Desvelos

Hoy me he despertado a media noche sin saber muy bien donde me encontraba. He mirado la hora y el reloj parpadeaba detenido. Me he levantado y caminado a oscuras hasta el baño. Mi reflejo se intuía en las penumbras del espejo. No me he reconocido al lavarme las manos. Sé que soy yo. No hay nadie más en la casa. Parezco cansado, muerto de sueño. He mirado el reloj sobre la repisa del baño: 3 a.m. He vuelto a la cama. He intentado recordar que soñaba antes de despertarme. Nada. Lo recuerdo claramente. No soñaba con nada. En una enorme y densa masa blanca que iluminaba mi sueño. Sólo eso. No he vuelto a dormir. He dado vueltas en la cama, esperando que el cansancio termine con mi insomnio. Pero ha vencido mi mal. Cuando los rayos del sol han entrado y bañado mi rostro, he decidido abandonar el lecho. Me miró al espejo y el cansancio marca mi rostro ensombreciendo mis ojos. He llorado. Deseando volver a dormir. Dejar de soñar con esa nada que cada noche desvela mis sueños y que durante el día duerme mi yo.

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