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Contento de seguir vivo

Cada uno de nosotros es lo que es gracias a su pasado. Todos tenemos recuerdos traumaticos en nuestras mentes que nos llevan a que hoy seamos como somos. Algunos dicen que soy petrarquistas, otros me llaman lugubre. Y tal vez lo sea, pero cuando ha mostrado tantos moratones como uno, al final, la muerte tiene que rondar por tu mente.

Y el primero de esos traumaticos recuerdos se produjo en una habitación de sobra conocida por mí. No sé cuantas horas no habre pasado entre aquellas cuatro paredes. Pero, sin duda, aquel día no lograré borrarlo de mi mente.

El Alemán había conseguido un nuevo juguete y quería enseñarmela. No recuerdo porque lo hizo, pero lo hizo. Estábamos allí, charlando tranquilamente. Creo que Cocom andaba con nosotros pero no lo puedo asegurar, las imágenes vienen a mí lentamente. El Alemán echaba mano al cajón y sacaba el arma. Una semiautomática negra, una Beretta tal vez. Me apuntó con ella y, sin mediar palabra, me disparó a bocajarro en el hombro. Aún hay veces que me duele aquel disparo.

Y no sé porqué hoy me da que pensar. Tal vez debiera haber cambiado de amigos. Porque hay amigos que te pueden hacer daño moral, y ese duele, pero a no ser que te lances por una ventana, no te matará. Pero ¿mis amigos? Echando la vista atrás el Alemán fue el primero en dispararme. Pero luego lo hizo el Charly con una escopeta, en ese suceso que les contaba la semana pasada junto a Ale, el Chino; que un par de años después me clavó una flecha en el pecho, y doy gracias de la distancia a la que me encontraba, porque aquel maldito arco largo de fresno es una de las armas más mortíferas que he visto. Junto a eso estuve a punto de ver como me destrozaba la cara Kong con un puñetazo brutal que hizo temblar las paredes del garaje de Cocom.

Así que, tal vez, en estos días pre-navideños, deba estar preocupado por los amigos que me tocaron tener pero, sobre todo, estar contento de continuar con vida y de que ninguna de esas armas fuera de fuego...

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