Nada

Vaya por mí. Soy un ser insustancial. Abstracto. Sin personalidad. Soy un ente sin nombre. Sin nada que me defina más allá de un rasgo no común en mí. Soy, simplemente, el del tren. Puedo ser un revisor, un maquinista, o el chico del bar. Y es que, no soy nadie. Sólo eso: el del tren. Y me alegro, porque alguien se ha hablado de mí lo suficiente para que otros lleguen a conocerme sin haberme conocido.


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