Carta de un amigo américano

Dear Xavier,

Como hablamos he visitado tu ciudad y me ha gustado mucho su luz y tu gente. Pero he tenido algunos problemas. Seguí tus consejos y las líneas que están marcadas en el suelo. Primero seguí la ruta verde y recordé muchas de las cosas que me contaste del Cádiz medieval. Después decidí recorrer la de los Castillos y Baluarte, pero lo dejé al serme imposible recorrerla. Llegué hasta esa playa pequeña rodeada por los Castillos. ¡Es hermosa, Xavier!, no entiendo porque no te gusta. Pero al salir de allí me perdí. Quisé seguir la ruta de la Constitución y le dí la vuelta a la ciudad. ¿Sabés porqué esa línea azul está colocada en mitad de la calle? Sería más lógico hacerlo en la acera. Al final lo dejé por imposible, sobre todo después de intentar seguir una ruta que no estaba marcada en el folleto que me dieron en turismo: la naranja. Di tres vueltas a una plaza hasta comprender que no tenía sentido.

Al final acudí a la Universidad, para consultar esos libros de los que hablamos. Pero no pudé localizar la biblioteca central. Le pregunté en perfecto castellano a dos chicas que había en la puerta de tu facultad, pero no me respondieron. Ni me miraron siquiera. Un señor muy amable me explicó el porque de su falta de educación. “Sonestudiantesdeorgasmo” me dijo así muy rápido. Como si no quisera ni pronunciarlo “vieneaquiporlasplayas, lagente, la noche. Yasabes, pishita, Caiesmuycaliente”. Me sorprendió bastante saber que existían estudios para eso, pero tu siempre me has dicho que Cádiz es diferente.

Debe serlo. Además de hablar muy rápido, lo hacen en un idioma diferente. Me asusté al principio, al escuchar como se llamaban cabrón o hijo de puta, hasta que comprendí que no hablaban en español. Ya que se abrazaban y saludaban. Después de varios días también he descubierto que “quillo” es diminutivo de littelboy y que si conocés a alguien de toda la vida debes llamarle “pishitamía”, si es un amigo, o “shosholoco” si es amiga. Además, un simple “quilloqué” “Aquíestamo” es una profunda conversación.

Al final me he enamorado de tu ciudad –pese a seguir sin entender porque la línea naranja pasa sobre los árboles- y creo que tendré que volver en verano, cuando estes tú, para que me enseñes a hablar en ese extraño idioma.

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