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El juego de la silla

La música ha comenzado a sonar. Fito y su “Por la boca vive el pez”. Comienza el baile, y los bailarines giran entorno a la silla vacía. Para la música, nadie se sienta. Se levanta alguien. Vuelve a sonar la música. Todos giran otra vez. El hombre mayor que sonríe amable y divertido. La chica joven, morena, delgada y guapa. Viste vaqueros y una camiseta roja. También sonríe escuchando su música en el ipod. La mujer madura, que arrastra su carrito de la compra. Las dos francesas, que acaban de llegar al juego. Miran divertidas, sin entender. Todos al rededor de la silla vacía. Llega otro hombre mayor, con muleta. Mira la silla, pero no se sienta. El escalón sobre el que está no se lo permite. Pasa a mi lado mirando un sitio ocupado, esperando que la música vuelva a sonar. Pero el chico joven que está sentado no se levanta. Mira amenazador el azul cartel que hay bajo el asa. Mira al hombre, divertido. Sigue sonando la música. El asiento sigue libre. La francesa, se sienta. La mujer del carrito se va, ha llegado la parada de la plaza. El hombre mayor amable mira al joven que está sentado junto al cartel azul de minusválido. La chica pasa por mi lado, su música se cruza con la mía. Los dos escuchamos Marlango. Alguien le dice algo al joven sentado, reta con la mirada y los gestos. El hombre mayor de la muleta sigue su lento camino aprovechando la parada.

Al final, me bajo, y me doy cuenta de que hemos perdido el sentido al juego.Y que el "dos," ya no es lo que era.

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