La búsqueda (VIII)

Echevarri se acercó hasta la cama de Jarque. Desde que salió de la habitación no se había fijado en su maltrecho y nuevo compañero. Pasó junto a la enfermera muerta y se sentó en el suelo junto al ex policía.

-Bueno amigo, ya no quedan dudas sobre si estas dispuesto a enseñar el culo. O nos largamos o tardaremos años en explicar que narices hago aquí armado y porqué ese tipo venía por ti. Voy por una silla de ruedas y nos largamos, y si alguien pregunta: soy madero.

Salió al pasillo con aire marcial. El guarda de seguridad lo miraba, atónito, dando por cierto que aquel hombre era policía y dispuesto a no salir de cualquier duda que pudiera tener. Obedeció sin rechistar a la orden y corrió en búsqueda de una silla. Cinco minutos después Jarque y Echevarrí salían por la puerta, mientras que un coche patrulla frenaba en la entrada de la clínica privada. No tuvieron que caminar mucho, una furgoneta azul se detuvo ante ellos y las puertas se abrieron. Jarque, silencioso y cansado, no opuso resistencia alguna cuando Echevarri le introdujo en el vehículo. Observaba a aquel hombre, al que conocía por referencias casi míticas. Sus largas coletas, su camiseta friki ahora manchada de sangre, la pistola que reposaba en el asiento. Y la sonrisa, triste, como unos ojos que se fijaban en la ventana.

-¿Porqué?
-¿Cómo?- Echevarri se sorprendió ante la pregunta inesperada.
-¿Porqué me has sacado de allí? Has matado un hombre para hacerlo y no me conoces de nada. Dime que te ha empujado a jugarte tu vejez por salvar mi culo.
-Bueno siempre he querido tener un culo de policía para mi solito, y el tuyo está bastante abandonado y bien a la vista.
-No me jodas, loco- Jarque se cerró la bata verde que dejaba al descubierto su pecho- ¡Hablo en serio!
-Si te matan a ti irán a por mí. Y con lo que me van a dar los amigos salvadoreños podré vivir el resto de mis días como un gran señor. ¿Porqué, entonces, debería dejar que te mataran?.
-¿Quiénes son estos?
-Unos amigos... pero vayamos a lo importa: ¿qué sabes de Errante?.
-Pues poco más de lo que ya te he dicho: es un estafador, va de vidente y curandero, pero esconde algo sucio. La chica estaba asustada y la puta dijo que la mató porque había hablado. Pero no le dio tiempo a decirme nada más. Alguien me seguía y acabó con ella. ¡Maldita sea! Debí haberme dado cuenta. Todo era demasiado fácil.
-No Jarque, tu has sido el único que has podido localizar alguna pista sobre ella. Cuando nos enteramos de que estabas en aquel puticlub de mala muerte no lo podía creer. ¡Habías avanzado!

Echevarri bufó ante las palabras del hombre. Había permanecido oculto entre las sombras de la furgoneta y Jaque no había caído en su presencia hasta ese mismo instante. Lo observó y los rasgos de su rostro no le dejaron dudas. Era el padre de la chica. Sin duda, se había acercado demasiado a su objetivo. Tanto que los reyes comenzaban a moverse en el tablero.

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