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Spikes in the wind


Vaivén de colores pardos. Otoñales. Mecidos hasta volar del tallo. Hueso desnudo que queda solo, moviéndose lentamente, despidiéndose de espigas que aletean en el viento, que las lleva por el cielo en busca de caer en la nada. Vida parda nacida de la muerte del otro. Espiga que se pega a la ropa del caminante. Espadas diminutas que se clavan en corazas de tela. Mano extendida que roza con la yema de los dedos el calido recuerdo de la niñez. Que arrastra a las diminutas espigas al viento. Que las mata y las renace. Vaivén de colores pardos. Otoñales. Como los recuerdos que nacen de su roce. Recuerdos del ayer, del siempre.

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Sin pensar si lo alcanzado terminó en fracaso o triunfo ya que, cada deseo conocido, nos hará más ricos, sabios y. por tanto, mejores. Nos habrá obligado a avanzar conociendo nuevas metas, abriendo nuevos caminos. Así que, como Augusto, yo también me digo en mi vida Nihil cognitum quin praevoli…

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