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VI El descubrimiento

Joan se frenó en seco. Observando a su amigo. No había caído en la cuenta de la transformación del chico hasta que la mirada de sus padres le mostraron la sorpresa por lo ocurrido. Jaume siempre había sido un chico delgaducho, blanquecino. El penúltimo al que elegir para formar equipo en cualquier juego, menos en el rol. Allí, Jaume, siempre encontraba compañeros prestos a formar grupos de combate. Lo observó con ojo critico, y vio como su amigo se había transformado sutilmente. Notó como se le tensaban los brazos al correr por la playa y la agilidad con la que saltó una piedra, justo en el momento en el que tropezaba y caía. Annet se paró, mostrándole la mano para ayudarlo a levantarse, con Ranye colocado sobre ellos, protegiendoles de cualquier posible ataque, mientras sus padres suspiraban aliviados al ver que la torpeza de Joan seguía patente y que el enorme animal se mostraba paternalista con Joan.

-¿Qué ha pasado?¿porqué no habéis venido a casa? Estábamos preocupados. Ninguno de vuestros amigos sabía nada de vosotros. Tenemos que irnos, ¡rápido!

La voz grave de Mayhu rompió las divagaciones de los padres de los tres chicos.

-Eso no será posible. No pueden abandonar su destino. El futuro de muchos seres depende de ellos. Deben luchar. Y lo harán.
-No son más que niños.
-Son el futuro de todos nosotros.
-Es mi hijo...
-Es el general Miros.

El atronador ruido de unos caños en la lejanía interrumpieron la discusión. Los ojos de todos vagaron por el horizonte, en busca del origen de aquel nuevo tormento. Jaume extendió el brazo, señalando el buque acorazado que navegaba en la lejanía. Un segundo cañón lanzó su salva al aire y la columna de agua se elevó cerca de la nada. Annet entornó los ojos, viendo sin comprender. Sin querer comprender que conocía aquello que nadaba en las aguas. Aquello que había provocado que la armada lanzase sus torpedos.

-Hemos de irnos. No solo Martons ha llegado a este mundo -Mayhu afirmó con la cabeza mientras Ranye se posicionaba en la orilla, cubriendo a los humanos- Tienes que irte, papá. Todos tenéis que iros. Ellos tienen razón. Somos quienes dicen que somos. No sé cómo hemos llegado a esto. Ni ellos, ni nosotros debiéramos existir en este mundo, no al menos como ahora existimos. Pero ha ocurrido. Marchaos. Nosotros debemos combatir.

Se posicionó junto a Rayne, con la mano apoyada en la inmensa pata del animal. Jaume, la miró incrédula antes de caminar hasta ella. Joan los miró, parado en la playa, mientras Jaume le lanzaba el palo que portaba.

-Eres quien eres, general. Debes estar presto a la batalla. Pronto tendrás un ejercito tras de ti. Así que preparate para la guerra.

-No soy ningún general.... no quiero esto -levantó la espada ante él y vio su reflejo en la blanca hoja. Camino con paso lento hasta sus amigos. Apoyó el arma en el suelo y retiró la mirada de sus padres, que corrían por la playa, alejándose, convencidos de que aquellos tres que dejaban en la fina arena no podían ser sus hijos.

Como sus hijos ya sabían que no eran quienes fueron.

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