La busqueda (XXI)

Los dos hombres se mantuvieron callados todo el camino hasta el hospital de Puerto Real. Jarque no tenía ganas de charlar. Se sentía inseguro y aún no había decidido si podría volver a confiar en Echevarri. Y el vasco se mostraba taciturno. La sonrisa fue borrándose de su rostro según se acercaban al hospital. Al llegar se bajaron sin dirigirse la palabra y caminaron juntos hasta la puerta. Echevarri preguntó por el Dr. Martínez e inmediatamente fueron conducidos a una sala de espera con las paredes pintadas de verde.

-Echeva ¿qué nos vamos a encontrar?- preguntó Jarque finalmente.
-La chica no está bien. Eva sufrió un calvario difícil de olvidar. No creo que nadie pueda superar algo así. Le quedaron secuelas, muchas -Echevarri se detuvo al abrirse la puerta- pero creo que podrá ayudarnos. Doctor.

El médico era joven, pero sus ojos se mostraban cansados. Jarque le observó. La inmaculada bata blanca contrastaba con una camisa azul llena de manchas. Los tres hombres se saludaron sin afectuosidad y Martínez los condujo con un simple “seguidme” por los pasillos del hospital. Poco a poco los gritos fueron aumentando y Jarque notó como las puertas estaban cerradas por fuera. No dijo nada. Pensaba que aquel tipo de centros había pasado a mejor vida. Pero ahora comprendía que no era así. No estaban en el hospital del SAS, como pensó en un principio. El edificio, rodeado de verdes jardines se encontraba apartado del centro hospitalario, que se entreveía por las pocas ventanas del pasillo. De pronto escuchó la música, y el bello de la nuca se le erizó. Ya la había escuchado antes. Cuando Echevarri le habló del Cazador Furtivo, el joven detective se lanzó en su búsqueda.

-¿Lo oís?- preguntó inseguro.
-Es Eva -dijo el médico- le gusta tocar esa canción en el piano. Y al resto de internos le agrada oírla. Así que no se lo impedimos.

La mujer era joven. Demasiado. Tal vez tuviera 25 años, pero aparentaba algunos menos. Era menuda. Delgada en exceso y aún así hermosa. Jarque nunca había visto un rostro como aquel. Los ojos verdes parecían transparentar un alma limpia. Una larga melena rubia le caía sobre los hombros, formando rizos que parecían brillar bajo los focos. Se mostraba serena, tocando aquella canción infernal para Jarque. Echevarri se detuvo junto a él. Esperando que Eva terminase su actuación. Cada nota llegaba al alma y parecía embrujar a quienes escuchaban. Lentamente retiró sus dedos del piano, y centró su mirada en Echevarri, casi con indiferencia. Posó sus verdes ojos sobre Jarque y su rostro se congestionó en una cruel burla de sí mismo. Martínez apartó a Jarque, tironeando de su camisa para sacarlo de la sala.

-¿Qué ha pasado?- preguntó.
-Debes irte. No puedes verla- Martínez se mostraba asustado mientras dos celadores corrían hacia la sala, casi saltando sobre Echevarri- debemos llevárnosla.

Echevarri se plantó en la sala y caminó hacia Eva.

-Necesitamos hablar contigo

Eva profirió un grito desgarrador y los enfermos comenzaron a correr buscando una salida. Los celadores se lanzaron sobre ella, aferrándola por los brazos. Pero la joven se deshizo de ellos.

-¿Como coño?- exclamó Jarque antes de lanzarse en pos de Echevarri que continuaba acercándose a la chica.

-¡SATANÁS!- gritó Eva señalando a Jarque, antes de caer desplomada.

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