La búsqueda (XVIII)

-¿Has oído hablar alguna vez del “Cazador furtivo”? -Echevarri miró a Jarque con el pentagrama en la mano –La historia se desarrolla en la Bohemia del siglo XVII, donde el joven guardabosques Max tendrá que ganar un concurso de tiro para conseguir la mano de su amada Agatha. En su ayuda acudirá otro cazador, Kasper, que le ofrece la posibilidad de conseguir unas balas mágicas con las que nunca se falla el tiro. A cambio tenía que vender su alma al demonio Samiel, "el cazador negro"...
-¿Qué tiene que ver todo esto conmigo?- le cortó Jarque –Y, más importante aún, ¿qué pinta Errante en todo esto?
-Algo me dice que Errante es Kasper.
-¿Qué dices, tío? Se te va la pinza- Jarque se sentó pesadamente en una silla, mirando a su compañero sin comprender lo que decía -¿Cómo va a ser Kasper? ¡Por el amor de Dios! Si estás hablando de una ópera. Y esto –dijo cogiendo las fotos con la mano- es obra de un loco. ¿Me estás diciendo que Errante se ha fugado de una ópera de hace 300 años para venir a vengarse de mí.
-180- le corrigió el vasco –Y no. No digo que él sea Kasper realmente. Me refiero a que, quién quiera que cometiese ésta barbaridad, se creyó Samiel y usó a Errante en su beneficio. Y tú eres Max, por eso ahora viene a cobrarse tu alma.

Jarque se levantó de su salto, dejando caer las fotos y el informe del brutal asesinato cometido en la casa de la calle San Francisco dónde empezó todo. Se tambaleó mareado hasta la mesa de las bebidas y se puso un whisky antes de preparar un gintonic para Echevarri. Se bebió su vaso de un trago y lo rellenó mientras el vasco se acercaba a tomar su copa.

-Yo no he vendido mi alma a ningún demonio, Echeva, eso es una locura. ¿Cómo podría haber hecho eso?
-Soy científico. Friki, sí –dijo con media sonrisa- pero científico. No creo en lo sobrenatural. No creo que existan demonios y mucho menos que alguien pueda venderle su alma. Pero quién hizo esto puso sus ojos sobre ti. Tal vez porque –continuó Echevarri- disparaste a ciegas y acertaste.
-Maté a mi compañero y lo dejé allí.
-¿Y si tu compañero debía morir? Tal vez él era el objetivo de todo. ¿Qué sabes de él?
-En realidad –concluyó Jarque- Nada. Era el primer día que patrullábamos juntos. Y fue el último de su vida.

(sin que sirva de precedente, les incluyo la obertura de “El cazador furtivo)

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