El milagro de la mujer y la serpiente

Ambroise Pare (1509-1590), hombre del Renacimiento, autodidacta y cirujano curtido en los campos de batalla además de médico de varios reyes y miembro del Colegio de San Cosme, publicó en 1575 su libro de monstruos humanos y animales, de falsos mendigos y curiosidades celestes. En el que habla de mujeres que “arrojaban por la nariz serpientes y otros animales cosa que puede ocurrir” argumenta “por la corrupción de ciertos alimentos comidos”. Y nos habla de diferentes casos de animales nacidos -o expulsados habría que decir- de mujer. Casos que pone en boca de otros estudiosos como Levinus o Lycosthenes, quién dice que en 1494 nació en Cracovia, en la plaza del Espíritu Santo, un niño muerto con una serpiente viva aferrada a la espalda, que devoraba para alimentarse.

Y puede que se pregunten el por qué de esta entrada enmarcada en Leyendas de Cádiz. Y la respuesta la encontramos en la Cantiga 368 de Alfonso X el Sabio. En ella se cuenta como Santa María del Puerto curó a una mujer que llevaba una culebra en el vientre desde tres años antes. La mujer, que vivía en Córdoba, junto a Santa María la Grande, pensaba que tenía una cobra en su interior y fue a Castilla buscando una solución. En sueños tuvo una visión que le dijo “cometes una locura al no ir a Silos, donde nos habitamos pues fuimos su abad”. Y la mujer cambió su destino y marchó al monasterio de Santo Domingo. Donde, nuevamente en sueños, le dijeron que todavía no había cumplido su romería y que debía ir a Santa María, el “puerto de la Señora verdadera”, al monasterio donde guardaba la Virgen (y del que desconocemos su situación) y estando de vigilia vio en sueños a Santa María que le dijo “Vaamos a Caliz atan toste que for'a madurgada, aa See que éste de Santa Cruz chamada, en que meu Fillo posto foy, ond' eu fuy prenada, e averás sauda ca nós tí rogamos” (Vamos a Cádiz tan pronto como sea de madrugada, a la Sede que se llama de la Santa Cruz, en la que mi Hijo fue puesto, del que yo fui preñada, y obtendrás la salud, ya que rogamos por ti).


Y así hizo la mujer, montó en barca con otros enfermos y se dirigió a la vieja Catedral de Cádiz, la que fue mandada erigir por D. Alfonso X. Y al llegar a ella gritó con sus acompañantes “Deus loamos E a Virgen, sa Madre, a que non á parella”, y dicho esto abrió la boca y de ella salió una serpiente roja y larga, como una anguila.

Comentarios

Lonewolf ha dicho que…
Genial.

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