Aprendiendo de la perversidad

Los que pasáis por aquí, ya sabéis que ando embarcado en la publicación de una novela sobre el genial y temible pirata Pedro Cabrón. Ultimando los detalles, debería decir. Y haciéndolo siguiendo las recomendaciones de la malvada editora Ana Mayi. Al principio, algunas de las propuestas que me hacía no me hacían gracia: Fernán es un creyente fervoroso que acepta su situación pues Dios lo ha querido así; y Cabrón es un personaje inestable, con terribles cambios de humor y una crueldad innata que se desata repentinamente. Pero según avanzo en los cambios que ella me recomienda, me doy cuenta de los vacíos de contenidos que el borrador inicial tenía. Tal vez porque yo leía lo escrito sabiendo quién y cómo son los personaje, pero no me había puesto en el pellejo del lector. Y con cada letra escrita, con cada descripción que comienza a salir de mi cabeza para plasmarse en el papel, veo que la historia crece, como pequeñas pinceladas que dan fondo al plano principal.

Ahora siento que antes dejaba a los personajes moverse delante de un cromo, pero no de los actuales, sino aquellos antiguos que se ponía en las películas para grabar las escenas de conducción. Personajes sobre un fondo que se mueve, pero muerto, sin profundidad. Y me alegro de contar con su malvada presencia repitiendo mis errores. Esta es mi primera novela –espero que no la última- y voy aprendiendo sobre la marcha mucho de este nuevo mundo en el que me embarco. Y hoy, simplemente, quería decirles eso. Que estoy feliz de contar con esa malvada presencia y que me perdonen si estos días el blog baja o se detiene, pero mi mente vaga por el Cádiz de finales del XV.

Comentarios

sempiterna ha dicho que…
Javi... he estado tan desconectada que no sabía estas noticias sobre tus libros. Nch. Estaré más atenta, cuéntanos más cositas. Un beso.

Entradas populares de este blog

Nihil cognitum quin praevolitum

Corona o Reino de Aragón

Héroes gaditanos: Diego Fernández de Herrera