Síndrome de Estocolmo

Sin pensar, cerrando puertas que quedaban entreabiertas. Regueros de aire fresco que hielan almas calidas. Calientes sentimientos que nublan mentes limpias. Tristeza que se convierte en alegría. Alegría por el alivio. Sentimientos encontrados a mitad de camino. Cerrando puertas que no querían cerrarse lentamente. Portazo al pasado para mirar a un futuro rico y lleno de riquezas. Lágrimas de alegría ante la liberación del secuestrado que llora por sus secuestradores. Y por sí mismo, por haber caído en redes tejidas tan finas que se confunden con los hilos que mueven su propia vida. Hilos que se rompen hasta pender de la nada. Nada y todo. El fin y el principio.


(A la mujer maltratada que logra huir de su mal)

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