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Castigo divino


Maldigo mi suerte. No puedo más que maldecirla. Y lo hago. Yo. Dios intemporal carente de temperatura corporal, llevó toda la semana pasando frío. Y como precisamente del frío es de lo que carezco el resto del año, me encuentro en grave aprieto, pues no tengo ropa que me proteja de tan siberiano desastre. Y que quieren que les diga, ahora sí, paso frío. Y no entiendo como ustedes, mortales seres inferiores, son capaces de aguantar año tras año una sensación tan desagradable: manos blancas ¡del frío! sabañones en los dedillos que molestan a la hora de escribir mi divina biblia digital. Hasta algún que otro espasmo ha recorrido mi espalda cuando el maldito frío ha entrado bajo las escasas ropas abrigadas que me cubren.

¿Será este frío el aviso de ese otro Dios para que este año no compremos? Con lo bien que se estaría en casa, bajo mantas y mantas, viendo alguna buena película en buena compañía… claro que eso podría incitar al pecado, así que no. No es castigo del otro Dios. Debe ser, simplemente, que mi divinidad está baja de fuerzas. Que se le hará. Menos mal que hoy es viernes y me iré al campo, a arrebujarme en gruesas mantas de pelo, junto a la chimenea encendida mientras veo Desayuno con Diamantes, leo a Mankell y escribo todas esas cosas que mi mente mantiene en stand-by hasta que vuelva a tener tiempo.

Y es que no hay frío que por bien no venga.

Comentarios

Ico ha dicho que…
Pues yo ando deseando pasar frío querido dios porque por estos lares no bajamos de 23 grados.. este divino archipiélago a veces peca de monotonía estival.. .deseándito estoy de llegar a la peni a pasar frío.. feliz navidad¡¡
Cathan Dursselev ha dicho que…
uy, Ico te cambio tu calorcito por mi frío siberiano con los ojos cerrados. Bueno no, que perdería el placer de la chimenea

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