Ir al contenido principal

Castigo divino


Maldigo mi suerte. No puedo más que maldecirla. Y lo hago. Yo. Dios intemporal carente de temperatura corporal, llevó toda la semana pasando frío. Y como precisamente del frío es de lo que carezco el resto del año, me encuentro en grave aprieto, pues no tengo ropa que me proteja de tan siberiano desastre. Y que quieren que les diga, ahora sí, paso frío. Y no entiendo como ustedes, mortales seres inferiores, son capaces de aguantar año tras año una sensación tan desagradable: manos blancas ¡del frío! sabañones en los dedillos que molestan a la hora de escribir mi divina biblia digital. Hasta algún que otro espasmo ha recorrido mi espalda cuando el maldito frío ha entrado bajo las escasas ropas abrigadas que me cubren.

¿Será este frío el aviso de ese otro Dios para que este año no compremos? Con lo bien que se estaría en casa, bajo mantas y mantas, viendo alguna buena película en buena compañía… claro que eso podría incitar al pecado, así que no. No es castigo del otro Dios. Debe ser, simplemente, que mi divinidad está baja de fuerzas. Que se le hará. Menos mal que hoy es viernes y me iré al campo, a arrebujarme en gruesas mantas de pelo, junto a la chimenea encendida mientras veo Desayuno con Diamantes, leo a Mankell y escribo todas esas cosas que mi mente mantiene en stand-by hasta que vuelva a tener tiempo.

Y es que no hay frío que por bien no venga.

Comentarios

Ico ha dicho que…
Pues yo ando deseando pasar frío querido dios porque por estos lares no bajamos de 23 grados.. este divino archipiélago a veces peca de monotonía estival.. .deseándito estoy de llegar a la peni a pasar frío.. feliz navidad¡¡
Cathan Dursselev ha dicho que…
uy, Ico te cambio tu calorcito por mi frío siberiano con los ojos cerrados. Bueno no, que perdería el placer de la chimenea

Entradas populares de este blog

Corona o Reino de Aragón

Ni Aragón, ni Cataluña, ni Valencia son entidades anteriores a la Edad Media. Hasta 1163, con Alfonso II, no se distinguirá entre reino y corona de Aragón. En la Corona tendrán cabida todos los reinos, condados y señoríos que guardan algún tipo de dependencia con el rey aragonés. Esta existencia de diversas entidades autónomas en muchos aspectos, solo es entendible desde la expansión territorial a costa de los reinos musulmanes del sur. En esa expansión los nobles irán recibiendo tierras y beneficios. Expansión que acabará chocando con la realizada por el condado catalán.

Con respecto a Cataluña, entrará a formar parte de la corona después del casamiento de Petronila (hija de Ramiro II de Aragón) con Ramón Berenguer IV, conde de Cataluña, quien, a pesar de ejercer como tal, no toma el título real.
Durante el siglo XIII la Corona de Aragón continúa con su política expansionista hacía el norte, pero tras el Tratado de Almizrad de 1244 y la derrota de Pedro el Católico en Muret, la ex…

Nihil cognitum quin praevolitum

Ando leyendo "Niebla" de Unamuno, y su frase Nihil cognitum quin praevolitum (Solo se conoce lo que se desea) me ha llamado la atención por la verdad que se esconde tras ella. Yo también, como don Miguel, creo que sólo el deseo nos hace crecer, conocer, amar, avanzar. Mientras que desear lo conocido nos convierte en conformistas estancados en nuestras vidas. Nos impide abrir nuestras mentes y mirar más allá de nuestros limites existenciales.
Desear algo, luchar por conseguirlo, o construirlo con tu propio sudor, es el verdadero motor del crecimiento humano. Y, cuando ya lo conoces y sabes si es lo que buscabas o no, hay que seguir adelante. Así, hasta el último día de nuestras vidas.
Sin pensar si lo alcanzado terminó en fracaso o triunfo ya que, cada deseo conocido, nos hará más ricos, sabios y. por tanto, mejores. Nos habrá obligado a avanzar conociendo nuevas metas, abriendo nuevos caminos. Así que, como Augusto, yo también me digo en mi vida Nihil cognitum quin praevoli…

Héroes gaditanos: Diego Fernández de Herrera

En 1339 el rey de Ronda y Algeciras, Abdul Melek, decidió cercar Jerez de la Frontera, por entonces principal ciudad del bajo Guadalquivir (con permiso de Sevilla, cabeza del reino y, casi, de toda la Península). El príncipe tuerto –pues así apodaban al de Ronda- asoló la campiña jerezana y cerró su tenaza sobre la ciudad obligando a los vecinos de la villa a enfrentarse en desigual batalla. En aquellos años se encontraba en Jerez Diego Fernández de Herrera, que había estado cautivo varios años y conocía el idioma y las costumbres de los moros. Así que, bien por venganza o por ese heroísmo extraño que a veces surge en el corazón de los hombres, se presentó voluntario para adentrarse en el campamento enemigo y asesinar al príncipe tuerto. Disfrazado de moro cruzó el río Salado y se internó en el campamento enemigo, esperando que los jerezanos lanzaran un falso ataque que hiciera a los moros salir de sus tiendas y continuar la lucha. Al amanecer de esa misa noche, los de Jerez pusiero…