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Etapas y metas

La vida, como la Vuelta a España, se compone de etapas. Naces en la salida y vas quemando días en la carretera, pedalada a pedalada, año a año, de tierno infante a decrepito anciano. Y en cada paso dado se va dejando atrás una etapa de la vida. La infancia, añorados años dorados donde las preocupaciones no existen más allá del sabor del caramelo. La adolescencia, niñez robada que transforma en adulto al niño. Niñez larga la vivida en mi adolescencia, para saltar a la madurez creída de la veintena y la vejez precoz de la treintena. Y en cada etapa, una etapa: el EGB, el BUP, la Universidad, los primeros trabajos, los años pasan y con cada año una nueva puerta, una nueva meta que cruzar antes de descansar ante el siguiente día, el siguiente año, la siguiente fotofinish.

Y en cada etapa, algunos se quedan atrás. Unos no logran subir los altos puertos que coronan las etapas reinas, otros caen en el llano en cualquier rotonda o cruce. Otros hacen el afilador y se llevan consigo a otros. Y todos ellos van quedando atrás, como recuerdos, cromos que nos muestran las fotos de lo que fueron, de lo que fuimos, de lo que hicimos, de lo que hicieron.

Etapas que se terminan dejando paso a otras nuevas. A veces felices finales, otros no tan alegres, pero todos abriendo al esperanza ante al nuevo camino mostrado.

Comentarios

Jose Joaquín ha dicho que…
¡Qué melancólicas palabras! Aunque siempre me ha parecido triste pensar que la gente se va quedando atrás. Prefiero pensar que todos tenemos diferentes metas, y en cada etapa nos separamos porque el final que buscamos no siempre es el mismo.

Madurar es, en definitiva, saber cuál es nuestro punto de llegada y arriesgarnos a encontrar el camino hacia él. Claro que es triste ver cómo los compañeros y compañeras van desapareciendo, pero es hermoso verles coger sus propias sendas.
Cathan Dursselev ha dicho que…
Pues sí, es bonito ver como cada uno va cambiando. Va colocandose, se casan, tienes niños, llegan las segundas generaciones, y tu sigues donde estabas jajaja

Aunque en el fondo yo tampoco estoy donde estaba. Casi, casi, pero no. Algo me he movido. Ya no soy el niño que se hartaba de caramelos, ahora prefiero el pollo 67, pero es complicado comprarlo en Cádiz...
Jose Joaquín ha dicho que…
Hombre, entre seguir igual y casarse, yo prefiero quedarme igual jajaja.

Oye, ¿lo del pollo 67 qué es? ¿es del mismo dueño que el vagi 96?
Cathan Dursselev ha dicho que…
El pollo 67 es un tipo de pollo cargado de especias y que se compra en las calles de Hyderabad. Dicen las malas lenguas -y hasta las buenas- que son capaces de comerse a las ratas sin problemas así que su ingestión -la del pollo que se come a la rata, se entiend- no es lo más recomendable.

Pero está buenisimo y uno acaba sin poder resistirse a comerlo una vez que lo ha probado.

Y sí, antes de boda ¡PIES QUIETOS!
Jose Joaquín ha dicho que…
A mí las ratas no me dan asco (cosas de vivir con un gato) sino los caracoles, así que creo que me comería con mucho gusto ese pollo.
Cathan Dursselev ha dicho que…
¡Y repetirías! te lo digo yo que lo he hecho... así vine más gordo de la India jajaja

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