jueves 30 de abril de 2009

Una de flores

Realmente es para tenerle miedo. Nidia cada día se hacía más cruel. Más retorcida. Y aquel día en su casa lo demostró.

-Es imposible. No se me ocurre nada de este libro que nos sirva para acabar con el ínclito. Más allá de vampirizarlo o clavarle una estaca.
-Tate, yo no le clavo nada- Me dio la risa, que se le va hacer.
-Si que lo hay –dijo Nidia leyendo un breve capítulo. El encuentro entre Edward y Bella en un prado lleno de flores.
-Vale –dijo Cecia- Nos lo ligamos, buscamos un prado y le dejamos morir al sol y le llenamos el cuerpo de cristales para que brille.
-Yo no me lo ligo. Lo siento pero no ¡QUE NO! que por ahí no paso. Ni pasaré. Me niego. reniego... mira... que no... que es moreno
-Déjalo, Daira, al final, lo harás- le dije con resignación
-No iba por ahí.
-¿NO? – preguntamos al unísono Cecia, Daira y yo.
-No, pensaba en flores.
-¿Ein?

Y la maquinaría infernal se puso en marcha. D. Arturo había sobrevivido a guerras inhumanas, pero estaba claro que nada podría hacer contra la maldad de Nidia, la inteligencia de Cecia, la belleza de Daira, y mi borreguismo sectario y enamoradizo por Nidia. En lo que había quedado yo, Abadon, un angel exterminador venido a menos. Pero sólo así, uniendo nuestras virtudes y defectos, se entiende que averiguásemos en que lugar comía Reverte y que -¿cómo lo logrará la bella mujer?- Daira cambiase su puesto en el hotel por los fogones del restaurante chiclanero. Platos caseros que, de un día para otro, se convirtieron en florares.

Cecia se encargó de buscar las venenosas y amarillas flores. De comprarlas lejos, muy lejos de casa. Aquellas que Nidia había localizado por internet y ella, la simpática e inteligente Cecia, había ido a recoger en Carcassona. Y yo, contento como estaba con mi trabajo en el Atlántico, me vi obligado a arrastrarme tras Daira a aquel pequeño y asqueroso tugurio de menús del día. Y cada día desde que llegamos me tuve que pelear con albañiles, pintores y fontaneros por algo en lo que no creía: la comida de Daira. Hasta que por fin apareció D. Arturo Perez-Reverte. Le llevé su plato al grito de "Una de flores". Que hermoso plato, amarillo y azul, como una tarta de ascenso cadista pero con regusto de descenso a los infiernos. Y él, educado como es, se lo comió sin rechistar. ¡cagoendie! aquello debía estar asqueroso. Pero él aguantó el tirón. Fue corresponsal de guerra, y eso se tiene que notar, supongo.


Y, de pronto, comenzó a vomitar. Todo amarillo ¡Pardiez! con algo de azul. Tanto echó que le acompañé en su echar. Tanto echamos que el dueño del antro comidal llamó a una ambulancia. A una sola. ¡coño! que somos dos. Y en ella marchamos al Puerta del Mar, cogiditos de la mano. Él moribundo si no muerto, yo, simplemente, asqueado....

miércoles 29 de abril de 2009

De fantasmas y leyendas

Hay una casa en la Plaza Mina, en la esquina con Antonio López, que lleva años cerradas. Tantos como lleva muerta su dueña. La casa de Pinillos fue donada en testamento al Museo Arqueológico y desde ese momento comenzó un camino en busca de un nuevo destino. Pero hay quienes dicen que la casa no está vacía. Quienes afirman que, casi cada noche, en la última planta, un rostro se asoma a la ventana. Tal vez buscando el regreso de la señora de la casa. Tal vez buscando a una hija ya muerta. Tal vez....

Y es que una ciudad como Cádiz, trimilenaria y cargada de Historia, se llena de leyendas. Y entre ellas las urbanas que nos hablan de fantasmas. El hombre que se asoma a la ventana de la Casa Pinillos. El fantasma de los baños del Mora, el antiguo hospital hoy Facultad. Dicen que tal vez sea un niño muerto mucho tiempo atrás, que juega a encender los secadores de mano cuando nadie los usa y que cierra la puerta de los baños de los incautos meadores. Dicen que también jugaba en el despacho de una profesora y que la pobre dejó la Facultad para no volver. Lo curioso del caso es que nadie recuerda a la desdichada profesora que tuvo que dejar su trabajo. Como pocos son los que confirman haber visto al fantasma de la Casa de Pinillos o haber sufrido las juguetonas bromas del niño muerto del Mora.


Otra leyenda urbana con muerto de por medio es la que habla de la enfermera del Zamacola, hoy Puerta del Mar, que pronto tendrá que buscar destino en un nuevo Hospital. Dicen que fue una buena mujer y mejor profesional, y que aún hoy pasea por los quirófanos ayudando a los médicos apurados o acompañando a enfermos asustados ante peligrosas operaciones.

Y podríamos seguir hablando de fantasmas y leyendas urbanas, pero por hoy son suficientes. Tal vez, mañana, les hable del militar que se pasea por el Centro Cultural Reina Sofía.... pero solo tal vez.

martes 28 de abril de 2009

¿Tornado?

Si es que no puede ser. Al final van a tener razón los agoreros y va a estar cambiando el tiempo. Ya les he dicho que paso una gran parte de mi vida en un lugar paradisiaco. Pero, ¡pardiez! que tanto se está pareciendo a esos paraísos caribeños que ahora hasta se tienen que evacuar hoteles, encerrando a sus clientes en los sótanos. Me imagino la escena.

-Fuae, quillo, que de viento
-Tequipuí, es una brisilla de na’
-Fuuu... 'ira, 'ira,.... ¡como se mueve la ventana!

Y justo cuando la ventana sale volando sobre la piscina, lanzando cristales sobre las mesas del desayuno, alguien grita:

-¡To' quisqui al sótano...!

Aunque lo cierto es que, en solo cinco minutos, desalojaron todo el hotel. Porque, las cosas como son, cuando hay que huir aquí somos competentes y hasta el desayuno se montó en el parquin subterraneo ¡se iban a saltar la comida más importante del día!.

Desgraciadamente el paso de lo que quiera que haya sido –tornado o “un jartón de viento fuerte”- ha dejado daños colaterales. El miedo entre los que vivieron, pero también la caída de arboles. Entre ellos dos pinos centenarios de casa de mi tía. Menos mal que eran las 8,30 de un domingo y no había nadie por la calle, porque si la leve brisa fue capaz de arrancar a los dos pinos de raíz ¿que no hubiera hecho con un par de niños?.... A mi no me hubierá movido ni un poquito, que para eso llevo kilos de lastre, pero dicen que un gato apareció subido a la chimenea de la Capilla....

lunes 27 de abril de 2009

La llamada latina

El pasado viernes recibí otra llamada intempestiva. De esas que cuando te suenan en el móvil tiemblas. Por la hora. Porque en ese momento, mientras ves y no ves quién te está llamando solo piensas que algo malo puede haber ocurrido, pues tus amigos están contigo bebiendo sangría congelada y sazonada con tequila en el mismo mejicano de siempre. Pero, al mirar por fin el teléfono, la duda se disipa. La pantalla muestra una sola palabra “VISIR”. Todo claro, mi amigo andará borracho, como aquella vez en Zaragoza, y quiere decirme que se ha perdido. Entre risas le cojo el teléfono:

-Dime, Visir, ¿que pasa?
-Quillo, ¿te puedo hacer una pregunta?
-Pregunta
-¿Cómo se dice vid en latín? Eso de la uva, vamos.
-¿Estás borracho?
-No, estoy en Sierra Nevada
-Ah... vale. Pues creo que se dice igual, ¿no? No sé quillo, la última vez que estudié latín fue contigo en el colegio.
-Entonces ¿vid? ¿estás seguro?
-No sé, espera, preguntó.

Y pregunté. Las 12 personas que estábamos -10 de nosotros historiadores o humanistas- allí llegamos a la conclusión de que sí.

-Sí, tío, vid.

Y así quedó todo. Aunque uno se pregunta que ¡repámpanos! ¿qué nivel de frikismo se tiene que tener para que 10 historiadores acaben hablando sobre el latín, por culpa de una simple llamada a la 1 de la madrugada , en un restaurante mejicano? Y, lo que es aun peor, ¿porqué ninguno nos reímos de la pregunta de mi amigo?

Por cierto, creo que no se dice vid. Si alguien lo sabe.... pues ¡que lo diga!

domingo 26 de abril de 2009

NODO: Los Peláez en el Tiro Pichón

Hoy no estoy. En un acto de valentía sin igual me he ido con los Peláez a celebrar el cumpleaños de la Primera Dama y el Vicepresidente. Y digo un acto de valentía porque las rupestres excursiones de los Peláez suelen acabar con alguna anécdota extraña digna de ser contada en los mentideros de lo paranormal. Solo espero que el lugar elegido no se encuentre infectado de mosquitos. Habiendo donde elegir en la hermosa costa gaditana, hemos decidido acudir al “Tiro Pichón”, zona de marismas donde el Generalísimo disfrutó de gloriosas tardes de caza.


Los Peláez no son más que la rama familiar de Ubi Sunt?, y digo familiar porque 12 años después de nuestra creación ya somos más una familia extensa que un pequeño grupo de amigos. Y esa rama familiar continua teniendo su parte de frikismo histórico, lo que nos lleva a convocatorias dignas de ser plagiadas:

“La familia Peláez, tiene el honor de invitarle a la gira: Un día en el Tiro Pichón, paraíso de caza del caudillo, para conmemorar dichos fastos. en la gira habrá torneo de balompié disputándose la copa del generalísimo, torneo de cartas, españolas por supuesto, y carrera de sacos. Piñatas y aguinaldos harán la delicia de los infantes que acudan. No olviden que la familia constituye el refugio de nuestra fe y el descanso de nuestra Patria. La familia Peláez acompañará a doña Carmen Polo a disfrutar de la naturaleza y del bosque mediterráneo en flor con excursiones tipo golondrina, de ida y vuelta.”


Invitación que ha sido de buen grado aceptada al grito de ¡Arriba España! ¡Vivan los Peláez! ¡Viva Sanjurjo! y otras proclamas parecidas. Excepto, como no podía ser menos, por la rama menos lustrosa de nuestra gloriosa familia, que ha declamado un ¡Viva Durruti!

sábado 25 de abril de 2009

La bruja-niña

En el Templo de Om el ataque continuaba y Olayer podía ver como algunos de sus hombres caían ante los virotes de sus enemigos, que comenzaban a ralentizar sus disparos. Escondidos entre las sombras, el ruido del metal al chocar con las paredes mostraba que los enemigos comenzaban a preparase para un ataque directo. Y, en efecto, una decena de hombres armados se mostraron prestos a lanzarse sobre el templo, pero se detuvieron mientras una pequeña figura envuelta en blancas túnicas avanzaba insinuante entre ellos, custodiada por cuatro poderos guerreros. Una explosión se escuchó en el interior del templo, que hizo vibrar todas las ventanas del edificio que, pese a todo, no sufrió daños, pese a que las llamas comenzaron a invadir el cielo convocadas por la bruja.

Olayer y Quarion continuaron con la defensa del templo, pese al ataque de la joven bruja, que parecía ignorar lo que ocurría a su alrededor. Sus ataques tampoco se dirigían hacia el templo, más bien sobre él, como si desease que la visión de todos virase hacia aquel lugar, dejando el paso libre para otros.

Pese a todos, la bruja de blanco se veía poderosa, daba la sensación de que podría haber actuado contra el templo y contra todos los que allí estaban. Sin embargo no lo hizo. Ni tan siquiera actuó contra aquellos infelices que se apelotonaban en la entrada de los refugios de Askanter.

-Carne fácil para alimentar a los ejércitos sedientes de sangre. La noche caerá sobre ellos como los lobos sobre la oveja extraviada le había oído decir los que estaban cerca de ella.

El sonido de los gigantes tampoco surtió efecto alguno en la bruja, parecía una joven virgen camino de un altar sacramental, vestida de blanco y rodeada de guerreros que nada hacían, más que acompañarla.

Nada inmutó a la virgen, nada inmutó a la bruja, pese a que sus custodios observaban asustados la llegada de los gigantes que habían acudido al servicio de Quarion y Olayer. Las defensas internas parecían asegurarse.

Una flecha voló por el aire en dirección a la bruja, Evincar, escondido entre las defensas de la ciudad, había logrado un certero disparo. Parecía que nada iba a impedir que impactase sobre ella. Y así ocurrió. La blanca túnica de la bruja niña se desgarró al ser atravesada por la saeta, pero la niña no se inmutó. Ni tan siquiera bajo la mirada para ver qué había ocurrido. Uno de los guerreros que la protegían cayó sobre un charco de sangre, la punta de una flecha asomaba a su espalda.

La bruja miró al cielo, al oeste, donde los gritos de los hombres y las bestias ya se escuchaban. Y se desvaneció en la nada. Y los guerreros se lanzaron al ataque, hacia el templo y sus defensores.

viernes 24 de abril de 2009

Milagro


Como lluvia de mayo dice el refrán. Milagro para los campos que reverdecen con las lluvias primaverales. Y como si de verdes prados se tratase la calle también recibió el milagro de sus aguas. ¡Vaya que si ejerció milagro! Y de los gordos. De esos de levantar a un cojo de su silla. Y yo lo vi, con estos ojitos míos. Caminaba por el paseo marítimo. Feliz de que hubiera poca gente que molestase. Él pasó a mi lado, rueda a rueda. Y, de pronto, la nube comenzó a descargar. No escuché a nadie gritar ¡levántate y anda!. Pero aquel minusválido se levantó de su silla, la empujó y corrió bajo techo mientras yo me calaba y reía bajo la lluvia.

Y es que la lluvía, en Cádiz, hace milagros.

jueves 23 de abril de 2009

Feliz día de Sant Jordi

III Crepusculo


Llegamos a la casa cabizbajos.

-Tanto trabajo para nada ¡joder!
-Bueno, al menos lo pasamos bien, Cecia.
-Tú siempre tan feliz, Daira.

Yo me mantuve callado. Con estas tres era mejor no hablar porque al final uno acaba trabajando en un hotel para intentar asesinar a Reverte. Y voto a dios, que diría Alatriste, que casi lo conseguimos. Pero, pardiez y repardiez, ¿quién nos iba a decir a nosotros que el ínclito se salvaría? Claro que fue por suerte. Los medicamentos usados por Daira fueron más fuertes de los previstos y el Real Maestro de Esgrima se salvó por el caldillo. Cagoendie. Voló toda la habitación por los gases incorporados y expulsados por el corsario de las letras. Pero el maldito Arturo se salvó en la bañera. Bajo las aguas, como un submarinista de pacotilla jugando con su pato de goma.

Pero se salvó y aquí estamos nosotros, o casi que nosotras, reunidas, o reunidos, para hablar de un nuevo libro. Al menos me quedaba la esperanza que nada de lo que leyéramos en Crepúsculo podría servir para matar al ínclito.

-Bueno, venga, dejémoslo ya. Fue divertido y yo tengo trabajo. Pero aquí venimos a hablar de libros.
-Va, quillo, de este libro no se puede decir nada.
-¿No? ¿Ninguna se ha fijado que habla del amor puro y eterno sobre el amor real y normal que todos conocemos?
-Pues....

Dos horas después Cecia estuvo a punto de pegar a Nidia porque ella no creía en el amor eterno. Mientras que el resto de nosotros creíamos que sí. Que existía ese amor aunque no siempre era correspondido. Dos horas después el Marqués de Cáceres había soltado nuestras lenguas, alguna envenenada, y ya estábamos otra vez, hablando del Duque de Corso.

-Tenemos que acabar con él.
-Mira, Nidia, tu sabes que yo, contigo, al fin del mundo. Que te juro amor eterno aquí y ahora y siempre que haga falta pero...
-¿Pero como coño lo matamos? si tiene más vidas que un gato –era Cecia quién hablaba.

Nidia puso el libro sobre la mesa. Sonriendo maléficamente.

-Yo no voy a clavarle una estaca en el corazón.... –Dijo Daira.
-Ya veremos.....

Lo cierto es que, Nidia, comienza a darme miedo.

miércoles 22 de abril de 2009

La cabaña

Recuerdo aquella cabaña con cariño. Pasábamos mucho tiempo en aquel descampado junto a la casa de mis abuelos. En aquel descampado conocí a Cocom y su hermana y, sobre todo, pase horas construyendo nuestro cuartel general. Nos ayudaron mis hermanos, ventajas de ser el hermano pequeño, supongo. Nosotros queríamos hacer una cosa normal. Aprovechar el montículo y cubrir los laterales con ramas de pino. Ellos prefirieron hacer otra cosa. El resultado fue una cabaña cubierta. Vaciaron el montículo antes de cubrirlo con maderas, plástico y arena. Desde la calle no se veía y nuestro cuartel general se convertía en secreto. Solo nosotros, con 12 o 13 años, conocíamos su existencia y, hiciese frío o calor, allí estábamos. En algunas zonas podíamos estar sentados pero la mayoría nos veíamos obligados a tumbarnos.


Y aquel día fui yo quién me tumbé al fondo. Fui el primero en entrar en nuestro cuartel general secreto. Y grité. Muerto de miedo. Pero también de dolor. Salí gateando tan rápido como mis piernas me dejaron. Los ojos fuera de orbita y una frase repetida una y mil veces:

-¡Un monstruo! ¡enorme! ¡con pinchos!

Isa entró en la cabaña. Y salió tan rápido como yo. Había escuchado al monstruo al fondo. Mis primos también metieron la cabeza y la sacaron. Ninguno nos atrevíamos entrar y no lo hacíamos. Aunque cada día nos acercábamos hasta nuestro cuartel general secreto e invadido y metíamos la cabeza para escuchar al monstruo. ¡Y allí seguía!

Al final optamos por la solución más drástica. Llamamos a mis hermanos para explicarles el problema que teníamos con el monstruo. Y, ellos, se rieron de nosotros. Así que decidimos cazar a nuestro enemigo y fuimos prestos y armados con palos y piedras a por el monstruo. Yo fui el primero en entrar, como un caballero andante a la caza de un dragón. Entre andando, después gateando y, finalmente, reptando hasta lo más hondo de nuestra cabaña. Con la linterna en una mano y el palo en la otra. Y, entonces, lo vi. Acurrucado en un rincón, se encogió al ver la luz, se hizo una bola que me impedía coger y sacar al maldito puercoespín.... Así que, al final, decidimos compartir la cabaña y el monstruo se convirtió en nuestra punzante mascota.

martes 21 de abril de 2009

Leyendas de la Catedral

Cuenta la leyenda que dos demonios trabajaron en la construcción de la Catedral Nueva de Cádiz. Que juraron que la Iglesia nunca se construiría. Y cuenta esa misma leyenda que acabaron convertidos en piedra, tal vez por castigo divino contra aquellos que impedían la construcción de su morada. Dicen que los demonios aceptaron su castigo y que lograron que el propio Dios le diera permiso para residir en su Iglesia. Convertidos en piedra, a cada lado de la puerta principal, velando por la no finalización de la obra. Cuenta la leyenda que cada vez que alguien intentaba retirar sus desfigurados rostros de la Casa de Dios, algo se caía. Y que, cuando los demonios volvían a su lugar la obra continuaba.


Cuenta la leyenda que dos demonios trabajaron en la construcción de la Catedral Nueva de Cádiz, que juraron que la Iglesia nunca se terminaría y, aún hoy, continua inacabada.

lunes 20 de abril de 2009

Verde opaco

"Anciana senil II", Nacho Puerto   
No sabría decir cuantos años tiene. Puede que sea más joven de lo que a mi me parece o puede ser mayor. Me he cruzado con ella muchas veces, la mayoría mientras espera tranquila la llegada del autobús. Es una mujer mayor pero aún conserva restos de belleza pese a que el tiempo no le ha perdonado. Sus labios están cuarteados, como cortados por la sequedad de la vida. Su boca, hundida, se mueve al ritmo de su lengua. Muchas veces cubre su cano cabello con un pañuelo. Siempre negro, como su ropa, como su triste alma. Sus ojos están apagados. Un dulce verde que se ha vuelto opaco con los años. Debió ser hermosa y esos ojos rompieron mil corazones antes de que el tiempo terminase su reinado. Pero son ojos vivos, inteligentes a la vez que tristes. Siempre en movimiento. Mirándolo todo. Observándolo todo con la autoridad que dan los años.

No sé cuantos años tiene, pero su rostro, sus ojos, me dicen que no importa. Ya ha vivido mucho. La vida se ha vuelto en su contra pero ella no le vuelve la espalda a la vida. Cada día se pone su pañuelo negro, su ropa negra y el recuerdo del amor eterno que llena de color al negro. Cada día sale a la calle, espera el autobús, se monta en él y pasea por la ciudad. Y cada día es un día más. Y, a la vez, un día menos. Un día menos para que el brillo vuelva a sus ojos verdes opacos, para que la ropa recupere su color, para abrazarse eternamente al amor de su vida en vete a saber qué cementerio. Pero cada día, es un día más.

domingo 19 de abril de 2009

De poetas y poesías

Ayer fui a un encuentro poético. El organizado por la dueña del ático de los gatos en el Parque de los Toruños, en El Puerto de Santa María y si fui fue por escucharle a ella y Edu Flores, mi loco compañero en el exilio de Macondo y gran poeta (y ahí al lado tienen su blog para comprobar que no miento). Pero iba también con ganas de escuchar a otros de los que había oído hablar mucho y bien. Y me decepcionaron. Tal vez el problema sea mío, no lo sé. Pero de todos los que allí estaban únicamente mis dos amigos me parecieron reseñables. Otros pueden ser más “mediáticos”. O más reivindicativos. Pero sólo ellos dos trasmitían en sus letras. De las de Charo se han dicho muchas cosas. De las de Eduardo se dirán muchas en poco tiempo. Las de Eduardo son letras con fuerza. Habrá quién diga que no investiga, que no se arriesga, que no innova en ese mundo extraño para mí que es la poesía. Pero es que no le hace falta. Poemas como Lloras, como El repliegue, como otros muchos que pueden leer en su espacio demuestran que la poesía no necesita invenciones. Sólo necesita tocar los sentimientos de quién los lee.

Hay quién dice que la poesía es una necesidad del autor, que no importa si quien lo recibe lo entiende o no. Yo no estoy de acuerdo con eso. La poesía es y debe ser una forma de tocar el alma de las personas. De crear sentimientos, contradictorios incluso. Y eso lo consigue Eduardo. Sin necesidad de ponerse narices verdes. Sin necesidad de montar trenes humanos. Sólo con palabras.

sábado 18 de abril de 2009

Las defensas de Askanter

El ataque continuaba y Olayer podí­a ver como algunos de sus hombres caí­an ante los virotes de sus enemigos, que comenzaban a ralentizar sus disparos. Escondidos entre las sombras, el ruido del metal al chocar con las paredes mostraba que los enemigos comenzaban a preparase para un ataque directo. Y, en efecto, una decena de hombres armados se mostraron prestos a lanzarse sobre el templo, pero se detuvieron mientras una pequeña figura envuelta en blancas túnicas avanzaba insinuante entre ellos, custodiada por cuatro poderos guerreros. Una explosión se escuchó en el interior del templo, que hizo vibrar todas las ventanas del edificio que, pese a todo, no sufrió daños, pese a que las llamas comenzaron a invadir el cielo convocadas por la bruja.


Quarion recorrió sobre su corcel las barricadas que comenzaban a formarse en toda la ciudad, las defensas comenzaban a estar en condiciones, pero estas sólo serían de ayuda cuando los enemigos estuviesen dentro de la ciudad. El paladín llamó a uno de los miembros de la guardia que lo acompañaba y le dio una serie de órdenes rápidas.


-Es momento de tomar la ofensiva, debemos hacer avanzar las barricadas, solo una a la vez, debemos ampliar el área de seguridad lo mas rápido posible pero sin descuidar las defensas. Comunica estas órdenes a los hombres, yo debo marchar en dirección al campo de batalla donde realmente hago falta.


Quarion azuzó a su caballo y este saltó la barricada para adentrarse al galope por la ciudad en busca de enemigos que derrotar o aliados que necesitaran su ayuda. Y pudo observar como los civiles se ponía a salvo en el subsuelo de la ciudad. Mientras las puertas de los refugios se iban cerrando mágicamente, los pobres desdichados que no habían conseguido llegar a tiempo al amparo de la seguridad de los refugios deberían salvarse por si mismos o dirigirse a las precarias defensas del templo.


La mayoría de las fuerzas drows se encerraron en los refugios con los civiles, su presencia en la guerra sólo se hacia notar para aquellos de vista más aguda. Utilizando los túneles bajo la ciudad se desplazaban en ataques tácticos contra los enemigos en el interior de la ciudad, aparecían atacaban duro y con rapidez desapareciendo al poco independientemente de la eficacia del ataque. Los oficiales enemigos tenían un serio problema para ocultarse de estos expertos guerreros, la noche era su aliado y la guerra de guerrillas su especialidad.



Evincar y Soulforge pudieron ver como un grupo acribillaba a ballestazos a sus atacantes desde la retaguardia y luego desaparecían entre las sombras. A la voz de avanzar de Soul vio como una de las barricadas que había dejado atrás avanzada unos diez metros de golpe como si nada, tras ella podían verse cuatro figuras enormes totalmente acorazadas, todos portaban el emblema de la casa de Askanter. Uno de los gigantes empujaba la barricada mientras el resto le cubrían, las entupidas aunque musculosas criaturas estaban acompañadas por Schiibrackss que parecía darles las órdenes de manera clara y sencilla para aprovechar al máximo la potencia de los cuatro enormes aliados.

viernes 17 de abril de 2009

Por la dama

El sudor nubló la vista de Sir Ganfion. Los sonidos de la guerra se agolpaban a su alrededor. Los caballos coceaban el suelo mientras un sol abrasador comenzaba a caer sobre su armadura. Miró a sus hombres. Estaban ansiosos por luchar. Aguantaban a sus monturas sabiendo que la sangre pronto bañaría sus lanzas. Miró al horizonte. Las tropas imperiales tomaban posiciones. El ruido de las ruedas de los cañones podía oirse desde allí. Observó a sus huestes. Los hombres a píe mantenían la compostura. No eran soldados aunque hubierán acompañado a su señor al campo de batalla. Los caballeros de Sir Joseph parecían más nerviosos. ¡Jóvenes impetuosos!

Sir Ganfion bajó la cabeza, el sudor rodó por yelmo mientras lanzaba su plegaría al viento. No los veía, pero sabía que sus hombres también bajaban sus rostros al suelo. Y que los campesinos, piadosos, hicarían rodilla solicitando la protección de su Señora.

Mi Señora, vos que sois madre de estos tus hijos. Vos que bañasteis con lagrimas nuestra tierra para hacerla fertil. Impide que hoy se derrame la sangre de tus hijos que gustosos darán la vida por defenderte. Mi señora, protege mis acciones, impide que se nuble mi vista. Hazme humilde en la guerra para ser grande en la victoria. Dama y Señora, conducenos a la victoria.

-¡POR LA DAMA!¡POR BRETONIA!

Los hombre respondieron a su grito y los caballos se lanzaron al galope. El suelo tembló bajo los cascos de las bestias. El hierro tintienó. Entrechocando hombre contra hombre en una carga de muerte. Al encuentro de la caballería imperial, que ya cabalgaba hacia ellos. Ser Joseph viró su camino. Cabalgó contra las innobles armas del enemigo, acabó con sus cañones mientras las balas volaban sobre sus cabezas. Sir Ganfión fijó su objetivo y se lanzó contra su él. Aquel conde venía a ocupar sus tierras. No le dejaría. Sus hombres atravesaron las filas del enemigo como el viento. La sangre encharcó las verdes praderas de Bretonia. Mientras, hombres a píe se dirigían hacia su costado, corriendo para salvar a su señor. Las alabardas golpearon las patas de los hermosos caballos bretonianos. Animales críados para la guerra y curtidos en mil batallas. Detuvieron su avance. No importaba. La victoria estaba asegurada. Su enemigo, cobarde, corría en busca de refugio. Pero sir Joseph ya estaba presto a la lucha. Lo persiguió y acabó con él. ¡Maldita prepotencia que nubló su vista!. Aquellos guerreros, de tan baja estofa que peleaban a píe, luchando por sus vidas, lograron arrastrar hasta los infiernos a muchos buenos caballeros.

Sir Ganfión cayó de su caballo. Apoyandose en su espada lanzó un grito al viento. Esa noche pocos hombres volverían con sus mujeres. Y él no sería de ellos.

jueves 16 de abril de 2009

II Fukunda

Decidimos leernos “Travesuras de una niña mala” de Vargas Llosa. Podíamos haber elegido otro cualquiera pero elegimos ese porque había varios en la librería. Y necesitabamos uno por cabeza. Y pese a su lenguaje rebuscado, no nos defraudó. Por eso acudimos con muchas ganas a casa de Nidia ,a comentar el libro y tomar unas copas. Allí fuimos desgranando cada trozo de página como si de una margarita se tratase. Algunas llorando identificandose con Ricardito. Otras riendose. La mayoría, bebiendo y comiendo como no puede ser menos en un club como el nuestro.

-Este sí que sabe escribir y no Reverte.

-Bueno, Cecia, tampoco es para ponerse así. Reverte tiene sus cosas bue…

-shiss, Daira, Reverte merece morir.

-Anda Nidia, no te pases.

-Que sí, que debe morir. Es más, creo que nosotras deberíamos matarlo. –Empezamos a reir con las ocurrencias de nuestra amiga. Pero su seriedada nos hizo darnos cuenta de la sinceridad de sus palabras –y creo que sé cómo: Fukunda.

No preguntén como, pero en tres días y pese a la crisis ecónomica que arreciaba en el país, Daira había logrado colocarse en un importante hotel. El mismo en el que Reverte solía encerrarse a escribir cuando venía a la ciudad. Y, para colmo, me había arrastrado a mi con ella. Yo, que había soñado con vivir del cuento me veía ahora trabajando por mor de la muerte de un cuentista. La vida es puta muchas veces y gente que quiere -y hasta necesita- trabajar, no lo hace y yo que no deseaba salir de las colas del paro lo hacía. Así que allí estabamos, Daira y yo, intentando adivinar que habitación usaría el ínclito en su estancia gaditana. Mientras Cecia y Nidia organiaban los pertrechos para acabar con su vida. Daira , creo que esa chica tiene algún poder sobrenatural, había logrado que le cambiasen desde la limpieza de los baños hasta las cocinas y, desde allí, comenzó a condimentar los platos de nuestro bienodiado Arturo. El rostro de Reverte se congestionaba a cada plato. Y las ventosidades consiguientes nos mostraban que el camino comenzaba a ser el correcto.

Por mi parte, logré llevar a las dos perversas mujeres hasta el habitaculo del padre de Alatriste. Esperando, eso sí, que nadie viese nuestra maniobra pues ya que había encontrado trabajo era una pena perderlo. En cuanto entramos en la habitación, Cecia acudió presta al excusado y después de cubrir sus necesidades más básicas -lavarse la cara- Buscó el lugar adecuado para verter los productos traídos. Todos debían reaccionar en el momento oportuno. “Fukunda” repetía Nidia. La perversidad brillaba en sus ojos como la alegría se reflejaba en la de Daira o la duda en Cecia. Los míos, imperturbables. Si ella decía Fukunda, yo decía sí. Exactamente igual que si hubiera dicho "Conejo de Pascua". Hechizado, tal vez, es posible. Casualidades o no casi todos los hombres acabamos haciendo lo que una mujer nos diga, aunque no nos de nada.

Y por nada nos libramos de ser pilados en la habitación. D. Arturo entró un segundo después de salir nosotros. Los olores en el ascensor nos indicaron que el farmaco usado por Daira estaba dando resultados. Lo vimos agarrarse el vientre mientras cerraba la puerta, soltaba un "cagoentó" para adentrarse en su antro de perdición. De su perdición, se entiende.

Pocos minutos después se escuchó una gran explosión, venída de la habitación del inclito.

-¡Cómo Fukunda!- gritó Nidia

-Fukunda no murió…-dije yo.

-Pero debió morir por como trato a Lilly…

-Sí pero….

-Ya veo los telediarios –dijo Daira riendo- Arturo Pérez Reverte muere por combustión de gases.

-¡Intestinales!-grito Ceca.

Comence a reír tras la afimación. Era absurdo. Pero lo habíamos hecho. Habiamos logrado que el inclito Reverte muriera de un pedo. O, por quedar más educado, de aerofagia….

miércoles 15 de abril de 2009

El río

El otro día volví a caminar por viejos senderos de tierra. Caminos que se adentraban en los pinares bañados por el seco río. Caminos recorridos mil veces de crío. Poco a poco los recuerdos iban viniendo.


Priemro el campo de las fresas, o de las vacas según las temporadas. Un pequeño prado que a nosotros se nos hacía enorme. Allí íbamos de “mayores” a hacer paelladas a la sombra de los pinos que rodeaban el prado. José Ramón cocinaba y conducía su viejo Ford Fiesta blanco, el primer coche del grupo. Bea hacía el payaso, como casi siempre. Otros reíamos y nos sacábamos fotos para recordar eternamente aquel lugar. Aquel momento. Aquella vida que ya, sabíamos, quedaba atrás.


Seguí por el camino. Los laguitos, por donde pasábamos con nuestras bicis camino del Faro. Buscando un río que ya comenzaba a tener agua. Y el río, con agua. ya, serpentenado hacia el puerto de Conil, que antes fue cala de arena. Y en el río el viejo árbol que aún baña su copa en las frías y saladas aguas del río Roche. Desde allí saltábamos de niños para bañarnos en sus verdes orillas. Hoy ya nadie salta a sus fangosas y estancas aguas.


Y al final del camino, el Puerto. Ya no está el fósil de ballena incrustado en el acantilado. Hace tiempo que se vino abajo. Tal vez porque muchos eran los que iban a coger un trozo del esqueleto convertido en piedra. Tantos que al final acabaron con él.


También mi camino había acabado. Dejándome recuerdos vagos que se esconden en mi memoria. Borrosas caras, convertidas en fósiles del pasado, que me impiden recordar con quién estuve en cada momento. Recuerdo a mi abuelo. Recuerdo a mis primos bajo el viejo y mojado árbol. Recuerdo a mis hermanos. A mis amigos. Recuerdo el camino. Y me doy cuenta que ya he llegado al final. Ahora tengo que buscar nuevos senderos. Nuevos rostros bajo el viejo y mojado árbol. Bajo un nuevo y mojado árbol.


El otro día decidí seguir el que pasa junto a las calas. Al final me encontré con viejos rostros conocidos que se hacen nuevos a cada instante. Y, por un momento, pensé en el paralelismo de ese camino con mi vida. Da igual las vueltas que dé, al final, siempre serán los mismos rostros los que se muestren borrosos en mi memoria, diluidos con mi propia vida. Inexcusablemente unidos. Invariablemente juntos para siempre. Sin importar qué camino coja cada cual a cada instante.

martes 14 de abril de 2009

En pocas palabras




Es mejor ser un loco cuerdo que un cuerdo que rechace la locura. Porque, al final, acabará loco, pero ya no será cuerdo.

lunes 13 de abril de 2009

Brillan


Se ríe, pero la tristeza esconde el brillo de sus ojos. Llora de felicidad, y sus ojos brillan acuosos como si la pena escapase de su alma, entre lágrimas. Ya no ríe, sólo llora. No tiene nada, no necesita nada, no quiere nada. Pero sus ojos sólo brillan entre lágrimas que me desgarran. Trozos de su alma que se aferran a mi vida, hasta diluirla en lágrimas que acompañan a las suyas.


domingo 12 de abril de 2009

Ocurrió en el dos

Estaban los dos sentados tranquilamente. El uno junto a la otra. Ella más niña que él. Se miraban. Con las tiernas miradas de los que descubren por primera vez el amor. Dos señoras sentadas frente a ellos le sonreían. Como señalando la hermosura del amor quinceañero en primavera. Ella le pasó la pierna a él sobre las suyas. Él comenzó a acariciarsela tras levantarle el pantalón. Ella le besó y el respondió sonoramente. Nadie dijo nada. Y, entonces, llegó ella. Renqueante desde la puerta delantera. Pasó junto a muchos sin decir nada pero, al llegar junto a los enamorados, se detuvo y la miró con desaprobación. Se hizo el silencio. Y, entonces, ella dijo un simple:

-Shosho, te podías haber quita'o los pelos de las patas.

sábado 11 de abril de 2009

Sasurai

Desde la muralla los hombres comenzaron a lanzar agua hirviendo, logrando detener parte del avance. Pese a todo algunos hombres habían accedido a las murallas. Junto a ellos, algunas figuras destacaban sobre las demás. Parecían humanos, pero el mal puro emanando de ellos. Sus fuertes brazos alzaban poderosas cimitarras con las que cortaban a sus enemigos mientras avanzaban en dos frentes: tres hacía el drow, tres hacia el músico. La armadura completa que vestían resonaba al chocar contra los merlones. En el campo de batalla, sin embargo, las tropas comenzaron a retroceder.


Sasurai observó, no sin cierto desagrado, lo que ocurría en las murallas. La lucha estaba marchando bastante bien, se las arreglaban para detener a la mayoría de invasores, y con sus golpes y piruetas inspiraban a los hombres. Muchos estarían sorprendidos de ver en combate la figura del vagabundo, más aún luchando de aquel modo. Pero ahora algo se había torcido. Aquellos tipos enfundados en pesadas armaduras parecían más peligrosos que el resto, y tenían un aura de maldad casi tangible.


Recogiendo la cadena hasta volver a empuñar su espada, Sasurai encaró a los tres hombres que se dirigían hacia él. En su otra mano sujetaba el Main Gauche, que esperaba le sirviese de ayuda, ya que se encontraba en evidente desventaja. Por una parte, eran más y mejor pertrechados. Debía confiar en su agilidad y sus habilidades para evitar los golpes, y en la muralla el espacio era limitado, y debería golpear realmente fuerte y con precisión si quería dañarlos. Por otra, estaba lo de aquel demonio que había sobrevolado la ciudad. Ahora parecía haberse detenido, pero sería preferible no excederse en el uso de sus poderes demoníacos si no quería llamar la atención.


Suspirando de manera audible y saludando con la espada bastarda, al modo de los caballeros, el músico se preparó para el combate. Apretando los dientes, algunos poderes de su parte infernal comenzaron a manifestarse. Las acostumbradas líneas rojas surgieron en su rostro, al tiempo que sus ojos se prendían en llamas y su musculatura aumentaba y todo él parecía volverse más imponente. Cuando habló, su voz sonó grave, distorsionada, como si perteneciese a otro mundo.


- ¿Qué amo os azuza con tal vigor que corréis sin dudar hacia vuestra muerte?
-¿Quien os a dicho que avanzamos hacia la muerte, caballero-la voz silbante sonaba fuerte, segura de sí­ misma y hasta irónica-Nosotros somos la espada que empuña la muerte, y nuestro señor, que no amo, es su más fiel servidor


viernes 10 de abril de 2009

Semana Santa en Cádiz

El francés Labat describió la semana santa gaditana del siglo XVIII en su libro de viajes. Hoy le dejo a él tomar la palabra en este blog:

"Pero estas devociones no son nada en comparación con las de Cuaresma y Semana Santa. Nuestros Padres querían persuadirme que me quedase en Cádiz para ver estas magnificencias. Nada, según ellos, era más bello que las procesiones de penitentes que acompañan los misterios de la Pasión, representados de una manera tan natural que no hay quien no deje de derramar lágrimas a su vista. Mis asuntos me llamaban a otra parte, fuera parte de que no me gusta llorar y quizás no estando conmovido ni edificado con estos espectáculos hubiera escandalizado a los que hubieran observado que no compartía sus mismos sentimientos..." ( SIC )


"En efecto ¿ qué sentimiento de compunción puede nacer en un hombre discreto una serie de penitentes cargados de cintas y de encajes que se azotan acompasadamente y que redoblan sus golpes bajo las ventanas de sus queridas, o que salpican con sangre las bellas que se encuentran en las Iglesias o en las calles, y que se toman la precaución de taparse la cara...?" ( SIC )


"Generalmente llevan también enlazada en las disciplinas una cinta que a cada penitente regala su amada, y ellos la lucen como un señalado favor... El disciplinante anda pausada y ceremoniosamente, y al llegar junto a la reja de su amada se fustiga con un brío maravilloso. La dama observa esta caprichosa escena desde las celosías de su aposento, y por alguna señal bien comprensiva le anima para que se desuelle vivo, dándole a entender lo mucho que le agradece aquella bárbara galantería..." ( SIC )

"Cuando los disciplinantes se encuentran en su camino con una hermosa mujer, suelen pararse junto a ella y sacudirse de un modo que al saltar la sangre caiga sobre su vestido. Esta es una interesante atención y la señora, muy agradecida, les dirige palabras amables..." ( SIC )


"Como yo se lo que cuesta a estos azotantes, pues ante de exponerse a hacer estos ejercicios en público se hacen ensayar por maestros que hacen profesión pública de ello, a azotarse con gracia, no hubiera podido evitar de reirme y decir que esto era un espectáculo y todo lo hubiera echado a perder..." ( SIC )


"... con frecuencia ocurre que los dos disciplinantes se transitan a la misma hora y con idéntico aparato se cruzan en una calle y se hostigan. Cada uno pretende que el otro le deje el paso libre y ninguno quiere acceder: los criados que llevan delante con las antorchas encendidas, comienzan a golpearse con ellas el rostro y a quemarse las barbas, los amigos de uno desenvainan las espadas contra los amigos del otro, y los dos héroes de la fiesta, sin otras armas que la disciplina con que iban castigando su cuerpo, se busca entre la confusión de la pelea y al hallarse frente a frente dan principio a singular combate. Después de calentarse las orejas a puros disciplinazos recurren a los puños para golpearse fieramente con brutalidad propia de carreteros... "( SIC )

"En el convento de nuestros Padres ( Labat se refiere al convento de Santo Domingo donde celebraba misa durante su estancia en Cádiz) y en el de los Franciscanos, me hicieron ver unos almacenes llenos de máquinas y representaciones que llevan en las procesiones, un gran número de gruesas cruces de madera que los penitentes llevan sobre las espaldas y otras más pequeñas en las que se hacen amarrar por los brazos y por el cuerpo, como si estuvieran clavados, y en esta postura tan incómoda visitan todas las Iglesias de la ciudad. Los que han viajado por España e Italia han visto todas estas ceremonias, de ellas trataré más ampliamente en el viaje a Italia..." ( SIC )

"También hay verdaderos penitentes que inspiran verdadera compasión y llevan arrollada en el desnudo torso y en los brazos una cuerda de esparto, cuyas vueltas oprimen detal modo la carne, que toda la piel se pone amoratada y sanguiolenta. En la espalda llevan siete espadas metidas entre cuero y carne , que le producen numerosas heridas a cada paso que dan, y como llevan los pies desnudos y las piedras de las calles son puntiagudas, con frecuencia se caen los infelices. Otros llevan espadas: cargan sus hombros con una pesadísima cruz: y tanto éstos como aquellos no son hombres vulgares acostumbrados al duro sufrimiento, sino personas de mucha calidad que van acompañadas de varios pajes vestidos con túnicas y con la cara cubierta para que nadie los conozca: éstos llevan vinagre, vino, y otros reconfortantes, y los ofrecen de cuando en cuando a su Señor, que a veces cae rendido, casi muerto, por los dolores agudos y la fatiga insoportable. Tan difíciles penitencias ya no son voluntarias galanterías: las imponen ciertos confesores, y el que las realiza, pocas veces pueden librarse de la muerte, que le condena en breve plazo. Monseñor el Nuncio de Su Santidad me ha dicho que había prohibido a los confesores que aconsejaran tales penitencias: pero aún he presenciado bastantes, y se supone que la devoción de cada penitente como única inspiradora de tan rudos martirios"


¿Tanto hemos cambiado?...

jueves 9 de abril de 2009

I Casualidades

A veces la vida te cambia por una casualidad. Una casualidad sin importancia. Y sin sentido. Como toda casualidad. Mi casualidad ocurrió en los carnavales de Cádiz. Justo en la puerta del Manteca. Estaba allí con un grupo de amigos. No muchos. Cuando alguien lanzó al viento un nombre. EL nombre: Arturo Pérez Reverte. Y él, el Duque de Corso y Real Maestro de Esgrima del muy noble y literario Reino de Redonda, cambió mi vida. No sé si a mejor. Pero la cambió. Allí, rodeado de gaditanos que celebraban el martes de carnaval, y entre papelón y papelón de chicharrones, nuestras voces comenzaron a elevarse. Discusiones peregrinas, tal vez fuera de lugar, sobre la prosa y la pluma de Reverte que nos llevaron a concluir que nada de lo que había salido de su mano era digno de ser considerado literatura.

-Tengo que reconocer que me gusta Alatriste- dije sin sorna.
-Bueno, vale, eso puede. Es entretenido- dijo Pato
-A mi me gusta Territorio Comanche- Belén, la gaditana novia de Pato- tiene mucha fuerza.
-Es verdad. Y sus artículos no son malos- Nidia, la hermana de Belén, metía baza en el asunto.
-Muy cierto, los artículos de ese cabrón son buenos- yo asentí con la cabeza a las palabras de Pato, no se podía negar la verdad- pero sí ,Territorio Comanche tiene mucha fuerza. Tal vez sea porque vivió en primera mano lo que cuenta. Aunque me gusta más Un día de Colera.
-Lo siento, pero disiento- dije muy serio mientras cogía algo de queso- pero la mejor obra con diferencia del inclito es La sombra del águila y esa maginfica descripción que realiza del petit cabrón.
-¿De que hablaís? –no era el inclito, sino un amigo común que venía saludar
-Del mamón de Reverte
-Esto… me voy.

Y se fue. Pero nosotros nos quedamos, hablando entre risas de lo mal escritor que era el reputado Reverte y de lo divertido que sería crear un club de lectura en su nombre. Y esa simple casualidad del pasado me cambió el presente. Pues ahora comparto dicho club con algunas jovenes locales. Belén nos acompaña desde la lejanía, ya sin Pato a su lado. Nidia nos permite adentrarnos en su casa para compartir risas y vinos al son de los ladridos de Luna, su perra, y las risas de su padre que, a veces, también se queda con nosotros. Y, por esas casualidades otras dos personas se han unido a nuestro club: Cecia, una morena de alegre lengua y mordaz palabra, de sentimientos contrapuestos. Y Daira, venida de lejanas y exóticas islas, enamorada de Cádiz y sus gentes. Alegre, vivaracha y aún estudiando para no irse de aquí

Cuatro personas tan distitnas como iguales… por qué, casualidades de la vida, supongo, los cuatro deseabamos quemar a Reverte. Y hemos decidido intentarlo.