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La busqueda (VII)

Jarque intentó incorporarse en cama. Su lamento se unió al ruido de pasos en el pasillo y al grito de la enfermera. Echevarri portaba su arma e intentaba empujar la cama hacia la pared, mientras la enfermera comenzaba a llorar.

-¡Maldita sea Jarque, tienes que levantarte!
-No puedo, coño- logró balbucear en el mismo momento en el que las puertas se abrieron.

El disparo resonó en la habitación, rompiendo los cristales de la ventana. Echevarri disparó contra la puerta, parapetado detrás de la segunda de las camas. Rezando porque su bala hubiera impactado en carne. No había ruido. Esperó un minuto y volvió a disparar. Nada. Siguió allí, agachado tras la cama buscando a Jarque en la suya. Se mantenía en silenció, la respiración entrecortada mostraba el cansancio de su cuerpo herido. Echevarri se movió lo justo para evitar el balazo que entraba desde el pasillo. Corrió hasta su nuevo compañero y lo tiró al suelo. Se arrastró hasta quedar ocultó mientras los ruidos y gritos se acrecentaban en el pasillo. La enfermera se levantó y salió corriendo hacia la puerta. No había dado dos pasos cuado recibió tres disparos en el pecho. Echevarri disparó a su vez. El grito ahogado en el pasillo le indicó que esta vez sí había hecho blanco. Se lanzó hacía la puerta, dispuesto a disparar al menor movimiento.

El hombre estaba caído en mitad del pasillo. Respiraba agitadamente intentando levantar el arma, sin conseguirlo. Echevarri se agachó junto a él, presionando las heridas con el fin aparente de detener la hemorragia, mientras la seguridad del hospital llegaba hasta su lado.

-Policía- gritó presa de la costumbre sin recordad que ya no ejercía cargo alguno- ¿Quién coño eres? ¿dime quién eres o pasarás verdadero dolor?- susurró al herido antes de apretarle aun más la herida.

El hombre gritó de dolor antes de escupirla a la cara. Echeverri se limpió el rostro de la sangre del moribundo y apretó nuevamente la herida. No hizo pregunta alguna, siguió apretando hasta que un gemido inaudible le detuvo. Acercó el oído al rostro del hombre.

-Errante…
-¿Dónde está?
-No lo sé
-¿Dónde?
-Se ha ido de Madrid.
-Dime más o te juro que no sales de esta.
-No sé nada más

Echevarri observó como los ojos bailaban en sus cuencas. Notó los estertores de la muerte bajo sus manos mientras continuaba aferrado al cuerpo. Alguien le apartó y cayó al suelo. Era la primera vez que mataba a un hombre. Había visto muchos cadáveres, pero aquel era el primero verdaderamente suyo.

-La puta- susurró- que fácil es matar.

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