La casa del Pirata

América y Cádiz están tan indivisiblemente unidas que el océano que los separa se ha convertido en inagotable fuente de leyendas. Historias de piratas, de marinos, de náufragos. Historias de amores y desamores. De tesoros y riquezas exóticas traídas de las lejanas, y tan cercanas, tierras americanas. Leyendas que se hunden en la imaginación como los navíos surcan los mares, creando estelas que aumentan la historia. Pero algunas de esas historias nacen de la verdad y la realidad. Y la Leyenda de la Casa del Pirata es una de ellas.

Cuenta la historia que un joven marino gaditano marchó a las Indias en busca de fortuna, dejando a su hermosa y joven esposa esperándole en el puerto de Cádiz. Dice la historia que la mujer subía cada mañana hasta la torre mirador buscando en la lejanía las velas del barco en el que volviese su amado. Pero su amado no regresaba. Y la tragica noticia llegó en uno de los galeones que venían de América: el barco del joven marino gaditano se había hundido en las costas de las Indias Occidentales. Pero la esposa negó la muerte del marino. Su corazón latía vivo y sentía su presencia cada noche. Y cada noche rezaba por la vuelta de su esposo, maldiciéndose por haberle permitido jurarle que le cubriría de oro y dejarle marchar para cumplir su promesa.

Muchos serían, sin duda, los que lloraron la muerte del marino y la locura de su joven esposa, incapaz de aceptar la muerte de su amado esposo. Que cada día y cada noche subía hasta la torre esperando el barco en el que regresará su amado. Y así cada día hasta el día en que regresó cargado de oro y riquezas.

El marino había arribado a una isla casi desierta, donde pronto entabló contacto con piratas de toda nacionalidad. Y allí, en aquel lugar abandonado de la mano de Dios, pudo hacer fortuna, Tanta que ahora venía dispuesto a cumplir su promesa. Y a volver a por más, a por todo aquello que había tenido que dejar para poder regresar a Cádiz.

Cuando él marino le dijo a su esposa que volvería al mar, ella le hizo prometer que se quedaría en ciudad, o moriría por el amor ausente. Y él acepto y cumplió la promesa. Pero echaba en falta el mar y andaba triste por el puerto. La mujer mandó entonces construir una casa tan hermosa como ella. Una casa que recordase a su marido un barco, con grandes ventanas que parecían las plumas de las gaviotas que le acompañaron en su solitaria isla. Con un puente desde el que pudiera navegar girando un imaginario timón.

Y en aquella casa vivieron los dos esposos hasta que la muerte le arrancó de cuajo la felicidad. El marino cumplió su promesa, y enterró a su mujer en oro. Dice la leyenda que dos jóvenes pillos se enteraron del rico entierro y, aprovechando la oscuridad de la noche ,robaron todo el oro que cubría el cuerpo de la hermosa mujer. El marido, al enterarse de lo ocurrido, montó en cólera. Calzó su arma y mató a los ladrones de tumbas.

Desde entonces la Casa del Pirata mantiene imperturbable el recuerdo de sus primeros dueños. Y hoy, sumida en la ruina, parece llorar piedra por aquellos que tanto se amaron entre sus muros.

Fotografía de Martín Cabo

Comentarios

Nora ha dicho que…
Oye Javi, pero esa casa de verdad está en Cádiz? Nunca había oído hablar de ella. Muy bonita historia.
Cathan Dursselev ha dicho que…
Si, la casa está en Cádiz, en la esquina de Beato Diego con Manuel Rances. Cuando pasas por la puerta ni te fijas en ella, si levantas la vista te encuentras con una casa palacio impresionante.

Hay un libro (Interiores Robados, creo que se llama) con algunas imágenes muy cuidadas, y el autor de la foro que muestro también tiene más.

Entradas populares de este blog

Nihil cognitum quin praevolitum

Corona o Reino de Aragón

Héroes gaditanos: Diego Fernández de Herrera