La taberna del Gato Persa

El viento hacia crujir las contraventanas de madera de balsa de la vieja taberna del Gato Persa. Los sonidos del exterior quedaban amortiguados por las risas de los presentes. Hombres curtido que hablaban de las últimas incursiones realizadas, del ataque a la Española y de los navíos abordados. La luz se filtraba por la ventana dejando sombras en las que se escondían las cucarachas, que corrieron en todas direcciones cuando la puerta se abrió dejando paso a dos hermosas y negras mujeres. Vestían como hombres: botas altas, pantalón y casacas oscuras. Solo sus ojos y sus sonrisas desentonaban con la triste vestimenta.

-Ron- pidió la más alta acercándose a la barra y dirigiendo su mirada al tugurio.

Algunos hombres se movieron inquietos, uno intentó abandonar la taberna, pero cayó de espaldas al contra el gigantón rubio, que agachó la cabeza para entrar en el recinto.

-No debes huir de ellas -dijo con tristeza- no te harán nada mientras no les pagues- a la luz de las lámparas de aceite, sus ojos azules parecieron cambiar de color.
-Deja al chico, Borough, no todos están tan contentos de tener dos putas cerca- la voz sonaba jovial, cantarina, y el hombre del que provenía no destonaba. No era muy alto, vestía con alegres colores y un pequeño laúd colgaba de su espalda, descansando el mástil sobre el pomo de su espada.
-Cuida tus palabras, Mamonunth -dijo la más baja de las negras- Ya sabes que para otros puedo ser una puta pero, para ti, soy quien conduce tu barco.
-¿De eso no hay una canción?- el acento italiano delató la presencia de Marco Antonio en uno de los rincones más oscuros -Vasques no debes tratar así al chico, ya sabes que te aprecia por eso navega contigo. Como hacemos todos.
-Hacemos todos -repitió una voz acuosa a su lado -sí, todos navegamos.

Borough rodeó con el brazo a la más grande de las negras y la acompañó hasta la mesa, saludando al nutria, el vigiá, con una leve inclinación de cabeza. Los demás le siguieron y pronto la taberna volvió a su rutina. Todos conocían la fama de los hombres allí sentados: el temible Marco Antonio, timonel de La Marabunta; Borough el temible pirata aficionado a las bebidas fuertes; Mamonuth, tan rápido componiendo con el laúd como matando con la espada; el Nutria, el más joven pirata del grupo, vigiá y mensajero; Vasques, la otrora puta que ahora era conocida por su manejo en los mapas y en la planificación de los asaltos; Mutambo, su hermana, traída como ella del África negra encerrada en un barco esclavista y que ganó la libertad de ambas por la fuerza de sus piernas.

-No estaréis empezando sin nosotros- el hombre, rechoncho y vestido de amarillo, entró renqueante por la puerta para desplomarse sobre una silla- no debéis correr, os lo he dicho muchas veces. ¡Rubia!- gritó-¡Cerveza!

La esclava rubia vestía ligeras ropas blancas que le daban un aspecto casi fantasmal. Su rostro reflejaba la luz incluso dentro de aquel antro. Caminó en silencio hasta la mesa y dejó la jarra delante del hombre.

-Porque te he prometido que hoy me portaría bien, pero mañana la cerveza te la sirves tú ¿Cómo estás? Se te ve cansado.

Y lo estaba. Cansando del mar y de aquella tripulación de locos. De comandar un galeón cochambroso en el que la tripulación aumentaba cada día pero solo unos pocos se mantenían firmes. Él, que siempre había soñado con ser un reputado capitán, ahora no era más que uno más. Sus hombres le ignoraban, organizaban fiestas cada dos noches y, muchas veces, ni siquiera le invitaban Incuso había llegado a pensar que algún día se amotinarían y, cuando expuso en voz alta sus miedos, todos se rieron:
-Quien mejor que el Capitán Fat para gobernar esta loquería.

Comentarios

Natalia ha dicho que…
gracias.... :-DDDD
Tio Matt ha dicho que…
FORMIDABLE!!!!
Cathan Dursselev ha dicho que…
Me alegro que os guste... ¿sabeis quién es cada uno? supongo que sí, demasiado obvio, empezando por Borough, que se llama tal cual, jajaja.
Marcos A. ha dicho que…
increíble javi es muy bueno me a encantado q gracia los personajes el mio es muy evidente un abrazo
Cathan Dursselev ha dicho que…
claro, Marcos, consiste en que todos sepan quienes son (o sois), sino no tiene gracia, jajaja

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