La busqueda (XX)

Jarque se echó las manos a la cabeza. ¿qué había pasado con Echevarri? ¿quién había escrito la maldita frase? Las preguntas se agolpaban en su cabeza y eso le sacaba de quicio. No encontraba una salida a aquel laberinto en el que estaba sumido. Cuando creía dar un paso todo volvía atrás. Y allí parecía que, al final, siempre estuvo Errante. Salió del baño y se dejó caer en la cama. Su mirada vagó por la habitación hasta detenerse en un rincón bajo la cómoda. Estiró el brazo, sin levantarse, y jaló del papel que sobresalía y comenzó a leerlo. Era parte de un diario y reconoció la letra de Echevarri:

“Por fin he dado contigo. Has cometido un error y lo pagarás. Desde que posé los ojos en tu padre sé cual es el destino que debo cumplir. Te detendré o moriré en el intento, pero no dejaré que sigas con tu macabro juego. He movido ficha, y ahora no soy el único peón en el tablero”

-¿Qué coño es esto?- gritó Jarque desesperado -¿Desde cuándo jugáis conmigo?
-No jugamos -Echevarri apareció por la puerta, perlado en sudor, con una camiseta amarilla sin mangas- Llegaste por casualidad. No sé que narices empujó a Vargas a contratarte ni sé como yo mismo llegué a esto. Me he preguntado muchas veces por eso, y la respuesta es demasiado larga.
-Tenemos tiempo- dijo Jarque.
-No sé ni por dónde empezar....- se asomó a la ventana- La primera vez que me topé con Errante fue estudiando un caso de narcotráfico. El clan Vargas había introducido cocaína en un barco que llegó al puerto. No la hubiéramos descubierto de no ser por el hedor que desprendían los contenedores. Los perros no querían ni acercarse y la policía portuaria nos llamó para que averiguáramos que había ocurrido. Cuando lo abrimos aquello era dantesco. Había cuatro mujeres desnudas y atadas de pies y manos. Las habían torturado hasta dejarlas medio muertas. Y luego las sondaron para mantenerlas con vida alimentándolas con suero. Tres de ellas habían fallecido, pero la cuarta aún respiraba. Cuando la descolgamos comenzó a gemir de dolor y, de pronto, abrió unos enormes ojos verdes y gritó “Errante”.
-¿Ya sabías que Errante estaba detrás del asesinato de su hermana cuándo me rescataste en el puticlub de Madrid?
-Sí, lo he sabido siempre. Sabía que él estaba detrás y que Vargas es su padre. Lo que no llegó a comprender es porque mató a su hermana y, sobre todo, porqué se ha fijado en ti. Tienes algo, Jarque, algo que el quiere.

Jarque se levantó de la cama en la que había estado tumbado y se caminó hasta Echevarri

-Viejo, no sé de quién puedo fiarme y de quién no. Pensaba que entre tu y yo había un lazo de unión. Pero me has mentido – el vasco retiró la mirada de la ventana para fijarla en Jarque -y ahora no...
-Calla- le cortó Echevarri- somos amigos, compañeros. No podía decírtelo todo. No mientras no supiera que quiere ese loco. Aún no lo sé. Pero tienes razón, no puedo seguir ocultándote cosas. Y más ahora que ese hijo de puta a vuelto a Cádiz.
-Esta bien, no me queda más remedio que seguirte- dijo desesperadamente Jarque- ¿Por dónde empezamos?
-Por tu compañero aquel fatídico día. He buscado información sobre él. Aprobó las oposiciones un año antes que tú. Hasta ese momento había sido policía portuario. Fue él el primero en hablar con Eva, la chica del contenedor, cuando se recuperó.
-¿Está viva aún?- preguntó Jarque sorprendido.
-Más o menos. Preparate. Nos vamos al psiquiátrico de Puerto Real.

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