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Uphir (IX)

-No alarguemos esto más de lo necesario, Magnus, ¿qué es lo que no sabes y quieres saber?
-Lo sé todo. Menos tu respuesta. Sobre mí hija. ¿Qué tienes que decir?
-Que daré mi vida por ella...
-Hay quien dice que le has dado algo más que tu vida.
-¿Quien?- Miguel notó como la rabia subía hasta sus mejillas. Notó el calor en el pecho mientras la ira iba cobrando más y más fuerza- ¿Quién es el cabrón te ha hablado de mí y qué ha dicho?
-Ha dicho que mi hija durmió en tu casa anoche. Qué te viste con ese canalla de Tkarmes para tratar su muerte, y sólo sé que mi hija esta noche no ha estado en casa, y esta mañana no ha aparecido por el colegio.
-¿Cómo?

La extrañeza de Miguel era absolutamente real. Desde su posición, en el centro de aquella sala que olía a muerte, sabía que Magnus observaba cada uno de sus gestos. Elevó la mirada hasta una pequeña ventana de cristales ahumados.

-Sí, Magnus, la chica ha dormido en mi casa. Después de hablar con Tkarmes y negarme a aceptar su trabajo, volví a casa y la encontré en la calle ¿hubieras preferido que la dejase allí, en mitad de la noche? Me has ordenado mantenerla con vida. A donde vaya o con quién no me incumbe.

El silencio pareció eternizarse en aquel oscuro lugar. Miguel se dio la vuelta, dando por terminada aquella situación. Si Magnus deseaba matarlo lo haría de todas formas, ¿para qué esperar más? Caminó tranquilo hasta que la voz resonó nuevamente en la sala.

-¿Esa es última respuesta? ¿Darme la espalda?
-¿Tengo otra opción? Ni siquiera has tenido la decencia de decirme quien me acusa.


Un hombre menudo, de ojos vivos y rápidos, entró por la puerta hacia la que se dirigía. Miguel lo observó y comprendió que había sido él quien había ido con la historia a Magnus. No se detuvo a pensar. Sacó su arma y disparó a bocajarro. El hombre cayó a sus pies. Mientras la sangre comenzaba a mancharle los zapatos, Miguel dirigió la mirada hacía la ventana.

-No creas nada de lo que te digan de mí, Magnus, sé que crees que soy un animal despiadado, que no tiene suficientes luces para hacer otra cosa que no sea matar. Y puede que así sea. La sangre y la muerte forman parte de mi vida desde hace mucho tiempo. Pero no te confundas. Soy más que eso.

Avanzó hacia la puerta, pasando sobre el chivato y, con el pomo en la mano, justo antes de salir, volvió a hablar.

-Protegeré a Ariel con mi vida pues así lo hemos acordado. Tú cumple tu parte y págame, yo me encargaré de mantener con vida a tu hija. Pero mis métodos son los que son. Sí creo que la niña debe quedarse en mi casa en algún momento o cada noche, será decisión mía y tu no podrás hacer nada. ¿Ha quedado claro?

Abrió la puerta y salió a la calle con una sonrisa, sabía que el silencio de Magnus significaba que aceptaba las condiciones. Sacó el teléfono y envío un mensaje

“Esta noche dormirás en mi casa. Te recojo”

Comentarios

me gusta mucho tu blog siempre lo sigo! no sé si me recuerdas, publiqué un relato en Ubi Sunt? amigo de Alex! echale un vistazo al mio http://www.sacopergaminos.blogspot.com/

y hazte seguidor! un abrazo y a seguir escribiendo ;)
Cathan Dursselev ha dicho que…
Hola Carlos,

Sí que me acuerdo de tí, bueno de tu relato, jajaja. Ahora mismo paso por tu blog

y gracias por seguirme!

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