Ir al contenido principal

Entre muertos

Saben, en ocasiones veo muertos. Y esta Semana Santa he visto muchos. No me importa. Lo cierto es que me gusta recorrer sus lugares de descanso, acariciar el blanco mármol que esculpe los yacentes retratos de los muertos. Sentir el frío en los dedos y notar que te asciende por la espalda. Observar la historia a través de las tumbas. Mirar los rostros del pasado como el de Juan de Austria. Sentarme a contemplar a los grandes reyes de España en su descanso eterno: Carlos V, Felipe II, Carlos III.

Visitar el Panteón de reyes e infantes del Monasterio de El Escorial, es recorrer una parte de nuestra Historia. Contemplar a los hombres que fueron cabeza del mundo, emperadores que engrandecieron este país de cortos de miras. Un lugar que hay que visitar. Recorrer las frías piedras del palacio y atravesar las estancias donde Felipe II descansaba y trabajaba. O jugaba con sus hijos mientras el sol despuntaba al alba. Asombrarse con la maravillosa y cuantiosa obra de Luca Giordano, y sentirse pequeño en la basílica del monasterio.

Y es que, saben, en ocasiones camino entre muertos y me siento vivo, pequeño y sobre todo, participe de una Historia tan rica como la nuestra.

Comentarios

Alberto Cancio García ha dicho que…
Un texto perfecto, amigo.
Lo cierto es que comprendo muy bien la sensación que describes, aunque para ello no haya tenido necesidad de visitar las tumbas de unos cuantos importantes pusilánimes. Sin ofender. No niego que divagar delante de la tumba de Felipe II deba ser apasionante, que seguro que lo es y me encantaría, pero el mismo escalofrío de emoción me produce hoy día visitar las tumbas de aquellos que realmente engrandecieron o empequeñecieron el país con sus hazañas, deserciones, bajezas y tesones: Los verdaderos artífices de la historia, comúnmente conocidos como "gente de a pie". Tienen suerte ese Felipe II y compañía, de haber perecido a sabiendas de que la Historia futura conservaría con primor los escenarios donde deambularon en vida. A mí me destroza el alma ver cómo la ciudad de Cádiz, por ejemplo, con sus plazuelas de enamorados, sus patios de vecinas, sus casuchas de pescadores o sus iglesias de señoronas, va siendo enterrada a hachazos bajo la modernidad de un mundo que no parece conocer la nostalgia.

Seré yo... y mi estúpido sueño de piedra ostionera...

Un saludo desde el mar.
Cathan Dursselev ha dicho que…
Pues no te confundes, Alberto. Es cierto que siempre nos sentamos ante las tumbas de los grandes señores y nos olvidamos de quienes verdaderamente movieron los hilos (aunque en su descargo hay que decir que Felipe II y Carlos I nada tienen de pusilánimes y sí de grandes hombres de su tiempo)

Pero, si te soy sincero, jamás he sentido nada parecido a lo que sentí al, casi por casualidad, descubrir que aun se conserva la tumba de Galeazzo de Argumedo en la Iglesia de Santa Cruz. Te preguntarás quién era. Un simple comerciante genovés asentado en la ciudad y muerto en el año de 1504.

Y sí, nuestra ciudad cargada de Historia se hunde y solo se nos ocurre reflotarla pidiendo que sea patrimonio de la Humanidad por el 12. ¡La ciudad más vieja de Occidente!, De aquí partieron a la conquista de las Americas. Fue puerta de entrada y mezcla de culturas.

Pero ya se sabe, los gaditanos.

Entradas populares de este blog

Corona o Reino de Aragón

Ni Aragón, ni Cataluña, ni Valencia son entidades anteriores a la Edad Media. Hasta 1163, con Alfonso II, no se distinguirá entre reino y corona de Aragón. En la Corona tendrán cabida todos los reinos, condados y señoríos que guardan algún tipo de dependencia con el rey aragonés. Esta existencia de diversas entidades autónomas en muchos aspectos, solo es entendible desde la expansión territorial a costa de los reinos musulmanes del sur. En esa expansión los nobles irán recibiendo tierras y beneficios. Expansión que acabará chocando con la realizada por el condado catalán.

Con respecto a Cataluña, entrará a formar parte de la corona después del casamiento de Petronila (hija de Ramiro II de Aragón) con Ramón Berenguer IV, conde de Cataluña, quien, a pesar de ejercer como tal, no toma el título real.
Durante el siglo XIII la Corona de Aragón continúa con su política expansionista hacía el norte, pero tras el Tratado de Almizrad de 1244 y la derrota de Pedro el Católico en Muret, la ex…

Nihil cognitum quin praevolitum

Ando leyendo "Niebla" de Unamuno, y su frase Nihil cognitum quin praevolitum (Solo se conoce lo que se desea) me ha llamado la atención por la verdad que se esconde tras ella. Yo también, como don Miguel, creo que sólo el deseo nos hace crecer, conocer, amar, avanzar. Mientras que desear lo conocido nos convierte en conformistas estancados en nuestras vidas. Nos impide abrir nuestras mentes y mirar más allá de nuestros limites existenciales.
Desear algo, luchar por conseguirlo, o construirlo con tu propio sudor, es el verdadero motor del crecimiento humano. Y, cuando ya lo conoces y sabes si es lo que buscabas o no, hay que seguir adelante. Así, hasta el último día de nuestras vidas.
Sin pensar si lo alcanzado terminó en fracaso o triunfo ya que, cada deseo conocido, nos hará más ricos, sabios y. por tanto, mejores. Nos habrá obligado a avanzar conociendo nuevas metas, abriendo nuevos caminos. Así que, como Augusto, yo también me digo en mi vida Nihil cognitum quin praevoli…

Sin comentarios

En este blog no se come por comentario, de hecho eres libre de expresar lo que quieras y opinar lo que quieras mientras no insultes a nadie que no sea yo. Y, quizá, algunos os preguntéis a que viene esto cuando precisamente no son muchos los comentarios que se leen en estas páginas. Y es que no hace referencia a este rincón, sino a esos otros en los que los comentarios son censurados por llevar la contraria al dueño del garito, mientras se permiten insultos fáciles a cualquiera que pase.
Por aquí pueden pasar, comentar si lo desean o no hacerlo si es lo que prefieren. No importa. Lo único que importa es mantener la libertad de expresión en esta red de redes que nos une a lo largo del planeta. Aquí y en todos los demás lugares es nuestro deber defenderla.