Ir al contenido principal

Uphir II

Caminando por la oscura calle, escuchando el ruido de los coches al pasar junto a él. Alzó el cuello de la chaqueta y cruzó los brazos sobre el pecho. Notó que la mano se le quedaba pegada a la chaqueta, y no pudo más que sonreír al recordar la aterrada mirada del chico cuando entró en la casa. Sabía que no debía caer en ese tipo de acciones. Que aquel crío tan solo se había dejado llevar por sus instintos y luego se desentendió de las consecuencias. Paradójico, pensó, por da una vida ha perdido la suya. Seguro que no espero morir antes de los 17. Sonrió levantando la vista hacía la luz del hotel. Estaba demasiado cansado para un encuentro como aquel, pero aún más para ir hasta casa.

Entró por la puerta, buscando con la mirada a la joven de pelo verde, vestida de conejita, que había visto antes de salir aquella mañana. Aún no sabía su nombre, no importaba. La chica le esperaba junto al ascensor y el camino directo a ella. Entraron juntos en el elevador que les llevaba a la planta 18. Entró quitándose la chaqueta. La chica se fijó en la mancha roja que se había impregnado a su camisa blanca.

-Creo que necesitar otra- dijo mientras arrojaba la corbata sobre una silla y la camisa a la papelera.
-Yo traeré una –la mujer estaba preparando un baño, agachada sobre la bañera mientras la pequeña cola de conejo mostraba sus encantos.

Miguel se acercó hasta ella, y la tomó entre sus brazos antes de abrazarla.

-Podrá esperar, conejita- dijo mientras ella le desabrochaba el pantalón y le empujaba hacia el agua.
-¿De quién es la sangre?
-De un crío
-¿Un crío?
-Sí
-¿Qué hizo?
-Dejar embarazada a su novia y luego olvidarse de la chica.
-¿Y qué le has hecho?
-Matarlo
-¿Porqué?
-Por 10.000 dólares.


Se hizo el silencio dentro de la bañera. Ella se apartó de él mirándole a los ojos con sus enormes ojos verdes. La sorpresa se reflejó en su rostro para, poco a poco, tornarse en alegría. Se lanzó sobre Miguel, mientras el agua resobaba en la bañera. Le abrazó y besó. Le hizo el amor en la bañera, dejando que el agua corriese entre sus cuerpos. Miguel jugaba con las grandes orejas de conejo que mantenía como única prenda cuando ella lanzó sus últimas preguntas.

-¿Eres un asesino?
-Sí
-¿Y te gusta lo que haces?
-Por supuesto.
-Me gusta…..

Comentarios

Entradas populares de este blog

Corona o Reino de Aragón

Ni Aragón, ni Cataluña, ni Valencia son entidades anteriores a la Edad Media. Hasta 1163, con Alfonso II, no se distinguirá entre reino y corona de Aragón. En la Corona tendrán cabida todos los reinos, condados y señoríos que guardan algún tipo de dependencia con el rey aragonés. Esta existencia de diversas entidades autónomas en muchos aspectos, solo es entendible desde la expansión territorial a costa de los reinos musulmanes del sur. En esa expansión los nobles irán recibiendo tierras y beneficios. Expansión que acabará chocando con la realizada por el condado catalán.

Con respecto a Cataluña, entrará a formar parte de la corona después del casamiento de Petronila (hija de Ramiro II de Aragón) con Ramón Berenguer IV, conde de Cataluña, quien, a pesar de ejercer como tal, no toma el título real.
Durante el siglo XIII la Corona de Aragón continúa con su política expansionista hacía el norte, pero tras el Tratado de Almizrad de 1244 y la derrota de Pedro el Católico en Muret, la ex…

Nihil cognitum quin praevolitum

Ando leyendo "Niebla" de Unamuno, y su frase Nihil cognitum quin praevolitum (Solo se conoce lo que se desea) me ha llamado la atención por la verdad que se esconde tras ella. Yo también, como don Miguel, creo que sólo el deseo nos hace crecer, conocer, amar, avanzar. Mientras que desear lo conocido nos convierte en conformistas estancados en nuestras vidas. Nos impide abrir nuestras mentes y mirar más allá de nuestros limites existenciales.
Desear algo, luchar por conseguirlo, o construirlo con tu propio sudor, es el verdadero motor del crecimiento humano. Y, cuando ya lo conoces y sabes si es lo que buscabas o no, hay que seguir adelante. Así, hasta el último día de nuestras vidas.
Sin pensar si lo alcanzado terminó en fracaso o triunfo ya que, cada deseo conocido, nos hará más ricos, sabios y. por tanto, mejores. Nos habrá obligado a avanzar conociendo nuevas metas, abriendo nuevos caminos. Así que, como Augusto, yo también me digo en mi vida Nihil cognitum quin praevoli…

Shutter Island

En febrero pasado acudí a ver “Shutter Island”, de Martín Scorsese y salí tan confuso que me dije a mí mismo que debía leer el libro de Dennis Lehane. Reconozco que conocía la obra de Lehane por la magnífica novela “Mystic River”, que llevase al cine Clint Eastwood sin alcanzar el nivel del libro, así que no me daba ningún miedo acercarme a “Shutter Island”. Las obras de Lehane están cargadas de pesimismo y de un halo de oscuridad que cubre la humanidad de las personas y que, les reconozco, me gusta en las novelas que leo. Así que, poco después de ver la película, me hice con la novela pero por esas manías que solemos tener los lectores no ha sido hasta ahora cuando la he leído.
Pensé que la novela podría solucionar algunas de las dudas que me había generado la brillante adaptación de Scorsese, pero todo lo contrario. La novela, aún más intrigante y enrevesada, parece mostrarnos que Teddy Daniels está cuerdo. Eso parece indicarnos todo. Cada paso dado, cada persona que habla con Teddy,…