sábado 31 de enero de 2009

El aviso de Schiibracks

De repente un estallido inundó el aire y una luz rojiza empezó a destellar en medio del mercado. Era la alarma, el indicativo de que toda la población debía dirigirse a la seguridad del refugio construido por Askanter.

Si el refugio estaba activo, significaba que el archimago estaba al corriente de todo. Pero no todos estaban seguros de que eso fuese una buena noticia. En las inmediaciones de la casa comercial la gente se apresuraba a entrar por las gigantescas puertas de adamantina que protegían la entrada del refugio. Eran necesarios cuatro gigantes para poder abrir cada una de las hojas. Los gigantes habían tomado la plaza del mercado y, dirigidos por un espeluznante ser mitad pulpo mitad humano, se encargaban de mantener libres las calles hasta el refugio.

En el cementerio algo llamo la atención de Actaeon, una especie de zumbido tras de sí se paró en seco y pudo ver un momentáneo pasillo entre los restos destrozados de los putrefactos muertos en el suelo. Aunque se había parado a una distancia prudencial del hombre lobo Schiibrackss se encontraba acuclillado lejos del alcance de sus garras.

-Essss una trampa el verdadero enemigo essssta fuera. Lossss drowssss tenemossss el subsuelo controlado, y Askanter ha abierto el refugio. En la murallassss hareissss falta los veteranosss, deja esto para los nuevossss, también Hook y su tripulación esstán en camino. Askanter me envía para que ossss abra camino entre la esssscoria y llegueisss masss rápido ¡Venga! No tengo toda la noche- Schiibracks, el Colmillo de Lloth tensó todos sus músculos antes de partir en busca de Robbel. Con su cuerpo replegado sobre sí mismo y las crestas óseas de su espalda barriendo a los endebles no-muertos a su paso, como una hoz segando el grano.

Actaeon observó los movimientos del drow... Al fin Askanter había hecho su aparición y, a pesar de que había una rivalidad entre el Archimago y Hathaltoy, sabía que el respeto prevalecía por sobre toda razón lógico. Se vio obligado a confiar parcialmente en Askanter, giró en seco sobre sus talones, con un movimiento que siguieron sus cabellos, que cayeron sobre su frente y rostro, ocultando el iris amatista de sus cansados ojos. El Garou comenzó a caminar de una manera muy suave y pacífica hacia las murallas. Podía ir, si así lo deseaba, en menos de 10 segundos, pero algo le decía que debía ir tranquilo.

Cruzó su camino con Sasurai, que tras integrarse por fin en los callejones próximos al cementerio, totalmente vacíos de viandantes, el extraño vagabundo desenvainó su espada, que al instante quedó asida a la cadena que sobresalía en su manga derecha. El filo no brillaba bajo la luz de la noche, negro y opaco como el alma de su forjador, como el fin al que servía y la parte demoniaca del alma que a través de él se expresaba... y que ahora comenzaba a tomar fuerza, en previsión del combate. Los ojos brillaron anaranjados, con el fulgor del fuego. Los colmillos se alargaron y ensancharon, aunque sin llegar a deformar la bella faz, y dos rayas rojizas y rectas, que parecían brillar por algún extraño motivo, aparecieron desde debajo de sus ojos a la mandíbula, marcando aquel camino que tantas veces habían recorrido las lágrimas.

Tras caminar algo más, ya casi ante el cementerio, Sasurai pudo ver por fin al enemigo. Varios no-muertos se adentraban por el callejón que él recorría, observándolo con sus ojos vacíos, acercándose inexorablemente con su cansino caminar. Era la hora de luchar. Con ágiles movimientos recorrió la distancia que los separaba, empuñando en el camino el main gauche en su mano izquierda. Al alcanzarlos, lanzó varios golpes a los más cercanos, con la espada bastarda aún empuñada, mientras bloqueaba cualquier ataque con el otro arma. Tras acabar con los cercanos, atacaría a los más lejanos haciendo uso de la cadena, que le permitía abarcar un radio mucho mayor. Ninguna de aquellas infames criaturas debía escapar ni moverse libremente por la ciudad, o muchos inocentes podrían acabar heridos. Luchó sin descanso y pronto vio como otros se unían a su lucha. Pero sus ojos, acostumbrados como estaban a la muerte, vagaron en busca de mayores enemigos. No los vio. Solo pudo ver el alba que comenzaba a iluminar a la muerte.

Y con el alba llegó la paz al cementerio: los vampiros que no habían muerto bajo las armas de sus enemigos cayeron bajo los rayos del sol. Y con ellos el ejército no-muerto volvió a reposar sobre la tierra de la que no debieron salir. Pero el fin del conflicto no estaba cerca: el sonido de maquinas acercándose a la ciudad era ensordecedor. La primera piedra cayó cerca de las murallas, la segunda aplastó a un soldado de libre blanca y azul y el escudo de la Casa de Mot, contra el empedrado.

Y a lo lejos, sonó la guerra mientras las primeras escalas se enganchaban en los merlones de la muralla....

viernes 30 de enero de 2009

Patada en la conciencia

Hoy he conocido a una mujer que me ha cambiado la vida en muchos aspectos

Una mujer de 40 años que, con 30, decidió cambiar su vida para dedicarse a otros.
Una mujer que se marchó de su tierra a un confín perdido del mundo: Mozambique.
Una mujer que da su vida por los demás, con una sonrisa en la mirada.
Una mujer que dice recibir más de lo que da. Y da mucho.

Hoy he conocido a una misionera salesiana, Carmen Ramos, que lleva desde 1999 en Mozambique, trabajando con niños de la calle, con mujeres, con enfermos de Sida,... Alimentando las ansias de educación, de cultura, de comida de una comunidad necesitada. Una mujer como otras muchas, pero a la que he tenido cerca y que me ha cambiado la visión de algunas cosas.

Ella me hablaba de un grito africano por la supervivencia, mientras una joven periodista pagaba con una cojera la penitencia de la crisis. Una crisis que no le permitía comprarse otros zapatos de una carísima marca.

Hoy, una mujer, monja y misionera, me ha pegado una patada en la conciencia y me ha recordado porque entré –hace ya diez años- a trabajar en Manos Unidas.
Hoy, una mujer, monja y misionera, me ha recordado que queda mucho trabajo por hacer. Y que yo, como miembro de Manos Unidas y ahora como Delegado, tengo que ser la voz que haga sonar ese grito en las conciencias de otros muchos gaditanos.
Hoy, como hace 50 años hicieron muchas mujeres católicas, yo le declaro la Guerra al Hambre. Porque combatir el hambre es un proyecto de todos. Porque solo nosotros podemos y podremos cambiar el mundo.

jueves 29 de enero de 2009

Capítulo IV: La bañera

La plaza de Candelaria estaba tranquila. Desde hacía unos meses habían abierto nuevos bares y los yonquis se habían tenido que buscar refugio en otro lugar. Jorge se apoyó en la pared de la residencia de ancianos. Dudaba. No estaba seguro de aquello. Nunca había hecho nada parecido. Era la primera vez que acudía a una cita sin tan siquiera saber el nombre de la otra persona. Pese a todo, allí estaba. Se había puesto una camiseta y unos vaqueros. Informal, como solía vestir cuando no estaba trabajando.

Llegó antes de la hora. A eso de las 19.20. Le gustaba ser puntual. Otra manía. Al final siempre tenía que esperar más de media hora a sus amigos. Odiaba esperar. Susana lo sabía y solía llegar en hora. Esperó durante 15 minutos. Tenía claro que no se quedaría mucho más. Ni siquiera sabía si aquello era una broma de la hermosa mujer del museo. Estaba a punto de irse cuando ella apareció cruzando la plaza.

-¡Hola!- le dijo jovialmente. Su voz le pareció distinta. Tal vez porque ahora casi gritaba y por la mañana solo había susurrado.
-Hola – no sabía qué responder. No la conocía de nada. Ni su nombre.
-Soy Elena. Siento haberte entrado así, pero te vi y no pude evitarlo.
-¡Ah!- Se quedó mirándola sin decir nada más.
-¿Sólo ¡ah!? No me vas a decir ni tu nombre- Elena no preguntaba, afirmaba con el rostro burlón.
-Jorge. Me llamo Jorge.
-Encantada, Jorge, ¿te apetece tomar un café? Vivo aquí al lado.

Comenzó a andar por la plaza sin esperar la respuesta de Jorge. No la dio. Caminó a su lado hasta llegar a la calle Santiago. Entraron a la casa. Las escaleras eran antiguas y el edificio olía mal. ¿Dónde me estoy metiendo? Subieron tres plantas. Y, por fin, entraron en el piso .Jorge esperaba una vivienda vieja y estropeada. Pero aquello era un loft. Habían quitado casi todas las paredes y tan solo el baño y la cocina quedaban aislados. Le llamó la atención la cama. Estaba en una esquina de la habitación, junto a un ordenador encendido que mostraba un blog, y una ventana sin persianas. Ninguna ventana tenía persianas.

-¿Te gusta?
-Demasiado
-Pues espera a ver el baño,- dijo quitándose el vestido para dejar su cuerpo desnudo a la vista de Jorge.

El corazón comenzó a latirle a gran velocidad. El buscaba un nuevo amor. Un amor que rompiese con el recuerdo de Susana. Pero Elena le ofrecía sexo. Sin más. Sin preámbulos. Sin saludos. La siguió hasta el baño. Ya estaba todo preparado. Las velas encendidas se repartían por el suelo.

-Ahora entendederas porque he llegado cinco minutos tarde- le dijo mientras comenzaba a besarle en los labios. Él respondió a su beso sin saber muy bien qué hacer. Nunca le había pasado nada igual. No conocía a nadie al que le hubiera pasado algo igual -¿Por qué no pones algo de música y traes algo de beber mientras yo termino de llenar el baño?

Se dirigió a la habitación contigua. Los discos estaban junto a la cadena de música. Trasteó entre ellos hasta encontrar uno que le gustaba: Danubio Azul de Johan Stauss. Cogió dos vasos anchos del mueble bar y una botella de whisky: Glenfiddich, 12 años. Gran whisky, pensó mientras sacaba la botella de la redonda caja donde estaba. Le hacía falta alcohol. El corazón le latía cada vez más rápido. Sentía miedo y excitación.

-Cariño, no has traído hielo- le dijo ella quitándole los vasos de la mano para dirigirse a la cocina.

Jorge se apoyó en el lavabo, mientras la palabra cariño se repetía en su mente. Sus ojos cayeron sobre un tubo de somníferos y otro de Prozac que descansaban en la pequeña repisa junto al espejo. Está loca. Me hará el amor en la bañera y luego se acabó. Cogió varias pastillas. Capsulas rojas y blancas con la palabra Somnatrol escrita en ellas. Abrió la botella de whisky. No tenía boquilla. Escuchó a Elena en la cocina. Picaba el hielo a la vez que tatareaba la melodía compuesta por Strauss. Abrió las capsulas con la mano y echó el contenido en la botella. Una. Dos. Tres. Cuatro. Hasta nueve antes de escucharla volver.

Llegó con los vasos llenos de hielo. Los llenó de whisky antes de cerrar el grifo y rodear a Jorge con sus brazos. Le quitó la camiseta. El vaquero. Lo desnudó lentamente. Recorriendo el cuerpo del profesor con sus manos. Con sus labios. Ávida de su piel. De su sabor. Él la dejó hacer. Acariciando su espalda hasta llevarla a la bañera. Entraron en el agua. Bebió. Ella. Otra vez. Él no bebía, la miraba. La acariciaba. Besó su cuello. Jugó con su pelo. Acarició su piel. Sus piernas. La besó. Esperó. Ella fue cerrando los ojos lentamente.

Salió de la bañera. Dejó la botella en el suelo, ya casi vacía por lo bebido por ella. Vio como su pelo flotaba entre la espuma mientras se secaba y se vestía. Cogió la toalla y el vaso. Disfrutó del tranquilo rostro de Elena bajo el agua. Y, finalmente, se fue de aquella casa.

Sí, puede que esto sea lo que necesito para olvidar a Susana

miércoles 28 de enero de 2009

La tortuga

Como norma general yo no salía con la tuna. No por nada. Simplemente porque yo no era tuno. Ni siquiera la mascota. No iba conmigo eso de vestirme de grillo y cantar clavelito por las calles de Cádiz. Pero aquel día, no sé porqué, lo hice. O tal vez me encontré con ellos por casualidad. No lo recuerdo aunque, seguramente, sería lo segundo. Sí, seguro. Porque según voy escribiendo esto me vienen las imágenes a la cabeza.


Yo iba a buscar un taxi para volver a casa, vaya usted a saber qué hora sería pero, sin duda, tarde. Y me encaminé a Diputación. Ya sabrán todos que bajo la Casa Rosa, entonces de Román hoy de Cabañas, siempre hay taxis. Y allí fui donde los vi. Estaban en la fuente de las tortugas. Literalmente. Cantándole algo a alguien que también estaba allí. Literalmente. Vi algunos tunos entorno a la fuente. Pero mi amigo Lacueva estaba EN la fuente.

-Cómele la boca
-Dale un pico
-¡Hazlo!

Sí, yo también me pregunté qué estaba pasando EN la fuente y mi curiosidad pudo más que mi sueño. Me acerqué. Miré. Y reí. Mucho, muchísimo. Aún hoy me río. Allí, EN la fuente, estaba el Negro, en calzoncillos, con Lacueva -allí el Visir- sentado en el borde de la misma mirando como nuestro aún entonces amigo intentaba comerle la boca a la tortuga. Sin conseguirlo. Y lo intentó Pero el agua que, también por aquel entonces, manaba de la misma, le impedía acercar sus labios al morro de hierro y piedra de la tortuga.


Y es que la tuna, y los tunos, son capaces de enrollarse con cualquier cosa.

martes 27 de enero de 2009

La visión

Prometo que aquel día yo no hice nada. Solo estaba allí. En el lugar equivocado en el momento equivocado. O en la puerta equivocada. Yo era mozo, niño incluso. Inocente hasta ese día. Virgen de toda visión. Había escuchado que algún amigo comentaba que había visto a una mujer desnuda. Vecinas cogidas infraganti por la mirada traviesa e inocente de un crío. Pero a mí eso jamás me había pasado. No hasta ese día. Aquellos que decían ver a una mujer desnuda, comentaban entre risas que no tenían “pishita”. Que eran raras, distintas, diferentes –¡cuánta razón no guardaban aquellas inocentes palabras!-.

Pero, aquel día, fui yo quien descubrí en mis ojos el horror de la verdad. Fui a buscar a mi amigo, como cada día durante todo el verano. La puerta abierta, como cada día durante todo el verano, invitaba a entrar en una casa de sobra conocida. Un pasillo abierto hasta su habitación, un camino que llevaba hasta él y que pasaba por la abierta puerta del baño. Ruido de agua corriendo que indicaba vida en la casa. Una mirada inocente al interior del baño, tal vez mi amigo estuviera lavándose la cara.

Corrí. Salí de aquella casa como si mis ojos hubieran visto el peor de los crímenes. Tal vez lo hicieron. La belleza de la desnudez perdió todo su sentido. La vergüenza sonroso mi rostro durante el verano. No volví a entrar en aquella casa sin mi amigo. No me atrevía a mirar a los ojos a un cuerpo que me había mostrado su realidad: un poeta diría que la belleza de la senectud. Para mí, solo, el cuerpo desnudo y arrugado, horrenda visión clavada en la ventana de la mente, de la abuela de mi amigo.

lunes 26 de enero de 2009

La muralla musulmana de Cádiz

El otro día el Diario de Cádiz nos levantaba con la noticia del descubrimiento de la muralla medieval -noticia, por cierto, que ya fue dada en la Voz en el mes de agosto-. Según los arqueólogos se trata de restos de la “cerca” musulmana. La altura -12 metros- y la importancia de la misma –con la aparición de dos torres- parece contrastar la información recogida en las fuentes de una reconstrucción de la misma en época cristiana.

Pero el descubrimiento, más allá de su interés arquitectónico, -y de la curiosa "noticia" dada en primicia 5 meses después- me hace preguntarme si realmente el Qadix musulmán era una villa de pescadores. Y la respuesta que viene a mi mente es la misma que ya me acecha desde hace tiempo: no. Solo si nos encontramos ante un núcleo comercial de cierta importancia en el sur peninsular tendría sentido la existencia de esa muralla. Y, más importante aún, la continuidad de lazos con el reino de Fez -al que pertenece Cádiz hasta la conquista de Alfonso X- y la rápida entrada de la ciudad en los circuitos comerciales del Mediterráneo tras esa misma conquista. Cada día somos más los que creemos que –como defiende Rumeu de Armas- la ciudad de Cádiz sufrió una transformación menor de la creída, con la simple sustitución de la población musulmana por otra cristiana, pero con el mantenimiento de una élite comercial de origen genovés que, a lo largo del s. XIV acabaría ocupando (copando, habría que decir) todos los puestos de poder de la ciudad.

Hemos de alegrarnos, por tanto, de este descubrimiento que viene a dar algo de luz a nuestro pasado más oculto. Y, en esa luz, nos muestra que las viejas teorías, la negatividad con la que siempre se miró a nuestra Edad Media, no es más que un reflejo del oscurantismo que ha caído sobre esa época por la falta de fuentes con que sí cuentan otras etapas de nuestra Historia.

sábado 24 de enero de 2009

A vista de pajaro

Sarverius había abandonado el lugar en el que se encontraba, había enviado al búho para que le informará del estado de la batalla, mirando a través de sus ojos para saber que ocurría en cada momento y lugar. Había numerosos guerreros de Frikigard batiéndose contra los esqueletos y los guerreros más experimentados. Pudo ver a Setsuna y notó su indecisión. El guerrero ciego, dudaba entre correr hasta el templo de Quarion o el Palacio Real, pero los sonidos que llegaban le indicaban que aquello no sería posible. Había escuchado lo que decían sus enemigos, y eso confirmaba sus peores temores: el ataque al cementerio no era más que una fachada. Pese a todo, pese a sentirse engañado y estúpido por no haberse dado cuenta se preparó para la lucha. Sabía de sobra que esa era la única posibilidad de supervivencia.

Volvió su vista a otro lugar y encontró a Nimrandir. El paladín apareció en una puerta cercana. Sobresaltado. Los gritos, llantos, pasos apresurados que resonaban en las paredes de la ciudad le habían despertado. Hacía poco que el elfo había vuelto a Frikigard, aquella misma noche, y desconocía o que había ocurrido días atrás. Intrigado, corrió escaleras abajo para precipitarse a la calle. La ciudad era un caos. Muchos corrían desesperados en todas direcciones, aparentemente tratando de buscar refugio. Algunos hombres y jóvenes intrépidos empuñaban armas. Otros tan solo estaban sentados, con los ojos abiertos de par en par, haciendo caso omiso del resto. El elfo intentaba hablar con alguien para averiguar que estaba pasando, pero nadie contestaba e incluso algunos le lanzaban miradas aterrorizadas.

La excepción parecía ser el clérigo Akad, cuya figura imponente guiaba a decenas de fieles hacia el templo de Heironeus. Lo propio parecía hacer un pequeño sacerdote hobbit, Quarion. Guerreros de diversas razas se dirigían a la plaza principal, algunos otros parecían ir hacia el cementerio. El elfo fue hacia las murallas, a ver si podía encontrar un guardia que le explicase todo eso. En efecto, había un pequeño grupo de soldados cerca de los lindes de la cuidad.

-Están atacando Frikigard- la voz del soldado estaba quebrada y sus ojos miraban al exterior de la ciudad.

Nimrandir se acercó a las almenas y comprendió que el guardia tenía razón. Ruidos metálicos, gritos y carcajadas provenientes de las afueras... una visita al tejado más cercano lo despejó de toda duda. Fue hacia los hombres, y les pidió que no cayeran en la desesperación

-Buscar a todos los hombres dispuestos a luchar que podáis encontrar –Sarverius sonrió al escuchar aquellas palabras resonando en su mente. El elfo se ponía al frente de la defensa de la muralla y lucharía por la ciudad.

Sus ojos, volando en la oscura batalla, vieron a otros guerreros enfrascados en la lucha: Actaeon, Robbel, Sha’ab, Evincar, Setsuna, Hook, Bloody… eran muchos los buenos hombres que estaban dispuestos a dar sus vidas en una guerra de la que nada entendían. No eran más que fichas en tablero de ajedrez movidas por manos ávidas de riquezas y de poder. Y, lo que era peor, de odio irracional entre dos hermanos condenados a vivir o morir el uno con el otro.

viernes 23 de enero de 2009

Live Long and Prosper

Ahora comienza una nueva era. Igual que cuando Gandalf se montó en el barco con Frodo. Porque sí. Porque lo digo yo y lo dice el mundo. Desde que Obama tomó posesión de su cargo al frente de la nación más poderosa del planeta todo ha cambiado. O eso dicen. Se va a acabar el hambre, las guerras llegarán a su fin. Exisitirá igualdad en el mundo. Zapatero se levantará al paso de la bandera de las barras y estrellas y, a lo mejor, hasta visita Washington. Se acabará el paro. Fidel Castro volverá a dar discursos de cinco horas sin parar a beber agua. Los trekis gritaran al viento "larga y prospera vida" para ser respondidos con un "que la fuerza os acompañe"


Y es que, amigos, el mundo hoy es mejor. Y no porque un negro (mulato criado como un blanco rico que ha estudiado en Harvard, que no es lo mismo que un negro criado en Kenia) esté al frente de la Casa Blanca. Ni porque Zapatero por fin haya apostado por caballo ganador. Ni por ninguna otra razón peregrina y sin sentido.


Sino porque aquel que ahora gobierna el mundo es coleccionista de cómic de Spiderman y Conán. Porque es seguidor de Mr Spook -aunque eso conlleve ser treki-. Así que sí, la era de los hombres ha llegado a su fin. Digan conmigo: “Adiós meros humanos, alabemos al gran friki”.

Y es que ¡Lo sabía, lo sabía!.... Los frikis dominaremos el mundo. Y como buen friki, seguro que hará algún milagro.


jueves 22 de enero de 2009

Capítulo III: La extraña del museo

El camino desde el IES hasta el Museo Provincial no era largo. Jorge había decidido ir andando con ellos y aprovechar para explicarles algunas cosas de la historia de la ciudad. Llegaron al Museo sobre las 10.30. Había soñado con que algunos de sus alumnos más aventajados hicieran algunas preguntas durante el camino. Pero nada. Solo hablaban del último capítulo de la serie de moda. El no lo había visto. Ni tan siquiera con la edad que ellos tenían ahora gastaba su tiempo ante la televisión. No más del estrictamente necesario. Algunas películas clásicas, algún programa de música y documentales de viajes. El resto del tiempo lo pasaba encerrado en su cuarto, leyendo novelas históricas, a Sherlock Holmes o, a Dumas y Julio Verne.

Le encantaba Francia. Nunca había estado allí, pero ahora tenía pensado visitarla. Ya estaba organizando el viaje para este verano y no había tarde que no visitará algún blog con información sobre lo que quería ver: Carcassone. Eso lo tenía claro. Allí tenía que ir. Y a Paris, claro, deseaba pasear por aquellas calles soñando con los mosqueteros, con la toma de la Bastilla, con la exposición del 1889. Imaginando como sería la Francia del XIX en sus mismas calles. Visitando el Louvre y disfrutando con sus pinturas. Sí, esperaba con ansias la llegada del verano.

Pero, por ahora, tenía que conformarse con visitar el Museo Arqueológico de Cádiz. No sabía cuántas veces lo había visitado ya. Y las que le quedaban por hacerlo. Era visita obligada cada año. Y aún le quedaban más de treinta de profesión. Subió la pequeña escalinata explicándoles a sus alumnos que hoy no iba a ser él quien les hablará. Habría un guía voluntario. Seguramente un hombre mayor. Y debían tratarlo con respeto. Aunque sabía de sobra que no lo harían.

No se equivocaba. El hombre los esperaba dentro del museo, con el rostro surcado por una sonrisa. El pobre, no sabe la que le ha caído pensó Jorge viéndolo tan feliz.

-Escucharlo atentamente, porque no solo nos va a describir lo que estamos viendo, sino que va a darnos una autentica clase de Historia de Cádiz- observó a sus alumnos.

Sin lugar a dudas ninguno quería estar allí. Y, ahora que habían llegado, se dio cuenta de que él tampoco. Pero ya no le quedaba más remedio que seguir allí. Escuchó cada intervención de su guía sin darle mucha importancia a lo que decía, dejando que los alumnos fueran delante de él y esperando en silencio. Y ese mismo silencio que se iba creando a su alrededor le llevaba a pensar en Susana. Le había dicho que buscase a otra, pero no sabía cómo hacerlo. Nunca había sido de ir a discotecas ni sitios así. La verdad es que tampoco había tenido muchos amigos con los que ir.

Sus amigos, los que seguía teniendo, habían llegado a su vida gracias a su relación con Susana. A ella la conoció en una tienda de música cuando lo confundió con el dependiente. Algunos años después le confesó que iba a esa tienda solo por verlo. Pero ahora ¿cómo iba a encontrar a otra?. Sabía que no sería capaz de hacerlo.

Casi sin darse cuenta habían llegado a la parte de contemporánea y tuvo que volver a centrarse en sus alumnos que reían ante algunas de las obras expuestas en el Museo. El mismo se quedó mirando alguna de ellas, conteniéndose para no echarse a reír ante lo que veía. No dudaba de que tuviera mucho valor, pero no lograba entender que aquello fuese arte. Siguió caminado por la tercera planta. Se detuvo a observar las obras de Costus. Siguió su camino. Pero no fue mucho más allá. Se detuvo a ver los Cuatro Evangelistas. Le gustaba el realismo de los rostros, y el contraste de la idea con la imagen.

Estaba allí, observando a los cuatro hombres enchaquetados, absolutamente contemporáneos., cuando apareció ella. Era morena. Delgada pero con algunas curvas generosas donde debían estar. Y era guapa. Tenía unos ojos oscuros que resaltaban con su piel clara, casi blanca. Se miraron un instante. El posó sus ojos verdes sobre los de ella, mientras se tocaba la coleta. Desde hacía un tiempo se recogía la melena rizada. Sabía que a Susana le gustaba más con el pelo suelto, pero estaba harto de ese look. Pese a todo aún no se había decidido a cortarse el pelo. Le daba pena.

Se soltó la coleta sin querer. Comenzó a recogerse el pelo mientras la mujer se acercaba a él. Caminando sin dejar de mirar el cuadro. Ignorando a unos alumnos que reían mientras se preguntaban que hacía un perchero en mitad de la sala. Ignorando a unos alumnos que parecían lejanos en la mente de Jorge. Meros espectros que deambulaban más allá de su visión. La mujer pasó tras él. Olía a jazmín. Se detuvo a contemplar el cuadro. Silenciosos como dos extraños en un ascensor. No eran otra cosa. Solo dos extraños ante cuatro evangelistas.

-A las siete y media en Candelaria. En la esquina del Zapata.

Se sorprendió así mismo confirmando con la mirada. Sin decir palabra alguna. Si ayer le hubieran dicho que aceptaría una invitación como esa, se hubiera echado a reír. Pero hoy había aceptado la cita sin mediar palabra. Tal vez sea esto lo que necesito, el amor de una extraña para olvidar a un viejo amor conocido.

Los alumnos le sacaron de su sueño. Habían golpeado un cuadro y se había caído. Corrió para abroncarlos. Cuando giró el rostro, la extraña ya no estaba. Tal vez solo fuese un sueño.


miércoles 21 de enero de 2009

Friki Blog

Definitivamente, queridos lectores, este blog que tienen ante ustedes debe ser considerado dentro de la categoría de “blog friki”. Y no, no es que me haya vuelto cuerdo de repente y esté renegando de mis letras. Nada más lejos de mi intención. Simplemente que, efectivamente, este blog es lo que es. Además, está afirmación no la digo porque sí. La digo porque el gran dios de internet (Google) así me lo confirma.

Y no es malo que sea friki. No lo es porque aquel que lo escribe –yo- además de ser un dios no tiene problema en autocalificarse de friki. De hecho, y como bien saben quienes me conocen, soy lo que en mi argot divino he calificado como “friki de estilo clásico”. O lo que es lo mismo, usted, que no me conoce, si me ve por la calle no me tacharía de ser un especimen “raro”. Gordo sí, pero raro no. Y, seguramente, si alguien le dice que yo soy friki lo negará. Puede que hasta tres veces antes de que ruja el dragón. Es más, usted, querido amigo, se dirá: “No es friki, es pijo”. Pero se estará mintiendo así mimso, porque soy friki pero bien vestido, que una cosa es ser friki y otra muy distinta no tener estilo.

Pero a lo que iba, que me he ido. Que este blog que tiene ante usted es friki. Solo así se puede entender que introduciendo en el buscador universal “discurso para animar las tropas vampiros” usted llegué hasta aquí –como ha hecho alguno-, porque esta página sea de las primeras en aparecer. Pero que quieren que les diga, por un lado me asusta y por otro me halaga. Me halaga porque mi divino compañero Google reconoce mi divinidad, acrecienta mi ego y me sube en su ranking. Y me asusta por lo que puedan pensar de mí. Bueno, no. No me asusta porque si piensas mal de mí siempre podre arengar a mis tropas de vampiros contra ustedes. Y ya se sabe: el odio de un vampiro es eterno, pero siempre será menos peligroso que el del friki que les guía.

martes 20 de enero de 2009

La pitón

No guardo buenos recuerdo de las pitones. No es un bicho que me guste, aunque tampoco me disgusta, claro. Pero es que, saben, cuando uno tiene un recuerdo traumatico tiende a relacionarlo con las cosas más absurdas. Y mi trauma con el animalito nace un día muy lejano en casa de mi abuela. Recuerdo aquella partida de rol con una mezcla de miedo e incredulidad. Lo cierto es que no sé con qué juego estábamos. Tampoco recuerdo quienes estábamos. Sí que estaba el Ruso, Cocom, Fiesta, y Pablito Diablo.

Todo pasó muy rápido. Estábamos sentados en la mesa de piedra que presidía la parcela de mi abuela cuando, de pronto, Pablito se levantó y le dijo algo al Ruso. ¿El qué? Tampoco lo recuerdo. Pero debió ser algo fuerte, porque el Ruso se enfrentó a él. Y el Ruso era pacifico el 75% del tiempo.

Pablito se levantó y se fue, lo siguiente que recuerdo es correr intentando salvar la cabeza mientras Pablito intentaba golpearnos con una pitón. No una serpiente, no, que ya hubiera sido doloroso, con una pitón de moto. De la moto de primo, para más señas. Y ya sé que no es lo mismo, que no es igual ese lindo animalito que una cadena de acero, pero que quieren que les diga, es escuchar el nombre y echarme a temblar y volver a ver como todos, amigos y enemigos, huímos despaboridos por la parcela, saltando muros, cruzando alambradas, para salvarnos de la pitón blandida por Pablito Diablo.

lunes 19 de enero de 2009

Exiliados de Macondo

En este mundo en el que vivimos aun existen locos idealistas que creen en la Cultura. Individuos que desean plasmar sus sentimientos, sus experiencias vitales, sus sueños o sus locuras en un papel. Que desean llegar a los demás a través de la letra escrita. Pero, desgraciadamente, no todos tienen la posibilidad de ver sus escritos publicados. Algunos, los más, nos conformamos con que nuestros relatos –mejores o peores- vuelen por el mundo de lo virtual. Pero, de vez en cuando, aparece un soñador que te embarca en su locura.

Eso me ha pasado a mí, y ahora soy yo el que deseo embarcar a otros. En un camino a la Literatura desde una revista, nacida en Cádiz. A punto de nacer. La revista EXILIADOS DE MACONDO parte de una premisa: ser un punto de reunión, un lugar de encuentro para aquellos que aún desean seguir soñando con letras escritas en viejos y ajados papeles. De aquellos que aún se sientan frente a un libro sabiendo que lo que sus páginas esconde será su camino durante unos días.

Pero todo lugar de encuentro necesita personas dispuestas a encontrarse. Hoy abrimos un sueño a todos los que nos leen. Una revista. Un ambicioso proyecto nacido de la humildad. EXILIADOS DE MACONDO deja sus páginas en blanco para que sean llenadas por aquellos que, como tú que has seguido leyendo hasta aquí, también sueñan con ver sus letras, dentro de muchos años, entre viejos y ajados papeles.

Si escribes y te interesa participar de esta locura tan cuerda, no lo dudes: exiliadosdemacondo@gmail.com

En pocas palabras

La Historia no es capaz de dar información exacta sobre el futuro, sino que nos muestra que nuestra capacidad de prepararnos para los cambios es limitada.

domingo 18 de enero de 2009

Diario de una ninfomana

Ya les he dicho algunas veces que soy raro. Y amante de los libros. Y, además, tengo amigos que son casi igual de raros que yo. Eso ha provocado que varios de nosotros, en nuestra locura transitoria, hayamos creado el club de lectura “Quememos a Reverte” (Arturo no Javier). Y no tanto porque sus libros sean malos –no todos lo son, solo aquellos que realiza por “encargo”-, ni por su prepotencia y antipatía natural –no, al menos, yo que recibí un plato de jamón de su parte por dejarle un trozo de barra en el Veedor-, sino porque, en el fondo, odiamos su capacidad de llegar a los demás a través de la letra escrita. Y, porque negarlo, somos unos catetos de provincias con aires de snob madrileño.

Pero a lo que iba. Hemos fundado este club de lectura y antifans y, en nuestro snobismo, hemos decidido comenzar las lecturas con Diario de una Ninfomana, de Valerie Tasso. Y, si les digo la verdad, el nombre no le hace justicia al libro. No habla de una persona enferma por culpa del sexo, habla de la soledad. De la falta de cariño y de la búsqueda de la felicidad por cualquier medio. Y, me temo, refleja muchas características que están vivas en la sociedad actual: los encuentros casuales, la búsqueda de la pareja ideal, la dominación que una persona puede ejercer sobre otra necesitada de cariño…

Pero no es solo la busqueda de Val, también de Raquel –su mejor amiga y opuesta a ella-, de Pedro –el cliente enamorado- y hasta de Jaime –su pareja-. Y, lo más curioso, es que esa búsqueda queda reflejada en Felipe, el vecino que crea historias para animar la vida de sus clientes. Ese esa es la cuestión: el aburrimiento vital. La falta de una razón para vivir. Tal vez, esa pequeña entrada en el diario de Val muestre una de las mayores verdades del libro: la soledad que reina en la sociedad actual, donde la familia, el amor verdadero, la pareja para toda la vida, los amigos –de los que casi carece Val- han dejado paso a otros valores más materiales: el dinero, la búsqueda de una mejor posición social, un mejor trabajo, un mejor coche…. que, en el fondo, no significan más que la perdida de esencia humana. El fin del hombre para convertirse en el EGOISTA. La sociedad del YO por encima del TODOS.

sábado 17 de enero de 2009

Baile de sombras

Actaeon, escuchó las palabras de Robbel, ignoró al loco de Blood, y sin mirar a ninguno de los dos, comenzó su ataque, casi desapareciendo de las posiciones que tomaba, hasta caer en medio de un pequeño grupo de esqueletos. El Garou se quedó unos segundos quieto, observando a los no-muertos que le miraban desde las cuencos vacías de sus ojos. Un gruñido áspero se elevó junto al viento. Ya era hora de que comenzara la batalla.... Se irguió, usando como soporte sus gruesas extremidades inferiores. Ahora el Lupus era un ser de estatura similar a su forma antropomorfa normal, solo que en su forma bestial. La espesa saliva, blanca y brillante como la nieve, se vertía por entre sus dientes cayendo sobre la árida tierra con un pesado sonido.

Los esqueletos seguían en sus posiciones, rodeando al Garou, cuando segundos después todos elevaron sus huesudas manos hacia el lupino, que cerró fieramente sus puños al punto de abrir heridas en sus palmas. La sangre que corría por sus dedos.

-¿A qué esperas, elfo?......- Gruñó en mitad de la batalla dirigiéndose a Robbel
-¿Una invitación? - Después de hablar palabras, el drow se movió a una a gran velocidad, dejando una pequeña estela de llamas marcando su recorrido. Con una potente estocada descargo sus dagas a los primeros enemigos que tuvo a su alcance. Su voz resonó por encima del tumulto- ¡QUE EMPIECE EL BAILE DE SOMBRAS!

Actaeon avanzaba a la par que destrozaba esqueletos. Desde el cementerio se tenía acceso a muchos sitios de Frikigard. No podía dejar de pensar en el hecho que hubieran iniciado su ataque en aquel lugar. Temiendo que otras fuerzas aprovechasen los túneles que recorrían toda la urbe para atacar a los ciudadanos.

Va!, que hago pensando en esos ilusos humanos......no merecen mi esfuerzo, pero aun así he sido creado y criado bajo las leyes gaianas, y estas nos dictan una verdadera y única misión..... El lupino seguía dibujando sobre el aire y con sus dedos índice y mayor, cruzados entre sí, figuras muy lejanas a ser entendibles, pero de las cuales podía deducirse que eran una especie de sellos o runas solo visibles cada ciertos segundos.


Era extraño ver como el Garou danzaba dando de piruetas, giros y volteretas dibujando, aquellas extrañas figuras, al igual que era algo difícil de entender como los esqueletos caían mientras hacia el cielo se elevaban unos pequeños destellos grisáceos muy claros.


Los muertos parecí¬an remitir en número, mientras cuatro vampiros se afanaban en mantener levantada la tropa, ante la embestida de los héroes. Uno de los vampiros se dirigió hacia Quarión, mientras otros dos fijaban su vista en Robbel.

Pero no eran los únicos que sufrían problemas, pues todos los frikardienses se vieron pronto rodeados por guerreros sin miedo a una muerte de la que ya habían vuelto. Setsuna y Derk vieron como hombres de rostro putrefacto les rodeaban. Y como Actaeon lograba desembarazarse de todos aquellos que se acercaban a su figura, que resaltaba sobre las demás.

Sin embargo, el cuarto vampiro, que dirigía el ataque de las tropas que caían casi sin oponer resistencia ante las espadas de los hombres, no se dirigió contra el licántropo, por contra comenzó a reír mientras observaba el cielo. La noche seguía oscura, pero en el horizonte se reflejaba el rojizo color del fuego. Aquello había sido una pequeña distracción, dañina sin duda pues algunos no-muertos comenzaban a adentrarse en los callejones de la ciudad. Pero una simple distracción. Fuera de las murallas comenzaría a verse la verdadera situación.

Allí, más allá de las defensas, un ejército había avanzado lentamente. Desde diferentes lugares y en pequeños grupos, los hombres se habían acercado hasta las puertas de Frikigard, en el último año las tropas habían llegado, asentándose aquí o allí y no siempre cerca de la ciudad. Parecía que todo se hubiera preparado meticulosamente, y así había sido. Las tropas se habían reunido en torno a la ciudad, los campos cercanos estaban siendo quemados y el campamento enemigo estaba siendo levantado. El sitio de Frikigard estaba comenzando en la oscuridad de la noche.

viernes 16 de enero de 2009

Mantenga su puesto de trabajo

En estos tiempos de crisis en los que nos encontramos, aquel dicho de “quien tiene un amigo tiene un tesoro” ha quedado obsoleto por aquel otro de “quien tiene un trabajo, tiene un tesoro”. Pero los tesoros hay que defenderlos. Por eso hoy, desde esta página, le ofrecemos varias posibilidades de mantener el puesto de trabajo o, a unas malas, lograr que su despido sea improcedente.

OPCIÓN A: “JEFE, ESTOY EMBARAZADO”

Quedese en estado de buena esperanza. En dicho estado, y según las leyes vigentes, usted no podrá ser despedido. Claro está, dicho estado conlleva a corto plazo el nacimiento de su retoño. No vea esa nueva vida como una perdida de dinero. Recuerde que, en su caso, el niño habrá venido con un trabajo bajo el brazo. Además, amplie sus miras. Piense que a largo plazo habrá obtenido un sustento –como poco, su hijo, pagará su residencia en la vejez- y, si tiene suerte, antes su hijo/a podrá haberle proporcionado mucho dinero. Para ello le recomendamos que instruya a su hijo/a en cualquier disciplina: fútbol, golf o tenis principalmente. Tendrá más fácilidad de llegar al estrellato y siempre será menos cansino que otros deportes como el ciclismo. No lo intente con otras disciplinas como la danza, el violín o el piano. La cultura no da dinero.

Si observa que su hijo/a tiene desparpajo y es capaz de cantar y bailar, le recomendamos que lo envíe a alguna escuela de estrellas o, a unas muy malas, se lo presente a Juan Ymedio. En ese caso, el niño/a debe saber decir: "Tito Juan yo me quiero sentar en la escalera pa' dale un beso a d. Manuel".

Advertenica: si es usted un individuo del genero masculino, le recomendamos que no opte por esta opción. Piense en las posibles consecuencias:

-USTED SÍ ESTÁ EMBARAZADO: Si se demuestra que usted está embarazado, acabará en algún laboratorio américano. Y, lo que es peor, saldrá a diario en "Esta pasando". No se lo recomendamos ni a nuestro peor enemigo. Menos a usted, nuestro querido y preñadisimo amigo.

-USTED NO ESTÁ EMBARAZADO: Si se demuestra lo contrario -que usted no espera retoño alguno- y ha llevado esta opción hasta sus ultimas consecuencias (“Sí, señoría, le juro por mi niño que va a nacer, que estoy embarazado”) puede encontrarse con un despido procedente y su reclusión en un centro de salud mental, hasta la curación de su embarzo psicológico. Amén del pitorreo general de amigos y conocidos hasta el día de su muerte.



OPCIÓN B: “ME SIENTO MALITO”

En este segundo caso le recomendamos que enferme. No necesariamente ha de ser real. Finja los sintomas. Cuantos más raros más facilidad de acertar con alguna patología desconocida. Pero, ojo, cuidado con la enfermedad elegida. No enferme de cáncer de pulmón si usted trabaja en un jardín bótanico (la excusa del humo de los clientes no es valida: está prohibido fumar). En ese caso, le recomendamos alguna enfermedad exótica.

Y recuerde, en esta opción tiene que ser original, pero siempre debe usar nombre coloquiales como el mal de la rana verde. Nada de tecnicismos que dispersen el interes de su jefe. Sin lugar a dudas podrá buscar sintomas en internet, pero sea imaginativo. Cada día aparecen nuevas enfermedades. ¡Usted puede lograrlo!

Advertencia: si es usted hipocondriaco, recuerdese cada noche que USTED ESTÁ SANO. No se atiborre de pastillas que, a corto plazo, puedan acabar con usted en el hospital o, aun peor, en el cementerio.


Otra vertiente de esta opción sería “JEFE, LE JURO QUE EL ORDENADOR SE ME VINO ENCIMA” en este caso alegue accidente laboral. Problemas en la espalda, falta de movilidad en las piernas, ceguera repentina, sordera…. Pero ¡ojo! cuidado en el juicio. Recuerde que una sentencia siempre puede ser recurrida. No salte sobre el estrado a besar al juez si le da la razón. Y siempre recuerde ésta máxima: Sea cual sea la debilidad escogida, si puede saltar puede trabajar.

OPCIÓN C: “ME GUSTAS MUCHO, TÚ”

Mantenga un affair con su jefe/a. No importa el carisma, la belleza o la edad. Solo piense: es una carrera para lograr el ascenso y/o mantener el puesto de trabajo. Si usted tiene pareja, hable con él/ella. Deje claro hasta donde están dispuestos a llegar. Pero recuerde, esta opción tiene su parte negativa: si su pareja es celosa puede oponerse a la situación. Si no lo es tiene dos posibles futuros:

A.- Su pareja estará dispuesta a participar plenamente en el affair. Esto puede cumplir sus fantasias más oscuras y ocultas. Pero ¡cuidado! Evite que él/ella acabe yendose con su jefe/a. En ese caso, mantendrá el trabajo pero habrá perdido a su pareja.

B.- Su pareja acepta el juego, pero no desea participar. Si su jefe/a está dispuesto al affair con usted, no habrá problemas. Si su jefe/a se niega al affair con usted pude perder el trabajo y la pareja. Porqué ¿de verdad cree que alguien querrá estar con usted, parado, a estas alturas de la crisis?

Esperamos que las tres opciones de hoy sean de su agrado. Y recuerde, desde este blog estamos abiertos a nuevas ideas para mantener el puesto de trabajo asegurado. ¡Por un despido improcedente!

jueves 15 de enero de 2009

Capítulo II: La bata de guatiné

El despertador sonó a las 7.35 minutos como cada mañana. Pero hoy no habría hecho falta. Jorge llevaba toda la noche sin dormir, con la vista fija en el techo de su habitación. Pensando en lo injusta que era la vida y, sobre todo, en lo que había ocurrido el día anterior. Algo había sacado en claro de la experiencia vivida: primero que él no estaba loco y, segundo, que la vida era injusta. Nadie tenía derecho a estropear una apacible vida así. Por un simple encuentro casual. ¿Por qué tuvo que insultarme? ¿por qué me tuvo que llamar loco? Yo no estoy loco.

Se levantó y se metió en la ducha, sin dejar de preguntarse porque la policía no había ido aún a buscarlo. Antes de salir de casa se tomó un café con dos cucharadas de azúcar. Nunca tomaba pan. Realmente desayunaba con los compañeros, a media mañana, aprovechando el descanso de los alumnos. Tenía claro que iba a seguir con su vida normal. La vida no era justa, lo sabía, pero él no había creado las reglas. Cogió la bolsa. Su madre le había regalado un maletín de cuero al aprobar las oposiciones, pero siempre le había parecido demasiado serio. Prefería llevar la bolsa de Quicksilver. Nunca había hecho surf, pero sabía que así los alumnos lo verían más cercano.

Se fue andando hasta el instituto, atento a cada ruido, a cada sirena. Esperando que en cualquier esquina la policía le detuviese. Pero nada. Deseaba que no ocurriese en el IES. Aquel era su trabajo y su refugio. Odiaba su profesión, sí, pero aquel era el único lugar donde se veía a salvo de una madre demasiado posesiva. Además, aquel trabajo le permitía no tener que volver a la casa en la que se crió entre los gritos de su padre y las duras normas maternas.

-Que no sea aquí, que no vengan aquí
.

Repetía internamente la retahíla como una pequeña oración hasta que entró en clase. Tenía examen. La Revolución Francesa. Les había puesto una pregunta sobre Napoleón Bonaparte y otra sobre la época del Terror. Por una vez había decidido ilustrar el examen con una imagen: la Muerte de Marat, de Jacques-Luis David. Pasó gran parte del examen mirando por la ventana, mientras sus alumnos aprovechaban para copiar. Se dio cuenta. Pero no importaba. Hoy no.

El resto del día transcurrió rápidamente. A la hora del desayuno aprovechó para leer el periódico. No decía nada de la rubia ciclista. Ahora entendía porque no le habían buscado aún. No la habían encontrado. Eso le dejó más tranquilo. Sería tan injusto. Terminó la mañana con mejor humor, preparando con los alumnos de cuarto la visita al Museo. Irían mañana. Les habló de lo que verían: los sarcófagos fenicios, las tumbas romanas y la pinacoteca. Harían especial hincapié en las salas de arte moderno, pero también verían algo de la sala de contemporánea. A los alumnos no les hizo mucha gracia. Lo sabía y ya estaba preparado para la decepción. Pese a todo, irían. Él había insistido en la actividad y no pensaba renunciar a ella.

Tras las clases volvió a casa. Caminando, como siempre. Más tranquilo. Ahora sabía que las sirenas no eran por él. Llegó a casa a eso de las 3, justo para poner el telediario. Siempre veía el de Antena 3. Le gustaba. Tal vez porque era en esa cadena donde estaba Matías Prats. Tenía una tele pequeña en la cocina. Siempre veía el telediario allí. Bien por la mañana, mientras comía. Bien por la noche, durante la cena. Se había acostumbrado a aquello en casa. Era una de las absurdas normas de su madre.

Puso el televisor con el volumen al mínimo. Hoy tocaban macarrones. Los había hecho anoche. Mientras abría la lata de tomate la vio. Era la foto de la fea ciclista. Ahora por fin sabra su nombre: María Hernández. Subió el volumen. Una voz en off decía que habían encontrado el cuerpo a la entrada del puerto de Conil. En un primer momento se había pensado que era un accidente, pues su bicicleta había sido hallada en los acantilados. Pero la policía lo había descartado después de encontrar el cuerpo sin vida de su perro cerca de la bicicleta. La voz en off describió los lugares donde habían sido encontrados el labrador y la Meridian mientras la cámara mostraba esos mismos rincones. Después la imagen pasó a una casa de dos plantas. Bonita. De color amarillo pastel. La policía estaba en la puerta y se llevaban a un hombre. La voz en off dice que se trata del novio de María Hernández, que responde a las iniciales JMS.

Por fin aparece en pantalla la periodista. Es una chica joven, morena. Lleva un pañuelo palestino al cuello y está entrevistando a una señora mayor. Tendrá unos sesenta años y viste una bata de guatiné rosa con lunares negros y quiere sus 15 segundos de gloria televisiva.

-Ayer María y José Manuel tuvieron una pelea tremenda. Los gritos se oían desde mi casa. Después ella salió con la bici. Al rato salió él con el coche. Siempre había peleas en esa casa. Pero ¿como me iba a imaginar que la mataría?... No, eso no podíamos saberlo ninguno.

Jorge comenzó a reír. Sí, existe la justicia en esta vida. Aquella mujer de la bata de guatiné, la de los quince segundos de gloria, había dado con el culpable y había hecho oficial su inocencia. El novio había matado a la fea ciclista y la policía jamás pensaría en él. ¿Como lo iba a hacer? No nos conocíamos de nada. Comió sus macarrones. Tranquilamente. Se echó en el sofá a dormir la siesta. Se despertó a eso de las seis. Esta noche no había dormido pensando en lo injusta que era la vida, que cortaba de raíz una existencia tranquila así sin más. Ahora sabía que no era tan injusta. No le cogerían. Jamás. Además, él no era un asesino. Ni un loco. No merecía acabar en la cárcel. No sería justo. Lo estaba pasando mal con Susana, y con el trabajo. Pero no era ni un loco ni un asesino. El asesino era José Manuel S., el novio que la había hecho llorar y esconderse detrás de la torre. Pero no él. Él no era más que un profesor de historia que deseaba que Susana volviera a su lado. La llamó. Ella le cogió el teléfono y solo le dijo que se buscase a otra, que así sería más feliz. Colgó. Volvió a llamar. No hubo respuesta.

miércoles 14 de enero de 2009

Mi epitafio...




Aquí yace un cadáver yerto,
por estar difunto y muerto





Y, de paso, les aviso. El día que me muera, celébrenlo con champán y whisky. Rían y diviértanse, no sean egoístas y no lloren. Sé que mi perdida será dura, pero es que siempre se van lo mejores. Y, para que negarlo, yo soy uno de ellos.


Quiero decir con esto: la muerte nos llega a todos, ríanse de ella ahora que pueden. Mañana, el finado, puede ser cualquiera de ustedes.


martes 13 de enero de 2009

Wallander

Les dije el otro día que me iba a descansar. A ver cine y leer. Lo necesitaba para mi bien personal y mental –según dicen mis amigos nos es normal que hable con Alfonso XIII por mucho que tenga un cuadro de él sobre el ordenador del trabajo y, mucho menos, que hable con el fantasma de un militar- Así que opté por irme al campo y descansar. Y ese descanso lo he aprovechado muy bien, entre otras cosas para hacer sesión continua de Wallander.


Como ya saben soy fan de las novelas de Henning Mankell, hasta el que llegué gracias a Kurt Wallander –como otros muchos-, el inspector de Ystad que ve como su mundo, poco a poco, va corrompiéndose y destruyéndose. Ahora la BBC ha llevado la historia del melancólico policía sueco a la pequeña pantalla, con una miniserie de tres películas.


Para la ocasión han elegido a un Kenneth Branagh, semi-desaparecido para el público español, absolutamente soberbio. Una interpretación sobria, sin histrionismo alguno, que permite al espectador entender toda la conflictividad interna de Kurt Wallander a través de sus miradas y sus gestos.


Porque estamos ante una serie de gestos, de miradas, de silencios. Una serie –tres películas de una hora y media, más bien- que te enganchan. Que no dejan que el espectador se ausente, casi hipnotizado por el color. Alegre, luminoso en ocasiones. Muy oscuro otras. Un guión basado en el dialogo de lo visual, para dejar de lado las palabras. Tres películas basadas en otros tres libros: Cortafuegos, La falsa pista, y Pisando los talones, que adentran al espectador en el mundo de Wallander y, a la vez, de Mankell. Una mirada a la nueva Suecia que ve como todo cambia y como la tranquilidad va desapareciendo en manos de una apertura europea que, en palabras de Mankell –y en boca de Wallander- está terminando con la realidad del país.


Sin lugar a dudas, un placer para la vista de aquellos que disfrutamos con la buena televisión. Para aquellos que somos fans de Mankell y Wallander. Y, para aquellos que siempre hemos disfrutado con Kenneth Branagh en obras como Enrique V, Mucho ruido y pocas nueces, Hamlet, Frankenstein de Mary Shelley y otras muchas.

lunes 12 de enero de 2009

Llamarada


Hathaltoy caminaba por el bosque acompañado de Dyvin, Gandalf y algunos más, entre ellos un enano cascarrabias, un montaraz humano y un pequeño hobbit que siempre andaba metiéndose en líos. El castillo se veía al fondo y el ruido de los orcos comenzaba a atronar entre los árboles.

-¿Estáis seguro de que es buena idea meterse en el castillo?

-Sí

-¿Pero? Mira que no es solo el ejército de orcos. Que tenemos que colarnos allí, subir hasta la parte más alta de la torre y enfrentarnos al Nigromante.

-Podemos hacerlo, Gandalf. Somos buenos.

-Sí, Dyvin, no lo niego. Pero…

-Ey, ey, que sé por dónde vas. Llevo un tiempo sin hacer ninguna locura –era el pequeño hobbit quien hablaba.

-Venga, chicos, que no decaiga el ánimo. Somos un gran grupo. Tenemos muy buenos hechiceros, entre ellos yo -dijo un siempre humilde Hathaltoy-, y algunos grandes guerreros. ¿Qué es un ejército de orcos y un nigromante?.. ¡Nada!

El grupo entró en el castillo con la tranquilidad que su superioridad le daba, por la puerta principal. Sin aspavientos, sin fanfarria de trompetas. Simplemente entraron caminando como un grupo de turistas japoneses en un funeral hispano. Los orcos giraron sus verdes rostros hasta ellos, con la clarisima intención de atacarlos, o defenderse ante tamaño atrevimiento. Dyvin y Gandalf, se posicionaron junto a Hathaltoy, preaprado para defenderlo mientras el poderos mago empezaba a entonar los cantos para lanzar un pontente hechizo: barrera de fuego.

-¡Mierda!.. una pifia.

-Tira, Javi, a ver qué pasa

- ¡oh! Noooo

-Dime que no he hecho lo que creo que he hecho.

-Sí, lo has hecho. Lo siento Cocom.

-Pufff

Justo cuando se dispone a lanzar el hechizo, Hathaltoy resbala con unos restos de comida dejados en el suelo por los puercos orcos, con tan mala fortuna de que el hechizo sale en dirección a Dyvin que, sorprendido, no puede huir de las llamas. Mientras el grupo escucha sus horripilantes gritos, Gandalf observa a su amigo mago antes de decirle:

-Todos erramos alguna vez, buen mago. Inténtalo nuevamente

-Por Thor, ¿otra vez?

La segunda barrera de fuego sale en dirección al hobbit y al enano, cuyas cortas piernas les impiden huir en estampida, pese a que cobardemente lo intentan. El grupo comienza a mermar mientras el montaraz reza a todos los dioses de la naturaleza para que Hathaltoy, el poderoso mago de nivel 39, no vuelva a lanzar otro hechizo.

-A la tercera va la vencida

Pero sus plegarias no son escuchadas y el fuego mágico comienza a prender sus barbas. Solo Gandalf parece mantener la compostura, rodeado de llamas que les separan de su objetivo final.

-Sabíamos que algunos morirían esta noche aquí.

-Sí, pero no a manos del carajote de Javi.

-¡Oye!, que ha sido sin querer.

-Bueno, sigamos –el master ponía orden- Estáis rodeados de fuego, solo tú, Hathaltoy, pareces estar bien. Gandalf está a punto de comenzar a arder. ¿Qué haces?

-Uso el hechizo de levitación y lo saco de aquí.

-No, ¡por dios!, déjalo… seguro que puedo hacer algo por mi solo- Juan, que movía los hilos de Gandalf está temblando de miedo.

-Venga tira.

-¡JODER!

- En fin:

Mientras Gandalf comienza a elevarse en el cielo, hasta perderse de la vista de los pocos supervivientes, una voz atronadora suena desde la torre:

-¡Aprended de ese mago! Él solo ha acabado con el grupo más poderoso que jamás pisó el patio de mi fortaleza- El Nigramante reía a carcajada batiente, con la atronadora risa de Dani, nuestro master, que se frotaba las manos ante la situación.

-No volveré a jugar contigo.

-Ni yo.

-Yo tampoco.

-¡No ponerse así!, un mal día lo tiene cualquiera, ¿no?. Además, solo estabais en el nivel 36, podéis volver a llegar en un par de años… jugando todos los días, claro.