De viaje...

Hoy salgo de viaje a la capital del Reino a, entre otras cosas, rendir honores al Emperador Difunto. Pero antes no puedo más que quejarme por las normas dadas por Ryanair para las bolsas de mano. Me veo obligado a protestar. Entiéndame. No piensen nada raro. Simplemente es que soy algo supersticioso y cuando me monto en un aparato volador del tipo que sea, suelo hacer un ritual muy sencillo:

Saco mi cuchillo ceremonial y doy tres vueltas en torno a la azafata jefe mientras rezo al dios Walker para que me traiga whisky en la travesía. Después apuñalo a la azafata y la troceo con la motosierra, dando un pedacito de su cuerpo a cada viajero. Antes solía pasar el cortacésped sobre los restos de la victima ceremonial, pero últimamente me dicen que es muy grande para meterla en cabina y que tiene que ir en bodega.

Pero creo que hay otros que lo pasaran peor que yo, pues ya no se pueden meter armas laser. Pobre Yoda ¿ahora como irá de un planeta a otro? Él, que no se separa de su esapda laser, tendrá que realquilar el Halcón Milenario para poder desplazarse y eso le va a costar una pasta en cada viaje interestelar. Y que decimos de los Cullen, pues también han prohibido meter sangre. Lo que ya de por sí es una contradicción, porque sin sangre ninguno de los que vamos en el podríamos volar.

Al menos, por ahora, no nos pasaran por escanees corporales. ¡Qué vergüenza! mostrar mis huesos al mundo, con lo que me ha costado esconderlos bajo la grasa.

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