol!- gritó Borough.
-¡Mujeres!- respondió el Nutria.
-¿Dónde?- preguntó Borough
-Que más te da -terció Mamonunth -tienes menos éxito que éste.
-¡EH!- dijo el capitán cuando el músico le señaló.
-Creo que Marco Antonio se refiere al botín- la Rubia rellenó las copas de los presentes mientras asentía a las palabras de Mutambo.
-No podemos -dijo con rotundidad Vasques- Aún faltan lord Corba y lady Chodna.
-Ya sólo ese loco hispalense y el francofilipino – la voz aterciopelada cruzó la estancia desde la puerta abierta. El hombre vestía una rica casaca azul bordada con hilo de oro, altas botas de cuero negro y un ancho cinturón adornado con una hebilla de plata labrada. El pelo rubio le caía por la espalda y contrastaba con la negra melena de su acompañante, que vestía al estilo de las europeas, con un ajustado corpiño que daba forma a su busto, iluminando un traje de seda azul mar.
-Estamos aquí- el hispalense, Rey, portaba una cabra sobre sus hombros, que dejó caer junto a la barra.
-Tenía hambre- Alexandro d'Orange apoyaba su mano sobre la descomunal espalda de Rey -y este animal decidió acabar con todo el rebaño de cabras. Al final le convencí de que con una valía. ¿De qué hablabais?
-Del botín -dijo Marco Antonio con voz de resignación ante el tiempo perdido- del galeón Marisert hemos logrado sacar 600.000 ducados. Habrá que repartirlo.
-No,- dijo lord Corba mientras limpiaba la silla con un blanco pañuelo que pronto torno en negro- debemos repartirlo entre los pobres. Camarero, vino por favor- concluyó con un exquisito ademán.
-Jamas- dijo Rey- Tuve que saltar desde la Marabunta al mar y nadar media hora en la fría noche para anclar un barco al otro. El dinero es nuestro.
-Tiene razón el joven, querido-dijo lady Chodna- lo ha ganado. Y es bueno para nuestra hacienda.
-Pero amor, el pubelo lo necesita más que nosotros -sorbió el vino – ellos son pobres y el mundo tiene que demostrarles que la justicia existe. Nosotros seremos la justicia que los salve.
-Yo voy a matar a la tabernera como no me traiga la puta cerveza.

Los modales de lady Chodny desaparecieron y arrancaron las carcajadas de todos. Alexandro d'Orange se atusó el cabello, ausente de la conversación para sentarse junto a sus compañeros de armas a observar la belleza antinatural de una indiana que, equivocada, entró en el tugurio. El Capitán Fat se volvió un segundo, presto a concluir con aquello y tocar un tema importante, pero comprendió que no tenía sentido. Todos hablaban al unisono y al final tuvo que levantar la voz.

-Señores, seriedad. Hablemos de lo que de verdad importa... ¿quién va a cocinar la cabra? Tengo hambre.

Comentarios

Alex Naranjo. Photographer ha dicho que…
Javi, eres un maestro...me encanta cómo escribes y disfruto muchisimo de nuestras aventuras, sigue con la Taberna svp.

Alexandro D´Orange
Cathan Dursselev ha dicho que…
seguiremos, seguiremos, cada sabado un poquito más

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