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La búsqueda (XV)

-Bonito regalo el que nos ha hecho Errante-dijo Echevarri sentado en el váter.
-¿Bonito?, Echeva, joe, esto no es bonito- Jarque señalaba la bañera ensangrentada.
-Sí que lo es. En Huelva sería imposible seguirle el rastro, pero en Praga no debe haber mucho cerdo ibérico en las dehesas. Si es que tienen.

Jarque miró una vez más la cabeza de cerdo que reposaba en el fondo de la bañera. Pensó en lo que acaba de decir Echevarri y comprendió que la conclusión del vasco era cierta. No era posible que Errante hubiera introducido el cerdo desde España. Además de tener al perro bajo la ventana, ahora tenían un cerdo que olfatear. No debía haber muchos sitios dónde vendieran cerdo ibérico, y mucho menos la cabeza del animal.

-¿Quién recogerá esto?
-Va, Jarque, déjalo ahí, ya se lo llevarán cuando nos vayamos. Ahora tenemos que pensar en nuestro amigo de la calle. Llamaré a mis contactos aquí y que ellos se encarguen de limpiar la habitación y descubrir de dónde ha salido el animalito. Pero tenemos que alejar al perro del hotel. Así que prepárate, nos vamos.

Recogieron la ropa y prepararon las maletas. Habían decidido hacer creer a su perseguidor que volvían a España. Pidieron un taxi y marcharon hasta el aeropuerto internacional de Ruzyně. Jarque miró hacia atrás al llegar a la terminal de salidas. El perro seguía tras ellos. Hablaba por teléfono mientras los dos hombres se colocaban en la cola para la ventanilla de Rynair. Echevarri se sentó en la maleta, que crujió bajo su peso, suspirando sonoramente. Unos niños se quedaron mirándolo asombrados mientras él les sacaba la lengua y comenzaba a rehacerse las coletas, trenzando lentamente el pelo. Jarque se quedó de píe, riendo ante las acciones de Echevarri, que se mostraba más histriónico de lo normal. Los dos hombres llamaban la atención en la silenciosa cola que avanzaba hacia el mostrador 13, donde se podía leer Madrid en grandes letras. El perro se ha sentado en un banco. Lo ven hablar rápidamente por el teléfono móvil. Su rostro está crispado. Se le nota inquieto ante lo que está ocurriendo. Jarque y Echevarri avanzan hasta el mostrador y colocan las maletas en la cinta. Hablan a gritos sobre la vuelta a Madrid. Los niños se dan codazos cuando Echevarri se vuelve de pronto, con los brazos cruzados sobre la camiseta de Homer Simpson y comienza a caminar en dirección al hombre.

Jarque lo miró asombrado. Casi tanto como su perseguidor que deja de hablar. Echevarri echó la mano a la cintura en el preciso instante en que el hombre Errante se levantaba. Se volvió mirando a su compañero y Jarque vio el brillo travieso en los ojos del forense. Estaba disfrutando con la situación. Ambos sabían que su perseguidor estaba aturdido ante la situación. Se mantenía quieto, justo al lado, con el rostro ceniciento y pegándose en la pared. Echevarri se volvió sobre él.

-¿Te puedes creer el niñato este? Le traigo a la ciudad más romántica de Europa y el muy maricón ahora me dice que es hetero... ¿te lo puedes creer? ¡me está dejando! ¡a mí!

Lanzó el puño contra el hombre, que cayó al suelo desplomado. Se quedó allí parado, esperando a que la policía llegase hasta ellos. No mediaron palabras, los dos hombres fueron detenidos y llevados esposados hasta una pequeña sala lateral.

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