Uphir IV

La chica se contoneó por la habitación, con aire angelical e infantil caminó hasta sentarse en el regazo de su padre.

-¿Este es el hombre que me va proteger?
-Por supuesto hijita.
-¿Pero parece que él no quiere? ¿Porqué no quieres Miguel?
-No soy guardaespaldas de nadie- Miguel miró a la chica por primera vez a los ojos. Se mordió el labio inferior, conteniéndose antes de seguir- Soy un profesional
-¡oh!... papá, quiero que sea él, quiero que sea él.
-Ya has oído a la niña Miguel.

Ariel se acercó hasta él. La mirada traviesa le erizó el pelo de la nuca. Maldita seas, niña. Serás mi ruina. Me he metido entre tus piernas y ahora tu te vas a meter en mi vida hasta destrozarla

-Dime, Miguel, ¿qué otra cosa más hermosa que mi espalda podrás guardar? Mira, mira que cuello más bonito tengo, papá siempre dice que parece el de un cisne. ¿Tú que crees?

Se obligó a retirar la mirada y dirigirla hasta Magnus. Asintió con la cabeza, antes de darse la vuelta

-Necesito ducharme y cambiarme de ropa... estaré aquí a la mañana.

No había llegado a la puerta cuando Ariel le agarró del brazo con una amplia sonrisa en los labios. Estaba hermosa, la maldita niña está guapa, parece una mujer Los ojos de Miguel recorrieron un cuerpo que ya conocía. Sabía que si Magnus se enteraba de algo lo mataría.

-¿porqué?
-¿Porqué qué?
-Ya lo sabés. Yo. El hotel. La conejita.
-Me aburro.
-Y eso te da derecho a destrozar mi vida.
-¡oh! Yo no... no, de verdad, no es eso lo que quiero.
-¿Y que crees que ocurrirá si tu padre descubre lo de esta noche?
-Te mataría y luego me mataría a mí... por eso necesito que vigiles mi espalda. ¿o acaso no quieres volver a verla?

Se puso delante de él, retirando el pelo verde que el caía en cascada sobre la espalda, mientras desabrochaba el botón superior de su camisa. Miguel le empujó suavemente contra la pared y continuó su camino hacia la puerta.

-Hasta mañana Miguel
-Hasta mañana, conejita- susurró el joven desde el umbral de la puerta. Antes de adentrarse en la noche camino de su pequeño apartamento.

Maldita seas, niña. No eres más que eso. ¡joder! No debe tener más de 17 años. Me engañó en el hotel, con esas orejitas y esos andares. ¿cómo podía saber que era la hija de Magnus? ¡coño! Me tiene cogido por los huevos la muy puta.

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