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La busqueda (XIII)

-Hijo de puta.... mamón... eso duele -Echevarri estaba tirado en el suelo apretándose el brazo izquierdo con la mano derecha- ¿no se te ha ocurrido preguntar antes de disparar?
-Lo he hecho y no me has contestado- Jarque acudió a socorrer a su amigo- he oído disparos y pensé que habías caído.
-Aún no se ha hecho bala que me haga daño.... auuu... no presiones en la herida.
-¿Quién ha disparado?- siguió con a mirada el gesto de Echevarri -Ya veo.

Se acercó hasta el hombre tumbado en el suelo. El disparo del vasco le había perforado el pecho y el charco de sangre comenzaba a extenderse hasta la puerta del ascensor. Pasó sobre él mientras Echevarri le seguía refunfuñando por el tiro recibido. Observaron la casa, intentando descubrir algo que pudiera ponerle sobre la pista del Errante. Sin duda aquel era su nuevo consultorio. La decoración recordaba aquellos puesto del Día de los Muertos que Echevarri había visitado en México. El vasco lo miró todo con creciente asombro. Aquello contrastaba con su visión de Errante. Había llegado a la conclusión de que era un charlatán escondido tras la fachada de sanador, que le servía de coartada para moverse libremente contra su padre. Pero ahora este piso le hacía albergar dudas. Nadie en su sano juicio colgaría el esqueleto de un niño de cinco años de la lámpara del salón. Y Errante lo había hecho.

Siguió el sonido provocado por Jarque al vomitar sobre la alfombra del cuarto principal. Le señaló con la mano el armario mientras se limpiaba con la camisa. Echevarri abrió la puerta y se quedó allí, plantado. Con la mano derecha presionando la herida del antebrazo izquierdo. Observó el cuerpo con detenimiento. Sus talentos como forense se pusieron en funcionamiento.

-Varón, entre 30 y 35 años. Moreno. Diría que latino por los pocos rasgos a la vista. Le han seccionado el cuello con un objeto de sierra. Y el trabajo ha sido bastante malo, por cierto. Le han arrancado el cuero cabelludo pero sin ningún tipo de objetivo ritual. O si lo tenía no les dio tiempo a llevarlo a la práctica, porque está aquí mismo en el armario. Le han cortado dos dedos de la mano derecha -siguió enumerando Echevarri mientras Jarque se sentaba asqueado en la cama- Y los dos pies.... Tiene quemaduras en las piernas y en el torax, así como en los órganos reproductores. Algo le sale de... ¡le han partido el culo!

Miró a Jarque que se agarraba la cabeza con las manos mientras intentaba recordar donde había dejado sus pastillas. Desde que había entrado en el caso no había vuelto a ponerse, en cambio se había enganchado a unas pastillas de nuez molida con alguna especia tropical que le había conseguido Vargas.

-¡Que explicitó eres, picha!- casi gritó.

En ese momento se escucharon voces en el pasillo. Alguien había encontrado el cuerpo muerto en descansillo de la escalera. Los dos hombres se miraron. Sería complicado explicar que hacían allí y, además, Vargas no debía sospechar de la implicación de la Interpol en el caso. Sacaron las armas y se dirigieron a la puerta, las voces se hicieron más fuertes. Hablaban en checo. No había duda de que no eran hombres de Errante. Echevarri se asomó a la esquina y observó como una mujer mayor sacaba un teléfono.

-Vamos, antes de que llegue la policía.

Ambos hombres echaron a correr escaleras abajo.

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