Ir al contenido principal

Aprendiendo de la perversidad

Los que pasáis por aquí, ya sabéis que ando embarcado en la publicación de una novela sobre el genial y temible pirata Pedro Cabrón. Ultimando los detalles, debería decir. Y haciéndolo siguiendo las recomendaciones de la malvada editora Ana Mayi. Al principio, algunas de las propuestas que me hacía no me hacían gracia: Fernán es un creyente fervoroso que acepta su situación pues Dios lo ha querido así; y Cabrón es un personaje inestable, con terribles cambios de humor y una crueldad innata que se desata repentinamente. Pero según avanzo en los cambios que ella me recomienda, me doy cuenta de los vacíos de contenidos que el borrador inicial tenía. Tal vez porque yo leía lo escrito sabiendo quién y cómo son los personaje, pero no me había puesto en el pellejo del lector. Y con cada letra escrita, con cada descripción que comienza a salir de mi cabeza para plasmarse en el papel, veo que la historia crece, como pequeñas pinceladas que dan fondo al plano principal.

Ahora siento que antes dejaba a los personajes moverse delante de un cromo, pero no de los actuales, sino aquellos antiguos que se ponía en las películas para grabar las escenas de conducción. Personajes sobre un fondo que se mueve, pero muerto, sin profundidad. Y me alegro de contar con su malvada presencia repitiendo mis errores. Esta es mi primera novela –espero que no la última- y voy aprendiendo sobre la marcha mucho de este nuevo mundo en el que me embarco. Y hoy, simplemente, quería decirles eso. Que estoy feliz de contar con esa malvada presencia y que me perdonen si estos días el blog baja o se detiene, pero mi mente vaga por el Cádiz de finales del XV.

Comentarios

sempiterna ha dicho que…
Javi... he estado tan desconectada que no sabía estas noticias sobre tus libros. Nch. Estaré más atenta, cuéntanos más cositas. Un beso.

Entradas populares de este blog

Corona o Reino de Aragón

Ni Aragón, ni Cataluña, ni Valencia son entidades anteriores a la Edad Media. Hasta 1163, con Alfonso II, no se distinguirá entre reino y corona de Aragón. En la Corona tendrán cabida todos los reinos, condados y señoríos que guardan algún tipo de dependencia con el rey aragonés. Esta existencia de diversas entidades autónomas en muchos aspectos, solo es entendible desde la expansión territorial a costa de los reinos musulmanes del sur. En esa expansión los nobles irán recibiendo tierras y beneficios. Expansión que acabará chocando con la realizada por el condado catalán.

Con respecto a Cataluña, entrará a formar parte de la corona después del casamiento de Petronila (hija de Ramiro II de Aragón) con Ramón Berenguer IV, conde de Cataluña, quien, a pesar de ejercer como tal, no toma el título real.
Durante el siglo XIII la Corona de Aragón continúa con su política expansionista hacía el norte, pero tras el Tratado de Almizrad de 1244 y la derrota de Pedro el Católico en Muret, la ex…

Nihil cognitum quin praevolitum

Ando leyendo "Niebla" de Unamuno, y su frase Nihil cognitum quin praevolitum (Solo se conoce lo que se desea) me ha llamado la atención por la verdad que se esconde tras ella. Yo también, como don Miguel, creo que sólo el deseo nos hace crecer, conocer, amar, avanzar. Mientras que desear lo conocido nos convierte en conformistas estancados en nuestras vidas. Nos impide abrir nuestras mentes y mirar más allá de nuestros limites existenciales.
Desear algo, luchar por conseguirlo, o construirlo con tu propio sudor, es el verdadero motor del crecimiento humano. Y, cuando ya lo conoces y sabes si es lo que buscabas o no, hay que seguir adelante. Así, hasta el último día de nuestras vidas.
Sin pensar si lo alcanzado terminó en fracaso o triunfo ya que, cada deseo conocido, nos hará más ricos, sabios y. por tanto, mejores. Nos habrá obligado a avanzar conociendo nuevas metas, abriendo nuevos caminos. Así que, como Augusto, yo también me digo en mi vida Nihil cognitum quin praevoli…

Tú no eres de Cádi' ni na'

Esto que voy a decir no es muy usual en mi tierra. Pero es mi realidad, única e intransferible. Soy gaditano, sí. He nacido en esta tierra y la amo como pocos. Me gusta su historia, su cultura y su gastronomía. Su mar y su monte, su bahía y su provincia. Hasta soy cadista de corazón y carnet: pero no me gusta el carnaval. No, al menos, el que ahora vivimos.

Me gustaba cuando íbamos a escuchar coplas, sabiendo que estos tres días eran los únicos en los que podríamos hacerlo. Me gustaba cuando el Carnaval era Carnaval y no una especie de cáncer que se ramifica por el día a día de mi ciudad hasta cubrirlo todo. Desde batallas de coplas en agosto, hasta el carnaval de julio, pasando por festivales de jazz carnavalesco. Que hay una boda, carnaval. Que hay una fiesta: carnaval. Que toca flamenco, seguro que algún carnavalero sabe cantar y aunque sea buen cantaor sacamos su lado comparsista.
Por eso, este año, decidí que solo saldría en carnavales si el trabajo me empujaba a ello. Pero el d…