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Una carretera para huir del mundo

Hacia mucho tiempo que un libro no lograba mantenerme pegado a sus páginas sin pestañear, pero la Carretera de Cormac McCarthy ha logrado que acompañe a sus protagonistas sin pausa alguna. Tanto que, ni tan siquiera, me ha permitido cambiar ese pequeño recuadro donde les informo de lo que ocupa mi tiempo lector en cada momento. Y es que el mundo apocalíptico donde se desarrolla la historia te lleva a querer saber más. Saber que ha ocurrido para que padre e hijo, protagonistas juntos al propio mundo, tengan que abandonar su vida y correr hacía el sur por un mundo cargado de ceniza. Un mundo sin color que parece indicar algún tipo de catástrofe no natural, que ha prendido fuego a todos los bosques del planeta y ha convertido el aire en irrespirable.

Pero la historia que narra Cormac, y que mereció un Pulitzer, no nos habla de esa catástrofe, nos habla de la lucha por la supervivencia de la humanidad, representada por un padre y su hijo, de los que no conocemos el nombre, y solo algunos rasgos físicos. No importa. Ambos representan una humanidad que, curiosamente, huye al sur en busca de una salvación. Curioso, porque tal vez sea el sur la salvación de nuestro propio mundo, sin daños irreparables aún.

“La Carretera” en un libro que no te deja respirar, con un lenguaje escueto, sin muchas riquezas ni decoraciones. Un tono que acompaña a los personajes en su huida y que te imbuye de una sensación de una imposible salvación. Tal vez sea así, no les contaré el final. Solo les digo algo que no suelo hacer: deben leerlo. Sus 209 paginas (en la edición de Debolsillo) no les dejaran indiferente jamás. Poco más puedo decirles, poco más puedo contarles. Hay mundos, como este libro, que deben conocerse en primera personas.

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