domingo 31 de mayo de 2009

Apoyos y miradas

Últimamente ando mirando al suelo demasiado, abstraído de lo que ocurre a mi alrededor, sólo fijando mis ojos en aquellas cosas que me traen una sonrisa a los labios. No sé, tal vez el mundo a mi alrededor se desmorone lentamente y prefiera sonreír a la vida antes que volver al oscuro pozo en el que estaba sumido hasta que una extraña y joven luz me gritó desde la nada, tendiéndome un puente hacia la vida que ni ella ni nadie parece querer comprender. Ni pueden hacerlo. Por eso, trato de fijarme en los pequeños detalles que hacen que merezca la pena vivir una vida, la que sea.

Y ayer, mientras volvía a casa caminando, como siempre por el Campo del Sur, para seguir por detrás de la Cárcel Real y Santa María, me fijé en ellos. Caminaban hacía mi. Supongo que como otros muchos, pero sólo ellos se hicieron visibles. Él llevaba una camiseta blanca con un dibujo ya borrado por el tiempo, una gorra raída, bañador azul y tenis blancos. Ella llevaba otra gorra, un viejo traje verde con pequeñas flores rojas y unas zapatillas azules. Él caminaba unos metros por delante y cada pocos pasos se paraba para observarla. Ella caminaba lentamente, apoyándose con su cansada mano en la pared del baluarte. Él empujaba un pequeño carrito cargado de sillas de plástico. Ella llevaba una sombrilla que parecía pesar demasiado para su cansado cuerpo y sus hinchadas piernas. Él se detuvo, dejó el carrito cargado de sillas de playa y se acercó hasta ella. No sé que le dijo. Acarició su canoso cabello antes de besarle tiernamente en la mejilla. Le quitó la sombrilla y se la colgó al hombro, mientras le tendía su brazo para que ella se agarrase a él y juntos seguir el camino hasta la casa.

No pude dejar de pensar en los años que llevarían realizando aquel mismo camino juntos y en cuantas veces podrían volver a recorrerlo. Pero, sobre todo, no pude dejar de pensar en aquellos que hablan de un amor perecedero. Porque allí, aquellos dos longevos bañistas, daban muestras del verdadero amor, del que supera la atracción física y el enamoramiento. El que permite que dos personas puedan pasar juntas toda su vida, y seguir amándose. Porque sus miradas lo decían todo. Ella necesitaba la ayuda de él. Él la necesitaba a ella.

Y sonreí, pensando que, tal vez, algún día yo también vuelva mis cansinos pasos para convertirme en bastón.

sábado 30 de mayo de 2009

La traición

El asesino se había abalanzado sobre las defensas, y había logrado impactar sobre los dos hombres que le atacaban. Sha'ab era muy superior a sus enemigos, más en ese estado de furia incontrolada en el que se encontraba. Pero las imágenes que brotaban ante sus ojos le impedían ver la realidad, y los golpes volaron sobre él.


-La gente de esta ciudad está loca. ¿todo el mundo tiene un arma y sabe usarla? Llegó a saberlo antes y me hubiera negado a entrar. ¡En mala hora abandoné mi campo!


Las palabras resonaron en sus oídos mientras perdía el sentido y caía al suelo. Desde allí, de vuelta a una realidad nubosa, pudo observar como sus enemigos recuperaban posiciones al otro lado de la barricada.


Maldición quien habla en a mis oídos, fue lo primero que pensó el asesino, sin embargo pocos segundos después ya veía la situación clara. Las cosas estaban saliendo bien, el suelo ya empezaba a tomar color rojo y en el aire se sentía el fétido olor a muerte, pero lo mejor era el gemido de los heridos, con un ultimo regocijo decidió que era hora de formular su estrategia.

Se retiró algunos metros de la barricada mientras cubría su herida con un pedazo de tela arrancada de sus vestiduras. Buscó a cinco soldados su compañía original, tres ballesteros y dos arqueros, no los mejores en su arte, simplemente los más capacitados físicamente.


-Caballeros escuchen- dijo mientras con una daga dibujaba en el suelo- Aquí estamos nosotros, y aquí las barricadas, sepan que no son impenetrables pero no quiero perder a ninguno de ustedes en el intento, debemos rodearlas y atacar por sorpresa-miró a cada uno detenidamente

Cuando la explicación terminó el mismo se colgó una pequeña ballesta en la cintura y encaro la marcha. Pensando que, tal vez, Evincar habría emprendido un camino que les uniese nuevamente. Y así era, el tabernero había iniciado la búsqueda, guiado por un pequeño perro y acompañado de Setusna. Los dos hombres comenzaron a correr por la ciudad, detrás del perro que los guiaba. Pese a su ceguera Setsuna no tenía problema alguno en seguir el paso del drow, es más, en alguna ocasión llegó a adelantarse e, incluso, a evitar que una flecha perdida atravesara la pierna de Evincar. Mientras atravesaban la ciudad en busca de Sha’ab, los dos pudieron observar como el caos se había apoderado de la urbe. Los incendios se estaban repitiendo por todos lados. De pronto, al doblar una esquina, se toparon con un grupo de agitadores. En sus manos aún se encontraban las antorchas encendidas. Sus rostros mostraron el miedo del que ha sido descubierto.


Evincar hizo un esfuerzo mental que nunca había intentado antes, con el objetivo de trabar contacto mental con Askanter - Conde, ¿esto funciona en dos direcciones??? - tratando de formular alguna frase congruente- ¿Askaster está ahí?.


La respuesta fue insntanea y los peores presentimientos de Evincar se hicieron realidad: -Ahora no tengo mucho tiempo Evincar, deberá ser en otro momento. Tenemos infiltrados, alguien ha dejado entrar desde hace tiempo al enemigo en la ciudad, ellos son los que desde dentro han creado todo esto...

viernes 29 de mayo de 2009

A Carlo Pedersoli

Saben, el otro día vi por casualidad un anuncio de un banco español y en él a uno de los héroes de mi infancia. Lo reconozco, aquel hombretón barbudo que daba golpes a diestro y siniestro siempre me enganchó. Aquel ser bruto, siempre malhumorado pero con gran corazón, llenó las lluviosas tardes de mi infancia de risas en casa de mi amigo Rubén, que tenía toda la colección de películas de Bud Spencer y Terence Hill. Y las veíamos todas, una tras otra.

Y son muchas las películas que este nadador, primero, y boxeador, después, reconvertido a actor tiene en su haber. Para mí, la mejor de todas ellas siempre fue “Le llamaban Trinidad”, uno de los mejores spaguettis westter de la historia, con todo el humor que tenía en su guión.

Y ahora, después de verlo en el anuncio de un banco, me doy cuenta que aquel actor que tantas y tantas tardes me alegró, se ha convertido en un viejo, no diré decrepito, que se burla de su pasado y, a la vez, lo homenajea haciendome recordarlo con una sonrisa en los labios. Así que, gracias Carlo Pedersoli por haber sido Bud Spencer



jueves 28 de mayo de 2009

Marca de Calidad

Saben, soy de buen comer. No puedo negar la realidad. Uno de los grandes placeres de esta vida es la de llenar el gaznate con buena comida y, a ser posible, hacerlo en buena compañía. Y lo cierto es que suelo hacerlo -llenar el gaznate- con bastante frecuencia y en diversos lugares. Tantos que al final he podido llegar a una conclusión irrefutable: la verdad que diferencia una venta de un ventorro.

Lo que convierte a ese lugar asqueroso y alejado de la mano de Dios, en un lugar digno en el que comer. Donde el cuidado y el esmero llega a todos los rincones y donde puedes saber qué lo que comes es lo que comes. Les hablo, por supuesto de la verdadera marca de calidad de las ventas a las que van. Únicamente han de entrar en el baño y, si tienen la suerte de toparse con él, sabran que están en buen lugar:




(ojo: no es una maquina de condones)



miércoles 27 de mayo de 2009

Nubes

Viajaba en tren. En el último asiento del último vagón. Miraba por la ventanilla, distraído, viendo como las nubes cobraban sentido en mi imaginación. Un trineo tirado por perros, que se transforma en un alado dragón, para dividirse en mi lpequeñas luciérnagas que doran sus colas con los rayos del sol.

Mi mirada vaga por un cielo cargado de esponjosas nubes. Hasta que la ventana por la que me asomo a ese mundo mágico se convierte en espejo. Reflejo de un rostro ausente y, sin embargo, siempre presente. Busco a aquella que cada noche acuna mi alma quejosa hasta dormirla con su ausente canto silencioso. Acompañando cada paso que doy, siempre viva en mi mente, en mi recuerdo, en mis sueños.

Un niño, sentado frente a mí en el último asiento del último vagón del tren, susurra a su madre:

-Mira, mamá, el hombre está llorando.

Y notó el cálido reguero de las lágrimas recorriendo mi rostro. Vuelvo la mirada a la ventana, a las nubes que se transforman, ante mí, en ella. En su mirada viva y sus ojos traviesos. En su sonrisa, en su complicidad. Su rostro convertido en dulce nube blanca, cubriendo el sol. Y su voz resuena en mi mente, como tantas veces antes.

-A ver si te echa’ una buena novia
-Si echarme, lo que se dice echarme, ya me han echado unas cuantas,.

Y el niño sentado frente a mí en el último asiento del último vagón del tren, susurra a su madre, sorprendido:

-Ahora, el hombre, se está riendo.

Y su anciano y dulce rostro me devuelve la risa desde el cielo.

martes 26 de mayo de 2009

El ídolo gaditano

¡Como se balancea la barca de grupas vacilantes,
aunque no sea una hermosa!
Hasta que ve la imagen que se alza sobre el ídolo,
brillante, dominando el mar de Cádiz.

Cuando desembarcamos a su pie
alguien nos dijo: ¿Maravillas son estas de griegos o de persas?
Pregunta en voz más baja, respondimos;
procura refugiarte en este puerto
de los vientos contrarios de la mar

(Musa Ibn Shujais. Fines s. X)

Entre las muchas leyendas que rodearon al Cádiz medieval, estaba la del ídolo de oro que coronaba el templo de Sancti Petri. La dorada figura de Hércules se mantenía impasible desde la Antigüedad, en lo alto de su atalaya, vigilando un fin del mundo que ya había sido superado.

Cuenta la Historia que fueron muchos los que trataron de alcanzar al ídolo pero que el miedo a la venganza del semi dios y la imposibilidad material de llegar hasta él lo salvaron una y otra vez de ser derruido. Y la vieja estatua erigida por los fenicios -nuestro Melkart no es más que el egipcio Hércules- se mantuvo firme en su posición. Al menos hasta que en el año 1145 (o 1146) Abul Hasán Ali Ibn Isa ibn Maymún, jefezuelo militar, la destruyera.

Pero el los muchos siglos transcurridos hasta su destrucción han permitido que lleguen a nuestros días fragmentos que nos la describen. El escritor andalusí del s. XII al-Zuhri nos dice "El ídolo de Cádiz era una almenara de cien codos de altura, construido sobre su base, de forma cuadrada, con pumita rugosa, negruzca y perfectamente trabajada; en sus ángulos se apoyaba en columnas de hierro, plomo y cobre rojo. Encima de ese paralelepípedo se alzaba otro, de un tercio del tamaño del primero, en cuya parta superior destacaba una pirámide; cada uno de los triángulos que la formaba constituía la prolongación de los lados del cuadrado que le servía de base. La punta de la pirámide estaba trunca y terminaba en una losa horizontal de mármol blanco de dos palmos de lado sobre la que aparecía una imagen antropomórfica de maravillosa naturalidad, equilibrio y tamaño; su rostro se volvía hacia occidente, donde está el Océano; y envolvía su cuerpo un manto, protegiéndose del norte; extendía el brazo izquierdo señalando con el índice hacia la entrada del Estrecho llamado al-Zuqaq, que sale del Océano y cruza Tánger y Tarifa, como si quisiera indicar el camino. La mano derecha salía por debajo del manto y se cerraba empuñando un bastón que parecía querer arrojar al mar" (en Dikr)

El andalusí al-Garnatí continua la descripción del ídolo que "tiene la mano izquierda hacia el Mar Negro (océano Atlántico), como apretando una llave. En este mar siempre hay olas como montes y ninguna embarcación puede entrar en él por sus muchos peligros. Dios sabe más". Y Yaqut, un oriental que vivió a caballo entre los siglos XII y XIII concluye "la mano derecha de la figura aparecía extendida portando una llave en actitud de cerrar el mar, al que señala como queriendo advertir: no atravesar"

El ídolo se convertía así en una señal de peligro en el fin del mundo. Un coloso amenazante que avisaba del peligro de la navegación por el bravo Atlántico. La Historia nos dice que el coloso de oro es real, que existió aquel ídolo que se cargó de leyendas en la antigüedad. Y que hubiera cargado de leyendas nuestro presente si no hubiera sido porque Abul Hasán, motivado por su ambición y sed de riquezas, ordenase la destrucción -piedra a piedra- de la torre para hacerse con su oro. Pero como la leyenda siempre es leyenda, el ídolo de oro no era tal. La gran estatua del Melkart gaditano era de cobre dorado (dicen algunas fuentes) o de latón con baño de oro (dicen otras). Sin duda, mucho menos valioso que aquello que representaba: el guardian de los marinos, el aviso al navegante que abandona la tranquilidad del Mare Nostrum para entrar en el Océano que lleva al fin del mundo.


domingo 24 de mayo de 2009

Diana Krall, Elvis Costello y Willie Nelson

Después de un viaje relampago y absolutamente demencial de solo dos días a El Escorial, hoy me van permitir que les deje un poco de buena música:

sábado 23 de mayo de 2009

El ataque de los draconianos

Robbel se habí­a transformado en un solo segundo. Los ojos de su enemigo parecieron salir de sus orbitas mientras los brazos del drow se convertí­an en plata. Iba a decir algo, pero justo cuando su boca se abrí­a, mientras su espada se dirigí­a hacia él, un golpe seco destrozó su abdomen, clavandole una lasca de su propia armadura en el pulmón. La daga chirrió estridentemente sobre la coraza del draconiano, mientras resbalaba sobre ella antes de abrir una fisura en el metal. El golpe sorprendió al guerrero, que no esperaba que una simple daga atravesara tan fácilmente sus defensas. El rostro del draconiano se congestionó según el aire comenzaba a escaparse por su costado. Buscó desesperadamente a su compañero, pero tan solo pudo ver como caí­a, envuelto en llamas, por la muralla exterior. Estiró su brazo hacia él, suplicando con la mirada que no le dejará solo con aquel ser, no tuvo fuerzas para empuñar la espada y cayó a los pies de aquel drow recubierto de plata.

Robbel observó a su alrededor, los enemigos continuaban llegando por la muralla, pero en menor número pues parecí­a que la batalla se estaba librando, ahora, en otro lugar. Pese a todo, el golpe no era mortal y, aunque un hilo de sangre empapo el cuero de su camisa, no impedirí­a que siguiera en lucha. Su enemigo lanzó un tajo hacia delante, pero el golpe recibido le habí­a hecho perder sus fuerzas y la hoja voló sobre la cabeza de Robbel. Que vio como desde el lateral, un segundo draconiano se lanzaba al ataque. Pero el draconiano no debia esperar lo que ocurriría. Julia y Martina, las dagas del drow, cobraron vida, y una tormenta de fuego y hielo se desató. Robbel adelantó la daga y su espada de fuego voló hacia el cuerpo del segundo de sus enemigos. Aún le quedaba un as en la manga, pero si con eso bastaba mejor no malgastar recursos.

-¡Sigamos bailando, señores, sigamos bailando!

El draconiano cayó al suelo sin entender como aquel insignificante drow habí­a podido dañarlo. Habí­a intentado seguir luchando, pero las fuerzas le fallaron con tanta rapidez como la sangre brotó de su boca. Con un último aliento, se retiró el casco, dejando a la vista su rostro ensangrentado que no entendí­a como podí­a haber muerto de aquella estúpida manera. No le dio a tiempo ver como la espada de Robbel volaba hacia su compañero, que tan solo pudo saltar a un lado, pero no lo suficiente como para que el fuego de aquel acero mágico quemase parte de sus ropas.

El tercer de los draconianos, observaba la escena, por primera vez un grito surgió de sus labios. Aquel baile que le proponí­an no le valí­a, pero no podí­a retroceder. Al menos morirí­a luchando y no convertido en... preferí­a no pensarlo. A la par que gritaba se lanzó hacia delante desesperadamente, dirigiendo su espada al rostro de su enemigo.

viernes 22 de mayo de 2009

Sir Arthur

El 22 de mayo de 1859 nacía en Edimburgo Arthur Conan Doyle. Hoy se cumplen el 150 aniversario de la venida al mundo de este genial hombre que quedó oculto por sus propias creaciones.

Doyle estudio medicina en la Universidad de Edimburgo, comenzando a escribir cortas historietas para el periodico Chambers y Luink. Graduado, marcha a Portsmouth, donde intercala su labor como médico en su pequeña clínica, con los deportes: rugby y fútbol (siendo, por cierto, el primero portero que tuviese el equipo de la ciudad). Y, por supuesto, continará escribiendo.

Su vida, estuvo marcada por el infortunio. En 1885 contrajó matrimonio con Touie Hawkins, que moriría enferma de tuberculosis en 1906 después de haberle dado dos hijos. Pero Arthur siempre estuvo enamorado de la joven Jean Leckie, desde que la conociera en 1887 y con la que mantuvo un largo romance hasta que, tras la muerte de su primera esposa, formalizasen su realción.

Doyle fue, además, un reconocido espiritista y alguna de sus teorías recorrieron el mundo interesado en esos temas. Nadie dudaba de la veracidad del gran escritor, cuyo prestigio no disminuyó pese a posicionarse a favor de esos temas ni de su escaso exito como oftalmólogo.

Pero, sobre todo, Doyle fue el padrre de Sherlock Holmes y de George Edward Challenger, protagonista de novelas como “El Mundo Perdido” o “Las tierras del Misterio” en el que se recogían, por cierto, las teorías espiritistas de Doyle.

jueves 21 de mayo de 2009

El origen de la escritura

Desde que llegué a Ubi Sunt? he conocido a muchas personas y algunos personajillos. Entre ellos una autollamada la “Bruja de la UNED”. Una mujer singular, divertida a veces, insoportable otras. Las más, inesperadas. Recuerdo ir con ella en el coche, camino del yacimiento fenicio de Doña Blanca (El Puerto de Santa María), circulábamos felices por el Puente Carranza, cuando un grito no ahogado estuvo a punto de hacerme saltarme las defensas camino de la Bahía:

-¡Para!¡Para! Eso es Tiro, ¡Míralo! es Tiro... claro, claro.

Y mientras me golpeaba para que allí, en mitad del carril del puente, me parase. Cosa que no hice, claro. Aunque ella insistía mientras yo conducía y pensaba ¿Tiro?¿Tiro? Dos te pegaba yo a ti. Al final paré, en otro lado, sobre un puentecillo apartado que permitía una bonita imagen de la isla del Trocadero.

Pero nuestra lucha con la “Bruja de la UNED” no terminó ahí. Llegados a DoñaBlanca quiso subir a un cerro, para ver el “Mar Interior” que hoy es campiña jerezana. Allí subimos, y tan loco andaba yo ya que, al aparcar, no puse el freno de manos bien... todos saltamos al interior del coche y logramos evitar lo peor que podía pasar: que el coche bajará el cerro solo... y por el barranco. Pero lo salvamos.

Lo que no pudimos salvar fue su paso por la Facultad y el Museo Provincial –que llegué a odiar, lo prometo, después de visitarlo con ella- En la Facultad fue pasando por despacho y despacho. Pero he de reconocerles que haber visto los rostros de nuestros queridos profesores y catedráticos no tiene precio. Mientras ella iba poco a poco desgranando sus argumentos para defender que la escritura no había nacido en Oriente, no. Para ella había nacido en Huelva. ¡En Huelva! Y habían sido los gaditanos los que, cuando llegaron aquí los fenicios, les convencieron de usar esas extrañas marcas para entenderse. Y los fenicios, que eran listos como los gaditanos, dijeron:

“Po güeno”

Pero los andaluces siempre fueron muy humildes, así que pensaron que mejor, que se creyeran –los fenicios- que habían creado el lenguaje escrito y así no vendrían pesados y sesudos arqueólogos a rebuscar entre sus huesos 3000 años después.

miércoles 20 de mayo de 2009

San Servando y San Germán. Patrones de Cádiz

Publio Elio Marcelo, centurión de la VII Legión Germina Pía Félix, nació en León, aunque Jerónimo de la Concepción llegase a decir que vio la luz en la siempre grande Gades, ciudad de los Balbo. Casó con Nonia, que le dio 12 hijos. Santa mujer donde las hubiese sufrió en carne propia, como madre y esposa que era, el castigo y dolor infligindo sobre sus hijos y esposo. Publio Elio Marcelo recibió la orden de marchar a la provincia africana de la Mauritania Tingitina, donde morirá degollado tras hacer pública su fe en Cristo y negarse a celebrar la fiesta del nacimiento del emperador Valerio. Su santa esposa subiría a los altares, junto a Publio Elio Marcelo, como mártir de la fe con la muerte más dolorosa posible: la que se produce por la pena.

Los doce hijos de Publio Elio Marcelo, más tarde San Marcelo, y Nonia seguirían los pasos de sus progenitores. Claudio, Lupercio y Victorio fueron degollados en León. Celedonio y Emeterio alcanzaron el martirio en Calahorra. Acisclo y Victoria, y Fausto, Januario y Marcial en Córdoba. Y Servando y Germán, en Cádiz, en el 304, por mandato de Viator, prefecto de Roma.

Y son, precisamente, los dos últimos los que hoy me llevan a escribir: Servando y Germán, legionarios de Roma, servidores de Cristo y patrones de la muy noble Cádiz. Sufrieron la persecución de Adriano, delatados por sus compañeros de armas como cristianos y confesando su fe en Jesucristo fueron encadenados de pies y manos y confinandos en prisión hasta que su voluntad se rompiera. Pero terrminaron antes las persecuciones que su voluntad. Y, nuevamente libres predicaron con más ardor y valentía la fe de Jesucristo hasta conseguir numerosas conversiones.

La persecución de Diocleciano coincido con el gobierno en Mérida de Viator, prefecto romano y ferviente pagano. Que mandóz prender nuevamente a Servando y sometiendolos a nuevos y crueles tormentos. Pero, cuenta la historia, nada pudo quebrantar la fortaleza de los mártires. Ni la escasez de comida, ni de agua, ni la falta de luz y movilidad. Tanta fue su fuerza de voluntad de seguir los caminos de Dios, que Viator, tras recibir orden de marchar a la provincia Mauritana, decidió llevar a los dos hermanos consigo.

Cargados de cadenas y caminando descalzos, tuvieron que realizar el camino de Mérida a Cádiz. Viator desesperó ante la inquebrantable voluntad de Servando y Germaá y, en el año 304 en el Cerro de los Mártires (San Fernando), ordenó su decapitación.

En los años 662 y 674 encontramos las primeras referencias al culto de los dos hermanos que, desde 1619, serán patrones de la ciudad de Cádiz.

martes 19 de mayo de 2009

Guía del viajero no precavido (II)


O como recorrer Europa en 15 días visitando Suiza, Alemania, Austria, Hungría, Eslovaquia, Polonia e Italia. Más otros países, de paso.

By Cathan Dursselev, Naty Mutambo, & Maríadel Monrri


Empezaremos esta guía por el final:

8º.- En Cádiz no hay trabajo y la gente se va fuera a trabajar. Quien tiene un amigo tiene un tesoro y en este caso, un techo. Si eres gaditano, recuerda: todos somos amigos.

En nuestro caso, nuestro amigo gaditano trabaja y vive en Zurich. Pero saben, no solo de techo vive el viajero. El buen amigo gaditano, además, es capaz de recorrer kilómetros y kilómetros de carretera en busca de sus otros amigos llegados de Cádiz. Así que recuerda, ya que vas a gorronear cama y techo, gorronea vehículo y chófer. Pero no seas tacaño. El gaditano de pro se “estira”: paga la gasolina a escote. Pero si tu amigo chófer viene con novia, se justo: cuenta con ella. Al fin y al cabo también ocupa asiento en el coche.

Una vez en la casa de tu amigo, y asumiendo que tiene coche, úsalo. Ya que vas a estar varios días en la casa, aprovecha para conocer la zona. Recuerda, además, que hay lugares pequeños mucho más interesantes que las grandes ciudades. Y, porque no decirlo, más barato. Ya que tienes un coche y un chófer autóctono.... ¡no cojas el tren!

Por último recuerda.... por más que estés limpio, después de cuatro días eres como el pescado muerto, hueles. Vete antes. Y cuando te vayas, cuida tu lenguaje. Si tú eres el anfitrión has de tener en cuenta como se despide tu gaditano huésped:

A- Nos vemos, pisha.
B- Killo, si algún día vas por Cái, llámame
C- Cohone, a ve’ si baja por carnavale', y no' echamo' unas cervecilla' en er Manteca.
D- Te juro por mi mare que esto no lo voy a olvida’ en la vida. Vente pa’Cái cuando quieras, con tu novia, tu muje', la suegra y hasta lo' niño'.


TRADUCTOR GADITANO-CASTELLANO

A- Si algún día volvemos a vernos, te invitaré a tomar algo.
B- Si vas por Cádiz, llámame y te busco un sitio barato donde dormir.
C- ¿Cuando vas a venir? Mi casa es tuya.
D- Cómo vengas por Cádiz te parto las piernas, te ato una piedra ostionera al cuello y te tiro a la Caleta.

Así que ya sabé, querido anfitrión, si quiere recoger los frutos de su invitación: portese bien. Y usted, viajero, aproveche esos días. Después tendrá que pagar el techo y el coche.

lunes 18 de mayo de 2009

Experimento socio-gaditano

El Hetero era peculiar. Muy peculiar. Y tenía un humor que a veces rayaba el absurdo. Pero que hacía nuestras delicias. Aquel día era uno de esos en los que mi amigo se encontraba inspirado. Es más, nuestro amigo, con ese humor peculiar, fue un adelantado a su tiempo. Lo recuerdo apoyado en la pared, en la calle Ancha, mirándonos con esa mirada picara que ya conocíamos.

-Vamos a hacer un experimento sociológico que sólo podría hacerse en Cádiz.

Y nosotros que, hasta que en el 2000 se estrenó Gran Hermano, no sabíamos que era eso le seguimos en su experimento. Nos apoyamos en el portal, junto al acristalado escaparate. En fila de a uno. Mirándonos y esperando. En ese momento el Hetero lanzó un

-A ver sí abren y reparten los...

Todos le seguimos el rollo, y durante un rato hablamos de el reparto de algo en aquella tienda cerrada.

-Si, es verdad, ya lleva una hora de retraso.
-Claro, como todos estamos esperando para conseguir uno.
-Se aprovechan de nosotros. Estoy harto de esperar.

Al final, al cabo de media hora apoyados en aquel acristalado escaparate de una tienda cerrada, decidimos irnos. La señora que estaba detrás de nosotros nos preguntó que si estábamos seguros.

-Y tanto, señora, y tanto.

Fue la respuesta del Hetero, mientras comenzaba a reír ante la decena de personas que ya habían seguido nuestra cola esperando recibir un algo que nunca sabrían que era.

-Confirmado- nos dijo el Hetero muy serio- en Cádiz dices que algo es gratis y la gente se pone en cola sin saber por qué está esperando.... mañana probamos a mirar el techo, a ver que ocurre.

Y es que el Hetero, de vez en cuando, era demasiado pedante.

domingo 17 de mayo de 2009

¡REVIENTA CARRANZA!

Subimos y lo celebramos:




Bajamos y lloramos:



y, luego, lo festejamos, porque el fútbol es risa, es diversión:



Y seguimos bajando para volver a subir. Esta noche ¡REVIENTA CARRANZA!



Porque ser cadista es mucho más que seguir a un equipo

sábado 16 de mayo de 2009

Los tuneles

Sarverius vio salir la flecha e intento actuar rápidamente enviando a su ghoul contra el arquero, pero la flecha ya había salido del arco cuando el ave se abalanzo sobre el infeliz guerrero, que cayó de las murallas. La flecha se clavó en un costado de Sarverius, que se vio obligado a retroceder hacia el borde de la muralla. Pero lo peor estaba por venir, un segundo virote impacto en el vampiro. No iba a morir por una simple flecha, pero el golpe fue terrible. Al igual que el arquero, también Sarverius se precipitó al vacío.... Pero su caída se detuvo a mitad de camino, en un pequeño saliente de la muralla utilizado para recoger el agua de lluvia. Rodó hasta el interior del aljibe. Sus ojos no necesitaron habituarse a la oscuridad para observar que la luz no entraba más que por un pequeño orificio, por el mismo por el que había caído el vampiro. No estaba herido, pero no había calculado bien su caída. Sarverius cogió la flecha con la mano derecha y con un golpe seco se la arrancó. Un gran chillido salió de su interior a la misma vez que invocaba sus poderes vampíricos para empezar a curar la herida producida por la flecha.

Observó satisfecho que la armadura había absorbido parte del ataque. La flecha había entrado en su cuerpo, y el golpe era considerable, pero nada que la magia no pudiese solucionar. Lo peor era la pérdida de sangre, aquello no era bueno, debía encontrar la salida. Pero el lugar por el que había entrado se encontraba varias decenas de metros más arriba y no se encontraba con fuerza para ascender. Un chillido estridente le avisó de la presencia de una rata, que corrió bajo él para perderse por una oquedad de la pared, por donde se escuchaba correr el agua.

Sarverius comenzó caminar por los túneles, buscando una salida y algún animal con el que alimentarse. Sin embargo, aquella agua estaba limpia, y parecía que era mantenida así gracias a la magia de la ciudad. Por más que buscó, no encontró ningún ser vivo. Tan solo le quedaba buscar la salida de aquel gran aljibe, y la corriente le indicaba donde estaba la salida. Un chapoteo se escuchó en el agua, como si alguien hubiera caído dentro de los túneles. Allí, cualquier ruido era mucho mayor. Sarverius contacto con sus animales. Intentó ver con los ojos de su búho, pero este ya le había avisado: alguien había entrado tras él.

viernes 15 de mayo de 2009

Vidas que no merecían ser vividas

El 9 de diciembre de 1946 comenzó en Núremberg el Juicio de los Médicos. Los 23 acusados, en mayor o menor grado, habían estado implicados en una operación secreta conocida como Aktion T4, que se inició en 1939 y que consistió en la eliminación de enfermos mentales, niños con discapacidades hereditarias y adultos improductivos. Bajo la premisa hitleriana de ser “Vidas que no merecían ser vividas” y bajo la idea de mantener la pureza de la raza aria.

En 2009 el gobierno español ha presentado una ley abortiva que permite la eliminación niños con discapacidades físicas y mentales. Una ley que, entre otras disposiciones, dispone que las mujeres podrán interrumpir su embarazo por malformaciones fetales que se descubran después de la semana 22 aunque la anomalía no sea incompatible con la vida del feto siempre y cuando éste padezca una enfermedad extremadamente grave e incurable.

Y uno se pregunta ¿no es el síndrome de down una enfermada grave e incurable? ¿que pasa con los niños que nacen albinos? También es una enfermedad incurable. ¿O con esclerosis? Y, ya puestos ¿y la ceguera o la sordera? ¿Todos ellos tienen vidas que no merecerían ser vividas?



Esta ley presentada por el gobierno del PSOE, abre infinidad de posibilidades para el infanticidio... infinidad de excusas para acabar con la vida de inocentes. No entraré en aspectos morales -Quienes me conocen ya saben lo que pienso sobre este tema.-Ni en temas bióeticos que se escapan a mi entendimiento. Pero no puedo dejar de pensar en ese niño, de 22 semanas, que se desarrolla en el lugar que debiera ser más seguro del mundo, protegido por la persona que más debería quererle del mundo. No puedo dejar de preguntarme si ese niño, de 22 semanas, tiene una vida que no merecería ser vivida.

¿Acaso alguna vida no merece ser vivida?


jueves 14 de mayo de 2009

La cocina

-No veo yo esto. De verdad que no. Si ya lo tenéis ahí dentro ¿porqué no lo matáis y punto?
-No, Abadon, las cosas no son así. Hemos decidido cambiar las reglas del juego.
-¡Ah! De puta madre. Cambiamos las reglas. Hemos decidido.... ¡pero yo no he abierto la boca! Solo me queréis para usarme.
-Si- Daira, como siempre, muy franca.

Me miré al espejo mientras terminaban de arreglarme. No parecía yo. En nada. Pero he de reconocer que la cosa tenía su punto. Eché la melena atrás, observando el color rojo que las lentillas habían dado a mis ojos. Escuché al ínclito gritar desde el interior del cuartucho. El calor salía por las rendijas de la puerta por la que entraría cuando estuviese listo. Y el momento estaba a punto de llegar.

Atravesé la puerta y no pude más que sorprenderme por el cambio que nuestro club de lectura había experimentado. Sino supiera la verdad hubiera podido jurar, pardiez, que estaba en el mismo infierno. Caminé hasta el cartagenero, que estaba en el suelo, sudoroso. Los ojos fuera de sí.

-Veo que ya conoces el infierno. ¿Te gusta?- no me respondió- Ya ves. La vida da muchas vueltas y al final, tú, has acabado aquí, conmigo. ¿Quién lo iba a decir?.

Lo miré. Aguantando la risa que me entraba ante el miedo atenuado de Arturo Pérez-Reverte. El sudor comenzaba a correr por mi rostro, pequeñas gotas que me recordaban quién era en realidad. Él estaba empapado en sudor, tumbado en el suelo mirando el estrellado cielo pintado por la genial Cecia. Sin duda habían hecho un gran trabajo. Aún no sabía como pensaban matarlo, pero aquel lugar me gustaba. La casa de Nidia había dado un cambio radical, pero me encontraba a gusto en la remozada cocina.

-Veo que no sabes quién soy ¿verdad? Pero yo a ti sí te conozco. Te conocí en una tasca, después, claro, de leer alguna de tus horrendas criaturas - “¡Dile que Trafalgar es una mierda!”, me gritaba Daira por el pinganillo acoplado a mi oreja- Aún no entiendo como manchaste el nombre del otro Pérez con esa mierda de Trafalgar. ¡Coño! Solo por eso mereces morir.

-“¡NO!”- ahora era Nidia la que me gritaba- “Dile que hemos decidido perdonarle la vida. Pero que no lo vuelva a hacer”

-¡REPARDIEZ!¡COGOENLA! ¿cómo me venís ahora con esto?- Reverte me miró, asombrado de mi extraña reacción. Asustado de mi locura. ¿Pues no estaba ante un demonio que lanzaba gritos al techo pintado de una cocina?
-¿Quién eres? ¿Porqué quieres matarme?
-Mira, Arturito, no. He decidido no matarte.... o lo han decidido otras. Por dos razones fundamentales. Primero porque eres un hijo de puta con suerte que ha sobrevivido a dos intentos anteriores.
-¿Las vinagretas?
-Y la aerofagia, sí, fuimos nosotras. O nosotros. Pero, además, porque, ¡qué coño! Me invitaste a jamón en el Veedor, y eso -dije golpeándome el pecho con el puño cerrado- Eso no se olvida. Además, si te mato ahora no me enterare del final de Alatriste.

Se levantó, caminando lentamente hacía la puerta. Sabiendo que allí estaba la salida.

-Pero, cartagenero, de esto ni una palabra... como me enteré de que se los ha dicho a alguien me veré obligado a ir por ti. Y los demonios casi nunca cumplimos nuestras promesas, pero si las amenazas.


Abrió la puerta, me dejo salir, y me precipite al vacío.

-Pero que hijas de puta que sois... -acerte a decir mientras el suelo ascendía hasta mí. O yo descendía hacia él.
-Ves Nidia- escuché por el pinganillo- matar al demonio era más fácil que acabar con el cartagenero cabrón.

miércoles 13 de mayo de 2009

Ojos azules

¡Mierda! El cartagenero lo ha vuelto a hacer. Ese ser despreciable y egocéntrico, ex reportero televisivo metido a escritor lo ha vuelto a conseguir. ¡Lo odio! Pero cada día estoy más convencido de que mi odio no es más que envidia, y de que la envida no es más que una cruel forma de admiración. Porque, ¡pardiez! he caído nuevamente en sus garras literarias. Con otro pequeño opúsculo, como ya caí años atrás con La Sombra del Águila, una de las novelas cortas mejor desarrolladas, más irónicas y entretenidas que he leído jamás. Y les aseguro que he leído más de lo que una vida social sana aconseja.

Soy ferviente seguidor de la novela histórica de Reverte, y tengo el gusto, placer y hasta deber de tener en mis manos solo primeras ediciones de su Alatriste (con la consiguiente cara de mosqueo de algún librero al ver como le devolvía la segunda edición del capitán). ¿El resto de novelas del ínclito? No, gracias.

Pero con Ojos Azules ha vuelto a llevarme hasta su terreno. En poco menos de 50 páginas, (y con letra enorme y formato muy pequeño) Reverte crea un personaje complejo. Un español de su época. Un conquistador. Un soldado. Con la profundidad que un hombre de ese tipo requiere. En esas pocas páginas te lleva a las puerta de Tenochtitlán, en un lluvioso día de 1520, te hace sentir los tambores en tu interior. Te hace sentir el miedo, la inseguridad y hasta el amor de un anónimo soldado del que solo conocemos un dato: sus ojos son azules.

Una miniatura indispensable para el buen lector.... y lo digo yo, que cada jueves intento matar al cartagenero cabrón.

Por cierto, el libro se acompaña de unas magnificas ilustraciones como la que pueden ver ahí, realizadas por Sergio Sandoval.

martes 12 de mayo de 2009

De doblajes y doblados

De un tiempo a esta parte he descubierto el placer de seguir las series en versión original -subtituladas, las más de las veces, he reconocerlo- hasta el punto que me resulta raro escuchar el español cuando estoy viendo alguna de ellas y no han sido rodadas en nuestra lengua patria.

No voy a ser tan estúpido de decir que no veo nada en español. Lo hago, por supuesto. Pero he descubierto ese pequeño matiz que hace que una serie sea realmente buena. Y es que, por muy bueno que sea el doblaje al español (que en ocasiones es magnifico) siempre se pierden detalles del original. Por no hablar el tema de las voces. La elección de una voz puede destrizar totalmente una serie. Algo que pasa, por ejemplo, con The Big Band Theory, una de las mejores comedias actuales. Nada mejor que un ejemplo gráfico:



Pero en español...




la voz de Sheldon es la de un pedante, no la del genio que es, inocente y casi infantil. Carente de maldad.

Algo parecido se puede decir de otras series. Una de las más maltratadas por el doblaje es Leverage. Traducida al español como Las reglas del juego, donde los productores no han tenido, ni siquiera, el detalle de respetar la voz del oscarizado Timothy Hutton.

Pese a todo, no debemos decir que todo es malo. Doblajes como el realizado en True Blood son de una calidad extrema. Desgraciadamente no todas las series pueden decir lo mismo. Y, desde luego, una vez que uno salta a la versión original, no querrá ver el producto doblado.

lunes 11 de mayo de 2009

La niña y el perro

Ella iba de blanco impoluto. Guapa como una novia el día de su boda. Pero no era una novia el día de su boda. Era gordita, pero estaba guapa con su traje de primera comunión. La primera vez que la vimos, correteaba por la calle. Feliz. Era su día grande. La segunda vez que la vimos, estaba sentada en un banco. Su madre le limpiaba el traje, que se había manchado a causa de las palomas y sus defecaciones. No lloraba. Pero ya no corría. Y entonces se acercó la mujer. Vestía chándal y zapatillas de paño. Y llevaba un perro de esos pequeños y feuchos que, como los gremlins con el agua, se multiplican por Cádiz últimamente. Se detuvo para ayudar a la niña y entonces ocurrió.

Nosotros ya habíamos dejado a la niña atrás. No vi su rostro. Ni siquiera sé si ella se dio cuenta. Pero la vieja del chándal y el perrito estaba junto a nosotros en un solo segundo. Y comenzó a hablar sin que nadie se lo pidiera.

-Es que él es así, sabes. Va por la calle muy tranquilo. Pero cuando me paro, levanta la patita y se mea. El otro día lo hizo con unos jóvenes. Yo me hice la loca, y me largué...

En ese momento, tomé a mi acompañante por los hombros y la puse entre el perro-gremlin y yo. Miré de soslayo a mi espalada y vi como la madre de la niña, que pese a todo seguía guapa, secaba el traje de la niña gordita. Nos miramos, con un “oju” en la mirada.

-Pero bueno, tampoco pasa na’. Hizo la comunión la semana pasada. Hoy sólo iba a sacarse fotos... con que no la saquen de cuerpo entero.

No pudimos resistirnos, ralentizamos el paso y, finalmente, nos echamos a reír pensando simplemente “¡esto es Cádiz!”

domingo 10 de mayo de 2009

La feliz mujer que no creía en el amor

Cuenta la historia que la mujer que vivía en la casa era feliz. Tanto que no creía poder ser más feliz. Tanto que negaba la posibilidad de mayor felicidad. Cuenta la historia que algo cambió un día. Que el corazón de la mujer se convirtió en piedra. Cuenta la historia que una maldición cayó sobre ella: jamás amaría, jamás volvería a creer en el amor. Cuenta la historia que un joven bardo, trotamundos y ajado gentilhombre, llegó hasta la puerta de la casa en la que vivía la feliz mujer que no creía en el amor. Y ella le dejó entrar.

Cuenta la historia que el trotamundos acudía junto a la mujer cada vez que visitaba la lejana isla donde se elevaba la casa. Cuenta la historia que el corazón labrado en piedra por una maldición comenzó a resquebrajarse. Lentamente. Pausadamente. Sonoramente. Latía por cada rendija de la piedra rota. Y cada vez que el bardo acudía en su auxilio, otra lasca de dura piedra se desprendía del alma de la mujer feliz que no podía amar.

Y el bardo acudía cada vez más. Un día cabalgó hasta la casa a lomos de un unicornio. Blanco como la nieve, fuerte como un dragón. Y le pidió a la mujer que le acompañará hasta la la luna. Y ella fue. Y otra lasca, ahora mayor, se desgajó de su alma. Y fue feliz y creyó en el amor al lado de su ajado trotamundos. Pero cuando se fue pensó: “No puedo ser feliz. Él no puede hacerme feliz. No puedo amarle. Él no puede amarme”

Pero él volvió otra vez más. Y el corazón de piedra se transformó en barro latiente cuando él la llevó a recorrer los jardines del viejo palacio imperial. Cantando a la luz de una luna, que ya conocían, las verdades de su amor. “No puedo ser feliz. Ella no puede hacerme feliz. No puedo amarle. Ella no puede amarme”. Y uno y otro comenzaron a negarse el amor. Pero cada día que pasaban juntos el amor era mayor. El ajado bardo trotamundos siguió su camino, pero su camino era el de ella. Y cada día, desde la lejanía, hermosos pájaros de fuego volaban hasta la casa de la mujer feliz que no podía amar. Traían mensajes de amor del bardo trotamundos que la amaba, pero no podía amarla. Cada día ella le respondía. Negándose a amarle. Sabiendo que le amaba. Su corazón de barro seguía su transformación, sintiendo que el amor le daba fuerzas en cada latir. Pero él estaba lejos. En lejanas y exóticas tierras. Rodeado de mujeres y placeres. “No puedo ser feliz. Él no puede hacerme feliz. No puedo amarle. Él no puede amarme” Y él pensaba en ella “No puedo ser feliz. Ella no puede hacerme feliz. No puedo amarle. Ella no puede amarme”

Pero cada día, el bardo y la mujer, esperaban ansiosos las llegada del pájaro de fuego que le traía la carta del otro. Que le daba vida, que le daba fuerza. Pero cuando el pájaro marchaba en busca de la persona amada los dos pensaban: “No puedo amarle. No puede amarme”. Y sus corazones se volvían duros, como la piedra.

Cuenta la historia que un día un viejo mago llegó a la ciudad. Observó a la mujer feliz que no podía amar y dijo:

-No hay maldición que pese sobre tu corazón. Sólo el miedo a ser más feliz, el miedo a perder esa felicidad. Y no hay peor maldición que el miedo, que la cobardía, que la falta de atrevimiento. En el amor hay que atreverse. Hay que avanzar sin pensar. Sin miedo a equivocarse. Porque el amor real llega y cuando llega es inesperado. Puede aparecer en cualquier lugar. En los ojos de un amigo, en los brazos de un desconocido, en las letras de un trotamundos, en las palabras de un viejo sabio. Pero sí el miedo te atenaza, sino arriesgas a dar un paso más, jamás alcanzaras la felicidad. Porque en el amor el miedo es la única maldición.

Cuenta la historia que la mujer feliz que no podía amar siguió su camino, sin miedo. Y el joven bardo, trotamundos y ajado gentilhombre, el suyo, paralelo al de la mujer feliz que ya podía amar porque no tenía miedo.

Y el mago... tuvo miedo.

pd. Para la mujer del banco: espero que te guste. No sé cuando te volveré a ver.... así que te lo dejo aquí con un par de días de retraso ;)

sábado 9 de mayo de 2009

Las murallas del Oeste

Todo parecí­a en calma en aquel lugar. Los soldados patrullaban por los caminos de ronda, mirando al interior de la ciudad, más que al exterior. Los ejércitos enemigos continuaban al fondo, casi en el horizonte. Silenciosos, callados, sentados en su campamento como quien mira las estrellas en una noche sin luna.

El capitán de la guardia, sin embargo, se mostraba inquieto. Habí­a algo en todo aquello que no le gustaba.

-No lo entiendo, Gilles. ¿Porqué no nos atacan por esta banda? Dicen que en la puerta norte el olor es insufrible, que esos locos están lanzando cuerpos mutilados de los infelices campesinos que no lograron llegar a la ciudad. En el resto, están lanzando de todo, y el asedio está en marcha. Parece como si quisieran tomar la ciudad en un dí­a, como si no quisieran que la noche les cogiera en la lucha. Y sin embargo esta muralla no ha sido tocada. Sigue virgen en esta maldita guerra.

Gilles lo miró sin asombro. Habí­a estado en muchas batallas, sobre todo con Fururland. Y habí­a participado en algunos asedios, así­ que el también entendí­a la preocupación del capitán. Estaba a punto de contestarle cuando vio como se desfiguraba el rostro del oficial. La muralla tembló bajo sus pies un instante. Solo un segundo. Pero lo suficiente para comprender lo que ocurrí­a. Ninguno de los dos necesitó palabra alguna. Sus ojos mostraban el miedo, el sudor indicaba la cercaní­a de la muerte. Un leve susurro serví­a para pedir ayuda a los dioses. Para despedirse silenciosamente de sus seres queridos. Un simple segundo.

La ciudad entera vibró con la explosión. Trozos de muralla cayeron aquí­ y allí­, acompañados de los cuerpos de aquellos que vigilaban el oeste. El griterí­o de los hombres de Frikigard quedo silenciado por el ruido de los cascotes al chocar contra el suelo. Donde antes estaba la muralla, ahora solo se veí­a un enorme socavón humeante. Los sitiadores habí­a minado la defensa de la ciudad. Mientras el ataque se distribuí­a uniformemente por el resto de la capital del reino, la muralla del oeste se habí­a mantenido limpia de ataques. Pero bajo el subsuelo, expertos mineros venidos del otro lado del mundo hací­an su trabajo....

A lo lejos, los hombres y las bestias se prepararon para la lucha. Su rugir se mezcló con el dolor de los ciudadanos.

El capitán y Gilles resbalaron por el tejado puntiagudo de la torre de una casa. Sus ojos abiertos aún reflejaban el rostro de la muerte...

viernes 8 de mayo de 2009

El buen morir en el mundo tardo medieval gaditano

El hombre medieval no separaba tajantemente muerte y vida. El cristianismo le había enseñado que la muerte era un momento de transición, de puente, un peaje hacia otra vida mejor. Por lo que la muerte era un momento más de los que debían vivirse en el paso por la existencia terrenal. Y aquí es donde los testamentos cobraban gran importancia ya que en ellos se dejaba consignada la voluntad de quien se sentía cercano a la muerte. A través de los testamentos podemos observar la idea que del final del ciclo vital tenía cada individuo, mostrando no pocas veces el miedo a lo que a vendrá después y, en el caso que nos ocupa -a caballo entre la Edad Media y la Moderna, en una sociedad plena y profundamente cristiana-, la esperanza de una vida futura junto a Dios. Desgraciadamente, el saqueo que sufrió el archivo gaditano en el asalto anglo-holandés de 1596 no ha permitido conservar ningún documento anterior a 1538. En este pequeño artículo, realizaremos un acercamiento a la preparación de la muerte en Cádiz a través de tre s de los documentos conservados, los testamentos de Ana L ópez , Fernán González, y Martín Martínez Aynsa, todos fechados en 1538 en la escribanía de Alonso de Medina.


El testamento de Ana López se inicia con una de las profesiones de fe más hermosas que hemos logrado documentar, y que no hemos podido dejar de reproducir integra ya que por sí sola nos muestra la profunda religiosidad de la testadora y su idea de la muerte venidera: En el nombre de Dios y de la Gloriosa Virgen Santa Maria Ntrª Sª sepan quantos esta carta de testamento cerrado vieren como yo Ana Lopes bibda muger que soy de Juan de Goleda difunto, vecina que soy de esta muy noble e muy leal cibdad de Cadiz, estando enferma del cuerpo e sana de la boluntad y en çeso y entendimineto y buena memoria tal qual Dios Nuestro Señor quiso y tubo darme, y creyendo como creo bien y berdaderamente en la Santisima Trinidad, padre, fijo, e Espiritu Santo tres personas un solo dios berdadero e bendito que vive e reyna sin fin y temiendome el acabamiento de este mundo breve e fallecedora de la qual ninguna persona se puede ebaiçar e [decidido] poner mi almma en la mas lenta, santa y berdadera carrera que yo pueda hallar por llegar [ante] Nuestro Señor e [ante su] madre e por mi almma salvar otorgo e me hago e ordeno este mi testamento e mandaren [lo] en el contenidas a honor de Nuestro Señor y de su Gloriosa Madre con toda la corte celestial.

Una preparación espiritual que nos muestra a una mujer profundamente religiosa, que busca morir en gracia divina para lograr que esa lenta carrera sea lo más breve posible. Donará sus posesiones terrenales para que sean usadas en “honor de nuestro Seño r”, y el estudio del testamento nos indica que no son pocos los bien es que dejará a la diócesis local con el fin de reducir la espera lejos de Dios, aunque sin olvidar a aquellos que están junto a ella en la vida terrenal. Y es que, pese a que la Iglesia pide a sus fieles el reparto de la riqueza entre los más necesitados –el propio Jesucristo le dijo al joven rico vende todo lo que tienes, y dalo a los pobres, y tendrás riquezas en el cielo - el hombre medieval –y el que aquí nos ocupa es heredero directo de él- encontró un método mejor de acercarse a esas riquezas, reduciendo las donaciones en vida y mostrando mayor generosidad ante la presencia cercana de la muerte. Esto ha provocado que algunos autores definan al hombre tardo-medieval como profundamente materialista, llegando a convertirse en una tragedia la muerte sin testamento. Pues, como dice Jhon Wilson la verdadera traged ia “para la familia, vecinos, amigos y comunidad, era que quien iba a morir no pudiera testamentar y despedirse, porque una muerte sorpresiva privaba a la persona de poder hacer los caros adioses respectivos”. O lo que es lo mismo, el reparto de los bienes, más o menos importantes, del que ahora dejaba la vida entre los que permanecían en ella.


Y tal vez esa tragedia familiar sea la principal explicación a la preparación ante la muerte. Una muerte que en ocasiones deja ver con antelación el reflejo de su guadaña, facilitando a los individuos el tiempo necesario para organizar su legado. Así, Fernán González inicia su testamento explicando los motivos que le llevan a realizarlo por ir “a terra de moros”, y por tanto correr peligro su vida en una expedición a zona enemiga . O Martín Martínez, al que la enfermedad coge en Cádiz, según el mismo nos dice en su testamento “(...) yo Martin Martinez de Aynsa, vizcayno estante en esta cibdad de Cadiz estando enfermo (...)”.

En ambos casos, y ante la cercanía de la muerte, se preparan para un buen morir. Una preparación que, alejada de la visión profundamente cristiana de Ana López, se encamina a dejar solucionados problemas terrenales tan mundanos como la venta de trigo de una zona u otra como se recoge, por ejemplo, en las cláusulas testaméntales de Fernán. Un buen morir, por tanto, encaminado a evitar conflictos entre los vivos, más que ha disminuir la mas lenta, santa y berdadera carrera hacia Dios tras la muerte.

[Artículo publicado en la Revista Hades]

jueves 7 de mayo de 2009

Fernando

-¡Japuta!... hasta Carcassona… hasta la maldita Francia tuve que ir a buscar las flores de las narices.
-¿Y yo? Con lo tranquilo que estaba en el hotel, tuve que seguir a ésta –grité señalando a Daira- hasta el culo del mundo. Y pelearme con todos, por esa mierda de comida florida.
-¡EH!, lo que te ocurre es que no comprendes mi arte.
-Ni yo, ni Reverte, ni el 99,99 % de la gente que pasó por el bareto….
-Y lo peor –era Cecia, cansada de tanto fracaso- es que ese cabrón cartagenero ha sobrevivido.
-¿Cómo se iba a morir?... ¡joder! … los únicos que estuvieron a punto de espicharla fueron los médicos y fue de la risa. Y te lo digo yo que estaba allí echando higadillos. No como el inclíto, claro… que sólo expulsaba vinagretas.
-¿Vinagretas?... –Cecia miró a Nidia con odio.
-Si, vinagretas… ya sabés, esas flores amarillas que todos hemos comido alguna vez.
-Todos no, pisha, tu que eres una vaca.
-Gracias, Daira, yo también te quiero….


Nidia comenzó a reír mientras rascaba a Luna tras las orejas,y Daira servía algo de Marqués de Cáceres. Cecia movía la ensalada y yo ojeaba el libro sobre el que ibamos a hablar. Diario de una Ninfomana. Estaba seguro de que, por una vez, nada, absolutamente nada, de lo dicho en el libro podría poner en marcha la maquinaria infernal en la que se había convertido la mente demente de Nidia.

-Bueno, dejando al inclíto aparte. Hablemos de cosas menos serias: ¿Qué os ha parecido el libro?- dije para cortar el tenso ambiente que se respiraba… y con el anhelo de que me rellenasen el plato de comida. Al fin y al cabo a Luna le valía. Cada vez que tenía hambre gemía y alguien le tiraba comida. No me iba a poner a gemir, que para eso yo era humano y sabía hablar. Pero nada. Ni Cecia, ni Nidia, ni Daira me dieron comida.

Daira cogió la palabra:
-Se cómo matarlo.
-Pero…. ¡tu no eres Nidia! Eres buena y lista y guapa… no malvada como ella.
-Estás en mi casa, mamón.
-Ains.
-Bueno, ¿y cómo?- ¡No! Cecia también había caído en el lado oscuro del revertismo.
-Fernando
-¿Vais a contratar a un sicario?. Por fin una idea genial.
-Tu, Abadon, tu serás Fernando.

Oju….. es que son malas. No sé ustedes, pero yo, cada día, temo más a las mujeres. Hasta la más fea de las feas tiene un mal fondo. Imaginense las bellas y hermosas adonis con las que yo me junto. ¡Repardiez! Ahora yo no iba a ser yo. Lo malo era lo que les rondaba la cabeza… ¡coño! Que querían hacerme pasar por…. No, dejemoslo, las vinagretas que no tomé vuelven a revolverse en mi estomago.

miércoles 6 de mayo de 2009

La mujer del banco

Ayer, justo ayer a eso de las nueve de la noche paseaba por Cádiz, por el paseo de Carlos III. Uno de esos lugares escondidos, que como el fuerte del que les hablaba ayer, es mágico. Caminaba sin pensar. Mirando una puesta de sol que se hace especial en ese rincón. Tanto que el eructo abrupto de una transeúnte se convierte en el croar de una rana transformada en princesa, no de cuento, simplemente, gaditana. Y la sonrisa vuelve a mi rostro, como casi siempre que paseo por Cádiz. Por el Cádiz viejo, que es el Cádiz real.

Observaba ponerse el sol. Majestuoso. Un dios que juega a su antojo con los colores del cielo y el mar. Que tiñe de rojo el horizonte hasta ocultarse en las aguas del Atlántico. Y el día se hace noche lentamente, bañando con su luz anaranjada los rostros en la balaustrada. En una banco, una mujer lee poesía. Pablo Neruda. Y el poema 19 de sus “20 poemas de amor y una canción desesperada” viene a mi mente.


Niña morena y ágil, el sol que hace las frutas,
el que cuaja los trigos, el que tuerce las algas,
hizo tu cuerpo alegre, tu mirada luminosa.

Tú juegas con el sol como con un estero
y él te deja en los ojos dos oscuros remansos.

Niña morena y ágil, nada hacia ti me acerca.
Todo de ti me aleja.


Puede que no vengan hasta mí como eran. Pero ahora son míos. Sus versos se transforman en mi mente hasta llevarme a otro lugar. A un rostro tan cercano como lejano, que nubla mi vista y mi ser. Que transforma, como el sol en el horizonte, mi vida. Llenándola de colores pardos que cambian a cada instante, a su antojo. Y, a la vez, al mío, que se deja hacer sin necesidad de bañarse en esos oscuros remansos que se alejan sin irse. Que se alejan sin haber estado.

Y la sonrisa de mis labios, asciende hasta mis ojos. Y lanzó una mirada a la mujer del banco, sin ver que quién se sienta también siente en su corazón la sinrazón que atenaza al mío, sumergida en otros ojos, en otros mares más bravos. Y es que el sol, y el corazón, nublan la razón del más cuerdo de los locos y hasta del más loco de los cuerdos.

pd. Para la mujer del banco: ¿Ves? No puede ser, si escribo a mano no es lo mismo... al final acabo en otro lado. Pero lo prometido es deuda, el jueves lo tendrás....

martes 5 de mayo de 2009

El fuerte

Recuerdo aquel lugar con especial cariño. Estaba cerca de la playa y lo habíamos tomado como nuestro cuartel general. Yo era un niño, un crío que aun disfrutaba pegándole patadas a una piña. Y aquel lugar parecía mágico. Hoy sé que es una cárcava, un lugar de esos por los que corre el agua hasta el mar. Para nosotros era un fuerte de tres plantas y cubierto. Gracias a las tupidas copas de los arboles el agua no entraba cuando llovía flojito. Mi prima y sus amigas tomaron posición de las zonas altas, Pepe Blas, Damián y yo de las bajas. Allí abajo localizamos a un grupo de gatillos. Jugábamos con ellos a diario. Siempre me gustaron esos bichos, tan limpios, solitarios e independientes. En parte siempre me he sentido gato.

Y en aquel lugar me sentía como uno más de la camada. Tanto que la simbiosis con los animales me hizo sentir picazón en el cuerpo. Recuerdo llegar a casa, temprano como niño que era, y comenzar a rascarme. Mis primos continuaron mi ritual. Nuestros padres nos miraron, angustiados. Preguntando dónde habíamos estado. Pero nuestro fuerte era secreto y ninguno revelaríamos su posición. Habíamos estado jugando punto. ¡Que manera de rascarnos! Nos metieron bajo las duchas, pensando que algún animal se había pegado a nuestro pelo. ¡Como picaba! Filvit contra los piojos. De reojo miré a mi primo. Solidario callaba y aguantaba. Y, de pronto, algo saltó de mi cuerpo al de mi madre.... ¡Pulgas!

Nos prohibieron volver a nuestro fuerte cubierto de tres plantas y jugar con la camada de gatos. Nada pudo con nosotros. Excepto las pulgas. Al final abandonamos el lugar a su suerte. Hoy, sobre nuestro fuerte cubierto por la copa de los arboles se levanta un chalet. Pero aquello que nosotros no sabíamos que era una cárcava raja sus paredes cada invierno. Y yo no puedo dejar de sonreír al verlo. Aquel lugar mágico sigue defendiéndose del hombre.

lunes 4 de mayo de 2009

El guapo

Me gusta pasear por el centro de Cádiz. No lo puedo negar. Pasear por las calles del centro es una terapia de choque contra el aburrimiento o la tristeza. Me gusta pasear y sentir la ciudad. Sentir a sus gentes. Y, no sé porqué, eso no lo logro en la parte moderna. Pasear por las calles del centro me obliga a levantar la cabeza. A mirar a la calle. A los ojos de quienes se cruzan conmigo. Mientras camino hasta el centro suelo hacerlo escuchando música y mirando al suelo, o al mar. Cuando llego al centro levanto la vista.

Me gusta ver a la gente. El viernes, en los callejones de la plaza, una sonrisa me vino a los labios al ver a un hombre mayor. Elegante como sólo ellos saben serlo. Vestía con una chaqueta blanca, un pantalón rojo. Corbata oscura, pañuelo en el bolsillo superior y un sombrero pullandbear cubriéndole la cabeza. Caminaba con altivez, sin chulería pero sabiéndose aún guapo, como seguro lo fue de joven. Me saluda educado. Tal vez porque ha visto mi sonrisa. Se le ve feliz. Casi liberado. Puede que haya dejado a su mujer en casa, pero algo me dice que ahora es viudo. Que amará hasta la muerte a la mujer que le conquistó el corazón, pero que ahora sus ojos se mueven libres otra vez.

Veo pasar a una chica, morena y hermosa como son las gaditanas. Mis ojos se van tras ella hasta cruzarse con los de él. Me sonríe, diciéndome sin palabras que el de joven no la hubiera dejado pasar, pero que ya no es el que era. Que se sabe viejo y fuera de juego pero que, pese a todo, sigue siendo quien fue. Y que es feliz con su sombrero, su pañuelo y su chaqueta blanca.

domingo 3 de mayo de 2009

Mangüiti numero 3

Cuando este blog que hoy leen nació, lo hizo con la intención de mostrar las cosas de Cádiz, desde una óptica peculiar, la mía. Poco a poco fue variando y en estos meses se han escrito muchas cosas: desde relatos históricos hasta fantásticos, pasando por humor negro elevado al absurdo. Algo de Historia y mucho de mis historias. Pero ya no importa que no sea lo que se pensó que fuese, porque las historias de Cádiz cuentan con una voz mucho mejor que la mía.

Molina Font ha escrito una obra sin pretensiones y, sin embargo, grande. Grande porque en sus pequeñas historias de lo cotidiano ha plasmado el ser de Cádiz. Puede que no el de hoy en día y es posible que los más jóvenes no comprendamos todo lo que se nos cuenta. Pero, aun así, y como dijo el magistral Antonio Burgos, La historia pequeña de Cádiz, es toda una Biblia gaditana. Para el de aquí y para el de fuera, que podrá conocer personajes y lugares de ayer y de hoy, tan singulares como sólo en Cádiz los puede haber. Macarti, el padre del cadismo actual; Kim Betún y tantos otros tienen su lugar. Lugares. Muchos. Buscados en los recuerdos de Molina Font para hacerse imagen ante los atónitos ojos del lector. Recuerdos de ayer que hacen salir una sonrisa en los labios de hoy.

A mí me ha pasado. Y viendo la pequeña foto que habla de los juegos no puedo más que reprimir un “¡MANGÜITI NUMERO 3!" y saltar en mi imaginación buscando una nueva página que leer, una nueva anécdota que recuperara. Un nuevo lugar que conocer....

sábado 2 de mayo de 2009

El abrazo del demonio

Actaon observó al demonio. Había algo inquietante que, pese a todo, le tranquilizaba presentir, pues mientras mas supiese sobre qué, o cómo era su adversario, mas ventajas tendría....

Justificar a ambos lados
-Soy, quien del destino hace la ley, y quien de lo que sucederá, produce el suceder.....Soy a quien buscas....soy hoy, a quien tu encuentras...... No necesitaras otra noche, pues bajo la luna que hoy nos impera, purificaras tu sangre gracias a su matizada luz...... No busques un escape, pues donde quiera que vayas, estaré justo a ti......

El Garou se agachó, apoyando una de sus rodillas en el suelo de la Plaza, para lanzarse contra el demonio. Su cuerpo comenzó a ensancharse aún más, en sus brazos creció el pelo, y sus dedos desaparecieron para dejar paso a unas gigantescas patas, con gruesas y marfiladas garras....Su cuello había desaparecido, para ser una parte mas delgada de su ahora ensanchado lomo, y en el lugar de su rostro, una enorme cabeza de incandescentes ojos color sangre, y una fauces estridente, reinada por innumerables, blancos y filosos colmillos......

Lo que anteriormente había sido un "Humano", era ahora un sanguinario Garou.

El demonio lanzó un grito de alegría ante el ataque de Acteon. Sin duda aquello era lo que esperaba y quería. No deseaba hablar, ni deseaba sentir dentro de él la presencia del vampiro. Quería luchar, quería sangre. Pero debía obediencia a aquel que era más poderoso que él. A aquel que hablaba con la Muerte. A aquel que le había traído de otro plano llamándolo por su verdadero nombre.

Cuando las garras del licántropo se cerraron sobre el cuerpo putrefacto del ser, este lanzó un alarido de satisfacción, mientras sus poderosas mandíbulas se dirigían al cuerpo del lobo, y sus brazos y alas se cerraban sobre él en un abrazo de muerte. Una danza de sangre en lo alto del cielo de la ciudad.

La presión era tal, que Actaeon no podía concentrarse en defenderse de la gran mandíbula demoníaca y a la par de ofrecer resistencia con su lomo, para tratar de romper el abrazo mortal...Esquivó una tras otra las embestidas de los filosos y podridos dientes del ser, pero su propio tamaño era demasiado como para moverse libremente.

Los dientes se cerraron en el lateral del cuello del gran Lupino. Un gruñido de furia brotó de las fauces de Actaeon, al que acompañó con el cerrar estridente de sus garras en los hombros del Demonio.... Sus garras lograron penetrar aun mas los brazos del demonio, viéndose obligado a suavizar la presión monstruosa que hacia con sus alas, dejando caer al Garou hasta el empedrado suelo.

-Cual es tu nombre, criatura de la oscuridad, pues a ella perteneces, y en ella esta tu túmulo, es mi deber el hacerte a su ceno regresar...

viernes 1 de mayo de 2009

En pocas palabras



Si dejas que se den cuenta de que sus palabras te hacen daño, jamás te librarás de las burlas. Si te ponen un mote, recógelo y transfórmalo en tu nombre

Tyrion Lannister
Canción de Hielo y Fuego