De Muros y obras

El otro día se celebraba la caída del Muro de Berlín y, no sé porqué, paseando por las calles de Cádiz pensé que en nuestra pequeña urbe atlántica tamaña tropelía muristica jamás se hubiera llevado a cabo. O, al menos, no hubiese afectado a los de aquí. A los de allí puede, pero a los de aquí no. Lo pensaba mientras caminaba por el Campo del Sur, pegado al borde del mar, con otros de “aquí”, mientras, en el otro lado de la carretera caminaban los de “allí”, o los que no son de aquí, mejor dicho. Y una y otra vez mi mente se negaba a pensar que un simple murete detuviera a los de aquí a acudir a ver a otros de aquí. ¿Se imaginan en febrero?. Asaltarían el muro con el fin de llegar al Falla y al Carrusel de Coros. ¿o un domingo de fútbol? Todos asaltando las murallas con el carnet entre los dientes. Imposible. En Cádiz un muro jamás daría resultado.

A los de “allí” puede que si los frenará. Solo hay que verlos ahora. Caminando tristes por no ver el mar. Encerrados tras su verja. Tras esa reja de obra que protege la ídem. Mientras nosotros, los de aquí, caminamos tranquilamente a este lado de la reja. Sobre la obra. Porque, al fin y al cabo. ¿Las reglas no están para saltárselas? Pues las verjas, también. Y si no me creen den una vuelta estos días por el Campo del Sur gaditano y verán más gente tras la reja que obreros trabajando en la ciudad… por cierto, los obreros de esa obra ya no están. Solo quedan las rejas que impiden el acceso de los de “allí” al mar.

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