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La Búsqueda (XVI)

Cuando Echevarri se dejó caer en la silla del pequeño cuarto al que los habían llevado esposados, Jarque lo comprendió todo. Saludó cariñosamente al hombre que acababa de llegar mientras el vasco se sonaba sonoramente la nariz.

-Bueno, se supone que en este mismo instante estamos volando hacia Madrid- dijo Echevarri dándole la mano al inspector checo.
-Así es- respondió en inglés- Y vuestro persLeguidor está absolutamente convencido de que habéis sido expulsados.
-¿Qué ha pasado con el cerdo?-Jarque entró en la conversación- No debería ser difícil dar con el origen del animal ¿tenéis algo?
-Aún es pronto.
-Debéis daros prisa. Tenemos que localizar a Errante antes de que salga del país. Además- Echevarri se mostraba inusualmente serio- he llegado a la conclusión de que no buscaba venganza. No mató a la chica por vengarse de Vargas. Lo hizo porque disfrutaba.

Todos le miramos asombrados. Jarque se apoyó en la pared antes de comenzar a hablar.

-El asesinato de la chica fue brutal. Demasiado para ser una simple venganza. Sin embargo llegaste tú –señaló al ex forense con la cabeza- y me convenciste que detrás de todo estoy había odios entre la familia Vargas. Y eso mismo lo has defendido hasta hoy mismo. ¿Por qué cambias de repente de opinión?
-Por algo que me dijiste- repuso Echevarri- A la joven también la habían maltratado. En cierta forma Errante sigue un ritual. Deja en los cuerpos una marca: las quemaduras. Sí quería vengarse de Vargas era lógico pensar que atacase a su hija. Pero las quemaduras en el segundo cuerpo muestran un signo de locura con el que antes no había contado.
-¿Después de la muerte de la “Bienhallada” no pensaste que estaba loco?
-No.
- Además de quemaduras, el hombre del armario tenía tatuado en la piel la palabra “Buscador”, grabada con fuego en el muslo- El inspector checo dejó sobre la mesa una carpeta con las fotografías realizadas al cuerpo.
-“Bienhallada”, “Buscador”, ¿qué quiere decirnos?
-Sabe que le estamos buscando, Echevarri, y quiere jugar.

Echevarri se quedó en silencio, sopesando lo que Jarque acababa de decir. Él mismo había comenzado a sospechar que esa era la realidad. Estaban sumidos en un juego donde Vargas no era más que una cortina de humo. Un juego que, inicialmente, no iba dirigido a él. Echevarri iba por Vargas no por Errante. Pero Jarque había entrado en el juego desde el inicio.

-Es por tí –dijo de pronto el vasco- ¿qué has hecho?

Jarque lo miró sorprendido, intentando comprender el verdadero significado de las palabras de su amigo. Intentando buscar en su pasado algo que hubiera podido provocar esa locura.

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