Otro día

Sentada junto a la ventana, observaba el mar revuelto que rompía en la playa. Pensaba en la noche pasada. En las sabanas blancas caídas junto a la cama. En el charco que bañaba el suelo de la habitación. Suspiró sabiendo caer lágrimas por su rostro. Volvió sus ojos al horizonte. Buscó, en el cielo grisáceo, un ave que había alzado el vuelo tras el cristal. La vio desaparecer antes de levantarse y caminar descalza hasta el baño. Se lavó el rostro antes de maquillase y vestirse. Salió a la calle. Respiró hondo y volvió a sonreír. “Ya habrá tiempo de llorar mañana”, pensó.

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